(chape...💋)

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OPHELIA ANDERSON
(capítulo editado)

- Esto no se ve seguro - murmuré, viendo aquel juego.

Una tuerca cayó en mi cabeza por lo que Kusuo y yo nos miramos al mismo tiempo.

- Deberíamos irnos - dijo, asentí dándole la razón.

El camino había sido algo difícil, por difícil me refiero a… viajar con una chica drogada.

Lo bueno de todo esto, es que debido a que el viaje es largo, los síntomas de la droga que me metí ayer por accidente, ahora ya no estaban.

Dejando eso de lado, justo ahora estamos en un "parque de diversiones" se supone que es el mismo al que nuestras madres venian juntas.

El sonido de una campana captó mi atención - ¡Mira, Kusuo! - señale y el miró - algodones de azúcar.

- Que bien - murmuró con desinterés.

- No seas aguado - lo tome por el brazo, sacudiendo todo su cuerpo - vamos por uno.

- No.

- ¿Cómo de que no? - lo jale conmigo, una vez frente a los algodones de azúcar, logré ver una cucaracha en uno de esto.

- ¿Aún así quieres uno? - pregunto, viéndome de reojo.

- ¿Sabes que? - inhale con fuerza - mi dentista dijo que si como mucha azúcar se me van a caer los dientes.

- Eso es un no - me jalo junto a el, ambos regresamos con los demás.

- ¿De dónde vienen? - pregunto mi abuela.

- Ibamos a comprar un algodón de azúcar - expliqué - pero dudo que cumplan con todos los requisitos de salubridad.

Mi abuela río - ¿Quieres subir conmigo a la montaña rusa? - me preguntó.

Abuelita, con todo respeto, le podría dar un infarto subida en esa cosa.

- No me gustan mucho las alturas - mentí.

- ¿Que paso con la rata gigante? - pregunto Kusuo.

- ¿Cuál rata? - pregunto mi abuela, con clara confusión.

- No le digas así - dejé un golpecito en el brazo de Kusuo, tome mi mochila, la cual estaba en la espalda de Kusuo.

Porque yo lo había obligado a usarla.

Saque al animal que se encontraba en esta - Toma, abuela - le extendí al huron - es para ti.

Ella sonrió encantada - Es muy lindo.

No tan lindo como Kusuo.

"-Deja de pensar en mi." escuché la voz de Kusuo en mi cabeza.

Sonreí divertida.

(...)

Estábamos en una parte de el parque algo alejada.

El padre de Kusuo y su abuelo estaban buscando cariños por parte de sus esposas, mientras que mi abuela estaba hablando con el señor de los algodones de azúcar.

- Oye, bichito.

- ¿Que?

- ¿Te puedo dar un beso?

- No - dijo, continuó comiendo una gelatina de café.

Sepa la bola de dónde la saco.

- Bien… entonces ya no preguntaré - aleje la cuchara que estaba a punto de meter a su boca.

Lo tome por el cuello de la ropa y lo jale hacia mi.

Sus labios chocaron con los míos, comencé a mover mis labios con un poco de ritmo.

Después nos separamos y le sonreí ampliamente.

- Vamos, bichito - comencé a caminar hacia los demás, quienes ya se iban.

En el camino me encontré a mi abuela que me miró pícara.

- Alto chape le metiste - dijo mi abuela sonriendo divertida - supongo que viene de familia el dar buenos chapes.

¿Que dijo?

- ¿A- abuela? - la impresión era mucha.

- No creerás que tú abuelo estaba conmigo solo por mi comida, ¿o si?

Estado: traumatizada ✋😔

- ¿Sabes dónde está mi mamá, abuela?

- Creo que olvidó algo en el auto - dijo restándole importancia.

- Ah, no pues gracias por la información.

- Ese chico Kusuo… ¿ustedes tienen algo?

- No, es decir… a veces nos besamos.

Mi abuela me miró con ternura - ¿El te gusta?

- Me encanta - respondí, mi abuela sonrió mirando algo detrás de mi.

- ¿Te encantó? - la voz de Kusuo a mis espaldas me hizo sonreír con diversión.

- ¿No te lo había dicho ya? - alcé una ceja.

- Iugh - escuché por parte de mi abuela - estos adolescente de hoy en día, coquetean cada respiran.

Sin más se fue, yo me reí sin despegar mi mirada de Kusuo.

(...)

- ¿The promised neverland?

- Lo leí.

- Oh, la trama es genial - sonreí con diversión - por trama me refiero a Ray.

- Solo es inteligente.

- Y guapo, al igual que el capitán Levi - argumenté - no olvidemos a Shoto.

El frunció el seño - Debe ser coincidencia.

- ¿Que debe de ser coincidencia?

- Tus gustos… ¿no te has dado cuenta?

Mis gustos… oh, diablos.

Me gustan los chicos que no me darían ni la hora.

- Tus gustos son raros.

- Tu no eres raro, aún así  me gustas - sonreí y me acerque a él dándole un ligero empujón.

(...)

Ya era de noche, no podía dormir por lo que solo miraba el techo.

- ¿Por qué siento tanta atracción hacia los hombres serios? - lo pensé un momento - tal vez es el echo de que siempre tienen mala cara.

Lo volví a pensar un momento - O el echo de que se ven rudos. Ay, no se.

"- ¡Duérmete!" solté un grito del susto, asentí frenéticamente.

- Espera un momento… - lo analice.

La telepatía de Kusuo tiene un límite de ciertos metros.

"- ¿Que haces cerca de mi casa?"

"- Pensar"

"- ¿Te estás cuestionando tu propia existencia?"

"- No"

"- Yo si"

"- A"

Ya no conseguí que la conversación avanzará más por lo que simplemente me dormí.

Tengo la ligera sospecha, de que esto último solo es relleno por parte de la escritora para que el capítulo no estuviera tan corto.

De echo tengo la certeza de que solo es relleno.

OPHELIA | Saiki Kusuo.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora