Capítulo ❱ 20

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El aroma a café amargo lograba que la habitación se sintiera más oscura de lo que era, era intimidante quedarse allí incluso si conocias bien a la persona que habitaba aquel lugar con tanta regularidad como lo haria el Mr. De Luque. Su escritorio estaba lleno de papeles a pilares, pero todo se mantenia en orden alfabético. Se incorporo en la silla estirando su pecho al aire y girando su cabeza ligeramente en movimientos circulares, llenando sus pulmones de aire.

Soltó un quejido de satisfacción al sentir su cuerpo relajarse después de encontrarse horas, incluso días, sentado dentras aquel escritorio lleno de papeles. Su vista estaba desenfocada de tanto estar detrás del monitor con tanta frecuentidad, añadiendo la falta de sueño.

Unos delicados y suaves golpes en la puerta de roble indicaron que alguien llamaba a la puerta, aclaro su garganta antes de pronunciar un adelante. La manecilla se escucho y llevo unicamente su mirada hacia la puerta donde pudo apreciar la silueta de su querida mujer, volvió a tomar aire por la nariz y se incorporó quedando recargado en la silla.

Los tacones retumbaron por toda la habitación en cada paso de que daba.

Cielo, tenemos un problema ─. La atención se posiciono sobre ella junto y a la par su vista, ladeo la cabeza formando una mueca.

─ No me digas cielo, Samuel no está aqui ─. La chica rodeo los ojos molesta, cruzando sus brazos bajo su pecho con indignacion. 

─ ¿No querías que esto se viera normal? te estoy tratando como pediste ─. La mirada desafiante del pelinegro la hizo sentir nerviosa, aclarando su garganta. ─ Es sobre el chico al que vendiste las veintitres armas de fuego, al parecer fue detenido.

Suspiro pesado y dio un golpe en el escritorio con molestia y enojo bastante notorio. Se inclino mejor quedando sentado rectamente, mordiendo su labio inferior ante la idea.

─ ¿No dijo nada de mi, verdad? ─. Se cuestiona el hombre, sus expresiones eran fuertes y duras, sus orbes oscuros se miraban profundamente intensos: eso inquietaba bastante a la chica castaña, porque toda la atencion de esos ojos estaba sobre ella únicamente.

─ Por suerte no, su jefe no lo dejo hablar o lo mataria el mismo ─. Desvío la mirada del mayor frente de ella, escuchando un suspiro de alivio salir de sus labios. Era tan irritable, pero la paga que obtenia diariamente era incomparable.

─ Imagino que querran otro aquete, ¿no? ─. Recibio un movimiento de cabeza de afirmacion.

─ Asi es, lo quieren en menos de un mes, cari.. ─. Cubrio su boca con su fina y delgada mano. ─ Disculpe, es la costumbre que obtuve durante este tiempo.

─ No tienes derecho a llamarme asi por privado ─. Menciona seco. ─ Toma asiento, necesito que me ayudes con la informacion sobre el nuevo chico que ira a recoger la nueva mercancia 

La chica tomo asiento en uno de las dos sillas rojas frente al escriorio, observando detalladamente al hombre. Tenia su vista fija en la pantalla y su mandibula apretada, formo una sonrisa desviando la mirada por la habitacion teniendo un recuerdo vago que llego a su mente.

─ ¿Y los Doblas? ─. Preguntó inocente. ─Hace tiempo no los veo, digo, me caían muy bien de lo poco que los conocí ─. Cruza sus piernas y arregla el vestido negro que tenia puesto, sacudio suave su cabeza para sacar el mechon de cabello de su rostro, notando lo tenso que se habia puesto su querido esposo.

─ No vuelvas hablar de esos imbeciles, Alyssa ─. Golpeo la madera con su puño haciendo a la chica reir bajo, incorporandose en aquella silla mientras un dedo era enrredado en sus finos cabellos.

Compartieron miradas desafiantes el uno al otro, Alyssa tenia una sonrisa ladina y burlana en su rostro, y el señor De Luque tenia los ojos llenos de furia, odio, y podia notar que podria golpear a alguien si seguia mencionando una palabra más.

