Enero 18-2016
Atlas Blair.
Lunes por las mañanas; todos los odiabamos, bueno al menos yo los odiaba, siempre sentí que el lunes era el peor día de mi vida, era el día donde empezaba la rutina y ¿Quién no odia las rutinas? Los fin de semana al menos podía hacer otras cosas. Aún así, allí estaba, un lunes por la mañana soñando con mi muerte o algo no tan radical... Salir de ReadCaminaba a paso lento, para tardar más en llegar, veía como caían de los árboles sus hojas, algunas verdes, otras marrones, el azul de el cielo, la belleza de la naturaleza. Me gustaba observar. Cuando ves con meditación, ves más que otros. Y ahí estaba ella, hermosa, cabellos marrón, ojos avellana. Todo en ella indicaba belleza, por todos los lugares que la vieras. Me miró y sus comisuras se alzaron un poco y aún así, cuando todo en ella era un imán para mí y todo lo que yo representaba seguí caminando.
De nuevo me encontraba en la puerta del instituto de Read, yo lo definía como un infierno para aquel que no sabía posicionarse como el diablo. Tome un profundo respiro y entré.
La misma rutina desde que había llegado a esa mierda, las misma personas, los mismo cuentos; Read era un pueblo monótono e insignificante.
Caminar por aquellos pasillos me sofocaba, estresaba, dañaba, me hacía de todos. Los adolescentes aquí eran crueles, era una mala película de Hollywood.
Miranda tocó mi hombro y respire tan hondo que por poco mis pulmones explotan, de tanto aire contenido ¡Señor si estás ahí dame paciencia! Es lo único que pedía.-¿Te asusté?- giré encontrando los ojos azules de Miranda Soublette.
- No, no lo hiciste- replique-¿ Que haces aquí?
- Quería ver si me dejabas acompañarte a clases.
-Humm, no, mejor no, Nick me está esperando.- Y salí de ahí a paso apresurado.
Me liberé de ella, pero por poco. Miranda Soublette, tan hermosa como mala, le gustaba humillar a quién no fuese como ella. Se podía decir también que escondía muchos secretos, por ejemplo: nadie sabía dónde vivía, nadie sabía su segundo apellido y nadie conocía a ningún miembro de la familia. Sí, esa rubia de metro setenta escondía muchos secretos.
Camine hacia Nickolas y lo tome del hombro llevándolo al aula de clases.
- ¿Sabes que no iba a entrar y ahora por tu culpa lo tengo que hacer?
-¿Cómo planeas graduarte?.
-Con ayuda de Dios, claro. No todos somos tan inteligentes como tú-. Replicó en broma, pero yo sentía que no era tan en broma.
Seguimos caminando hacia las mesa-sillas y nos sentamos, gire mi cabeza y ahí estaba ella, pobre, dónde vino a terminar.
-Buenos días alumnos-. Todos se levantaron menos el payaso de Nick, así que como buen mejor amigo le dí un golpe en la nuca para que se levantará.
-¡Auch! Cabrón.
-¿Pasa algo Nickolas? ¿O deseas salir del salón?
-Seeh, cómo que deseo irme del salón Señor Armando-. Recogió sus cosas y se fue ¡Se fue! Solo se fue.
-Bueno ya que se ha salido Nickolas sigamos con la presentación de la Señorita Aurora Reid.
Aurora se levantó lentamente, sus mejillas pálidas se convirtiendo en carmesí, se veía hermosa, muy hermosa, sus labios se alzaban delicadamente mientras hablaba, sus manos se movían con nerviosismo. Sus ojos veían todas la estancia hasta que chocaron con mis ojos y se quedaron ahí por unos largos segundos, quizás sintió la misma electricidad que yo, esa que me condenó, o por mis extraños ojos, pero sabía, por algún extraño presentimiento que esa no sería la única vez que sus ojos se quedarían prendados de los míos. Por qué hay almas que están destinadas, y las nuestras, más que destinadas, estaban condenadas. Condenadas en secretos, dolor, humillaciones y un pasado.
****
Al salir pasillo ví a Nick tomando unos pinceles y témperas.- ¿A dónde vas?
