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-Señor, no puede entrar ahí con la niña.

-Necesito entrar. No puedo dejarlo solo...

- ¿Papá? ¿Qué pasa?

La pequeña Morgan no tenía ni la menor idea de lo que estaba sucediendo. Estaba asustada. Preocupada. Nunca había visto a su papá así. Él le había dicho que darían un pequeño viaje en auto, pero ahora estaban en un lugar que ella no conocía. Miro su alrededor con curiosidad y hasta algo de miedo. Las paredes eran blancas y había otras personas. Los otros presentes les miraban con atención. Ella solo quería esconderse en el pecho de su padre rogando volver a aparecer en su habitación, en su cómoda cama.

Tony había entrado haciendo un alboroto. Estaciono el auto rápidamente, saco a la niña y, nuevamente, abrazándola a hacia sí mismo camino con velocidad a la puerta del hospital. Unos segundos antes, habían bajado a Peter de la ambulancia. El chico iba en una camilla con algunos aparatos encima. A su lado cuatro personas, entre atendiéndolo y llevando la camilla. Tony intento seguirlos de cerca pero había demorado desatando a su hija, por lo que iba más atrás. Se sentía torpe e inútil. No podía hacer nada para cambiar lo que ya había sucedido, por lo que quería asegurarse de que todo lo que pasara de ahora en adelante saliera bien, o por lo menos estar ahí.

Las personas que llevaban a al joven de cabellos color miel traspasaron una puerta a la que al mayor no le dieron acceso. Un enfermero se paró frente a esta, con las manos hacia él deteniéndolo.

La cabeza de Tony daba vueltas. Le estaba entrando una migraña. Tenía la respiración agitada y, inútilmente, aun intentaba pasar al joven enfermero que lo detenía.

- ¡Es mi hijo! ¡Necesito pasar con él!

-Señor, Por favor tranquilícese. -Volvió a repetir el enfermero con voz amable. -No puede pasar con la niña.

-Necesito...

- ¡Señor no puede! -Esta vez su voz fue mucho más autoritaria, logrando sacar al mayor de su transe.

- ¿Papi?

El castaño apoyo su mano en la cabeza de Morgan mientras bajaba su mirada hacia ella. Al ver los ojos llorosos de la niña se dio cuenta de que estaba haciendo un alboroto, un gran espectáculo. Solo esperaba eso no terminara en las noticias. Ya tenía suficiente, como para también preocuparse de los medios y su imagen. En ese momento solo le importaba su familia.

Abrió la boca con la intención de decir algo, disculparse tal vez, pero no tenía la menor idea de que decir o hacer. Morgan estaba asustada, podía verse en sus ojos.

- ¿Señor Stark...? Yo me puedo quedar con ella.

Había olvidado a la chica.

Gracias a ella Peter estaba en el hospital.

El mayor abrazo a su hija más hacia su pecho. No la conocía, solo había escuchado a Peter múltiples veces hablando de ella. El chico quería presentársela pero nunca llegó el momento. Tony era casi de la misma estatura que la chica, quizás ella era algo más alta. Pero de todas maneras, la de cabello rizado encontraba su presencia algo intimidante. Lo habían visto miles de veces en la televisión, en internet y revistas, pero nunca cara a cara. Sabía que Peter quería que se conocieran. Ninguno de los dos imagino que así sería su primer encuentro. Nadie quiere que así sea un primer encuentro. No sabían nada del otro pero tenían algo en común. Algo que era muy importante para ambos. Peter.

El hombre después de dudarlo unos segundos alejo a su hija de si y le dijo:

-Quédate con... con Michelle. No pasa nada ¿sí? Yo solo necesito ir a acompañar a Peter. Quizás me demore pero ella te cuidara.

Solo me quiero ir, Señor Stark. - Peter Parker AngstDonde viven las historias. Descúbrelo ahora