Pero no se detuvo, ni un poco. ─ ¿Qué diría tu querida Janette con esto? ─. Se inclino hacia el escritorio, mirando fijamente al contrario. ─ Ella se hubiera sentido mal, ¡no! incluso mejor, decepcionada y traicionada. Y todo por tus estupidos sentimientos, con su suerte no logro darse cuenta sola. Nos abandono sin siquiera saber que su querido esposo, estaba enamorado de su mejor amigo por mucho tiempo ─. Sonrío, viendo como el mayor se ponia de pie bruscamente. ─ ¿o estoy equivocada?

─ Solo fuimos amigos, eso es todo, nunca sentiria algo por un hombre ─. Asqueo ante la idea, pero la contraria arqueo una ceja. ─ Los Doblas fueron nuestros mejores amigos de secundaria hasta tener el trabajo que tenemos ahora.. pero son unos imbeciles que resultaron ser como todos.

─ ¿Ah si? ¿Y Ruben? Le tenias un aprecio gigante al chiquillo, era como tu hijo ─. Noto la tensión sobre De Luque, quién desvio la mirada apretando la mandibula y dientes. ─ Solo por que una sirvienta lo viera tan cerca de tu hijo, ¿eso basto para mentirles? 

─ No sabes lo que dices, Alyssa.

─ ¿Que no? es normal que te enojaras bastante para romper una amistad de veinte años? pudo ser cualquier cosa pero justo le creiste a la chica que no conocias de absolutamente nada que a tu hijo ─. Hablo fuerte. ─ Lo peor, es que solo los separaste porque según se estaban besando.

─ No iba a dejar que mi hijo fuera uno de.. esos.

─ ¿Lo dices tu con cuál derecho? ─. Le cuestionó, volviendo hablar antes de que pudiera pronunciar una palabra, ocasionando irritación De Luque. ─ Le mentiste, diciendo palabras que del pequeño Rubén no saldrían en ningún momento.

─ Era mejor mentirles siendo pequeños, todo cuela facil ─. Se excusó intentando terminar la conversacion, era incómoda, pero la chica se nego a parar o siquiera callarse un puto mes.

─ Que manipulador eres, por eso Janette me hablaba maravillas de ti ─. Se soltó a reir y el hombre presiono sus labios con fuerza, maldiciendo. ─ Ella te amaba de verdad, quizás no mentía en absoluto, seguro ni ella entendió porque se alejaron de los Doblas.

─ Ella no lo cuestionó en ningún momento.

─ No lo hizo en voz alta ─. Corrige. ─ Pero le quitaste a su alma de vida, su mejor amiga, Aranxta. ¿Crees que lo dejaría pasar? Equivocado, pero tampoco podias decirle que no querías que tu hijo pudiera vivir la vida que tu no lograste conseguir, admitelo ─. No pudo y tomo el cuello de la chica con fuerza en un movimiento rápido, conectanto miradas. 

─ Te pago para que parezcas mi esposa, no para que me tires mierda encima como lo zorra que eres, ¿escuchaste? ─. Amenaza con un tono fuerte y duro que la chica solo se limito a asentir, escuchando unos golpes en la puerta causando que la suelte de inmediato arreglando su vestido y cabello.

─ Adelante ─. Respondio el cabellos oscuros dejando ver a unos de sus trabajadores aparecer por el marco de la puerta, saludando.

─ Señor y Señora De Luque, disculpen mis molestas, pero los pedidos estan aquí y quieren ver a su esposo ─. Se miran entre si y traga saliva asintiendo, aún con la tensión entre ellos.

─ Voy en camino, hablamos luego ─. Se despide de su esposa antes de salir por las puertas, dejando al chico de orbes claros.

─ Hasta luego, Janette ─. Hace una reverencia y cierra la puerta, saliendo en camino hasta donde se encontraban los paquetes.

La castaña sonrió una vez la puerta fue cerrada, observando la oficina alrededor con una sonrisa ladina.

─ Samuel sabrá la verdad, y Rubén también, mi querido esposo.

─ Samuel sabrá la verdad, y Rubén también, mi querido esposo

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strange boys ❀ rubegetta Donde viven las historias. Descúbrelo ahora