Marco me había recogido después del arranque de locura, ahora habitual en mí. Por supuesto, me había regañado como mi padre lo hubiese hecho y me había dejado en caso haciéndole promete que intentaría mejorar mi relación con Charly.
Todo era más fácil sin los otros dos entre nosotros. Cualquier charla resultaba más genuina sin Marco y su representante de por medio.
En dos días teníamos que caminar por una alfombra roja juntos. Y ni siquiera podíamos permanecer en el mismo lugar más de diez minutos, él sin despreciarme y yo sin llorar.
Genial.
Me encerré en mi habitación casi rogándole a mi amiga que no me interrumpiera, ni siquiera por un incendio en el edificio. No tenía ganas de hablar ni relacionarme con nadie.
Dormí por un millón de horas.
Abrí los ojos sin entender a qué dimensión permanecía. Manoteé mi celular de la de luz y me desperté con el.
Revisé mi e-mail. Me habían enviado las últimas fotos que había realizado para una campaña de jeans. Me distraje editando una para subir a mi Instagram. Había dejado atrás las redes sociales, y se sentía genial.
Subida con éxito.
Apreté el único botón para echarle un vistazo a mí estúpida y favorita página de chismes.
Las fotos de él saliendo del local aparecieron en la primera página. Su rostro estaba relajado. Me desespere un poco al pensar que, quizá, me habían fotografiado a mí corriendo por ahí. Me relajé cuando vi que afuera era casi de noche. Arquee una ceja, ¿había pasado el día en esa zona?.
Una puntada atravesó mi corazón cuando vi a Gema a su lado. Comencé a pasar las fotos.
Él estaba feliz.
No podía dejar de mirarla con una sonrisa en su rostro. En serio, parecía que se le iban a salir los dientes si no dejaba de abrir su boca.
Una mezcla de sentimientos me envolvió de repente. Básicamente, porque sentí una increíble envidia hacia esa rubia, a la que él miraba de esa forma. Sin embargo, no era una envidia mala.
Me daba envidia lo feliz que parecía con ella. Lo que parecía disfrutar su compañía. Me daba envidia la forma en la que ella lograba que él sonriera. Me mataba lo cómodo y radiante que Charly estaba a su lado.
Y me era imposible no compararme con ella.
¿Qué le había dado yo las últimas semanas a él? Solo dolores de cabeza, sufrimiento y preocupación.
Ella era sus sonrisas. Yo era su rostro fruncido. Ella era relajación. Yo era incomodidad.
Arroje el celular al otro lado de la cama.
Iba a intentar despejar mi mente cuando unos golpes en mi puerta me sobresaltaron.
— Catalina, te dije que no quería hablar con nadie – grité y mi voz se quebró.
Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba al borde del llanto. Cerré los ojos. Golpeo la puerta una vez más. Me levanté de la cama con fuerza para agarrar el picaporte y abrirla.
Me paralice.
— ¿Q-que haces acá? – tartamudee.
El permaneció quieto frente a mí. Parecía tan sorprendido de verme como yo a él.
— Yo... te traje algo – dijo y estiró una bolsa negra.
Arquee una ceja mientras la tomaba. Charly aclaró su garganta antes de mirar al piso.
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Fake
Fiksi PenggemarAmbos luchaban por lo mismo, aunque algo los diferenciaba: Él tenía el mundo a sus pies. Ella luchaba por tener el mundo a sus pies. Adaptación, hay tantas versiones gente, que no se cual es la original. Pero créditos a la/el/elle autorx original.
