CPÍTULO 2

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El fresco aire de finales de septiembre chocaba contra la cara de Hope con delicadeza, moviendo su cabello a su ritmo, al mismo tiempo que el sonido de las hojas caídas de los arboles mientras corrían por el pavimento llegaba a sus oídos. Su madre se había quedado en el carro, sabiendo que esto era algo que Hope debía enfrentar sola sin importar cuanto odiaría hacerlo.

Con un firme agarre, ella abrió la puerta del edificio de más de ochenta pisos de Destinos Encontrados y entró. Jamás había lo había hecho. Hope sabía que muchos de sus amigos y conocidos iban allí de vez en cuando para tomar uno de los tours que ofrecía la empresa por la galería de fotos de personas famosas e importantes que la aplicación había unido en un amor eterno. Hope siempre había encontrado la forma de declinar la invitación siempre que ésta tocaba en su puerta. Sin embargo, hoy no era uno de esos días en los cuales con solo darle la espalda al asunto, se iría. La obligación de esperar en el lobby que tenía tres candelabros colgando del techo no se desvanecería en la oscuridad de la noche.

Ella sabía muy bien a lo que iba a ese lugar, por lo cual no se molestaba tanto en admirar como las paredes eran cubiertas por un blanco mármol y el aire olía a promesas y risas. Hope sacó su celular de su saco color café, no sorprendiéndose en lo más mínimo cuando la aplicación que había desinstalado la noche anterior volvía a estar al lado del icono de fotos.

A su alrededor, personas que tenían la misma edad y fecha de cumpleaños que ella—26 de septiembre—muy apenas podían contener su emoción al saber que dentro de los próximos diez minutos por fin conocerían en persona a la persona ideal antes de que se les entregara una dirección y una llave.

Hope sintió envidia en ese momento—al ver como chicas y chicos buscaban con esperanza alrededor del cuarto. Ella quería sentir la misma emoción, ese mismo sentimiento cálido que intoxicara sus venas y tuviera su corazón latiendo con velocidad en su pecho.

Cerró sus ojos cuando se dio cuenta que era su turno. Ella había repasado lo que le iba a decir a la chica de cabello morado que la esperaba con una sonrisa en los labios. Joder, Hope hasta había hecho un documento en Word para poder ordenar sus ideas y poder decir de la mejor manera que estaba realmente agradecida por haber encontrado a su "alma gemela", pero que él estaba enamorado de alguien más y que ella prefería dejar pasar la oportunidad de conocerlo.

¿Cómo se podía amar a alguien cuando no tenías otra opción, cuando te obligaban a estar el resto de tu vida con una persona que tú no habías elegido?

El amor se trataba de libertad, de elección. De no ser así, no era amor.

—¡Felicidades!—la chica la felicitó, poniendo cada pizca de entusiasmo que había en su cuerpo en esa sola palabra.

Hope sentía todo lo contrario en ese momento.

—Gracias—forzó una sonrisa en su cara—. Vengo a...— tomó aire, permitiendo que su pecho subiera y bajara en el proceso—. La persona que me indicó la aplicación es una opción equivocada.

Listo.

Lo había dicho, la verdad había salido al mundo exterior.

En la cara de la chica de cabello morado se formó un definido ceño fruncido, sus cejas justándose y su boca volviéndose una fina línea. Hope sintió la persona a sus espaldas tensarse al escuchar lo que ella acababa de decir.

—La aplicación no comete errores—su voz sonó segura, firme.

Hope quería reír. Claro que la maldita aplicación cometía errores. Hasta donde todos sabían, las parejas se formaban a través de computadoras; de un equipo sin emociones o pensamiento propio. Puede que al momento de hacer cuentas u otro tipo de tareas, las computadoras dieran un resultado perfecto, pero una maquina no podía ser capaz de conocer los gustos de los humanos. Ese sentimiento de saber que habías encontrado al indicado porque los mismísimos arboles te susurraban dulcemente al oído que tú búsqueda por tu compañero de vida había terminado no es algo que la tecnología pudiera brindar.

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