- Al salón de arte ¿Y tú?- preguntó con genuina curiosidad , es que ¿Acaso no sé sabía su jodido horario?
-Ahm, no sé, quizás a lanzarme de un puente, después de clase de ¡Matemáticas!- hice énfasis en la palabra " matemáticas" y use mucho sarcasmo, obvio algo que el notó e ignoró.
- Que te vaya bien cielito lindo de mi corazón.
Se fue caminando al salón de arte, cómo si nada, cómo si no tuviera un promedio que mantener y aunque ustedes no lo crean él tiene un promedio alto, no sé si por brujería o por qué hizo un trato con el diablo, no lo sé, pero lo tiene. Pero pregúntale cuanto es 7×6, y no te va a contestar pero pregúntale cómo llego el francés a Francia y te lo va decir.
No todos somos buenos en lo mismo, hay mucho tipos de inteligencia y eso está bien.
Caminando hacia el salón pude ver a Miranda discutiendo con un tipo, se veía muy acalorados y me fui acercando lentamente, el muy perro la había golpeado e ido.
- ¿Miranda? ¿Estás bien?- pregunté con pena.
- ¡Oh! Hola Atlas, si estoy bien, gracias pro preguntar.- Su voz se rompió un poco pero se recuperó muy rápido.
- Ven conmigo, déjame curar tus heridas por favor, déjame hacerlos.
-¿Por qué?- preguntó recelosa de mi mano extendida.
- Porque no quiero que el golpe se hinche y además quiero ayudarte.
Miranda tomo mi mano y ambos caminamos a la enfermería. Al llegar la senté en la camilla y busqué a la enfermera, cómo no estaba tomé el botiquín y empecé a limpiar sus heridas lentamente, en un momento a otro rompió a llorar, en silencio, lloro un rato largo y luego me miró y sus comisuras se torcierón en una sonrisa triste.
-Gracias.
- No es nada, ratoncita.
-¿Ratoncita?- empezando a reírse de mi estúpido apodo, pero su sonrisa era hermosa, ella era realmente hermosa, muy hermosa, pero sus risas escondían dolor, cómo la mía, y quizás, esa fue la sonrisa que nos condenado.
-Es estúpido, lo sé, pero tú nariz se mueve como un ratoncito de Angelina bailarina.
-¿Aún te acuerdas de eso?- se reía fuerte por mi cometarios estúpidos y yo me empecé a reír con ella.
Por qué aunque en su momento no nos dimos cuenta, nuestras almas estaban destinadas, más que destinadas, condenadas, más que condenadas destruidas.
Ella me beso, sus labios ( a diferencia de los míos) estaban suaves, muy suaves, y los míos agrietados, rotos, la ansiedad me hacía morderlos.
Me separé de ella, por qué no era justo.- Los siento- salió de ahí y yo tomé mi cabeza entre mis manos me revolví mucho más el cabello.
-¿Por qué me besaste Miranda?- Pregunté a la nada misma. Pero el destino me contestó, tarde, pero lo hizo.
Salí de aquella sala con la misma electricidad que sentí con sus ojos, pero esa vez con sus labios " ¿Qué te pasa Atlas" me pregunté en aquel momento, iba tan distraído que no me dí cuenta que choque con el chico que había golpeado a Miranda.
Ese que un días después amaneció muerto, mutilado y con signos de torturas. Pero ¿Quién fué? ¿Quién lo hizo ? ¿Cuándo? ¿En que momento de la noche?
Él fue el primero, pero no el último. Apartir de ahí todos comenzaron a caer como domino; uno de tras de otro, con las mismas marcas de tortura y todos tenía que ver con ella; Con Miranda Soublette.
Nota de Atlas Blair: No padre, ella no fue la asesina pero fue la detonación, quédate hasta el final. Te juro que te sorprenderá.
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El diario de Atlas Blair
Misterio / SuspensoMuertos, asesinos, víctimas, secretos, obsesión y un amor enfermizo. El pueblo Read esconde secretos. Todos son monstruos, todos están locos porque aparentan cordura.