EL TRATO

682 19 4
                                    

Los 2 quedaron impresionados, todas las ratas le hacían caso al escuálido chico.

—O-oye... no queríamos molestarte —dijo Darío—, solo pasábamos por aquí para escapar de unas personas que nos perseguían.

Karina asentía temblorosamente con la cabeza.

—E...es cierto, nos... nosotros bu... buscábamos una salida —afirmaba Karina tartamudeando

El muchacho le preguntó a una de sus ratas que es lo que había pasado, el roedor sólo hacía chillidos que al parecer tenían un significado para él.

—Eh?... Que dices?... —el chico escuchaba a la rata que estaba en su hombro— Que estos 2 les hicieron daño?... Vaya, eso sí es una falta grave.

—Les ofrecimos un cuerpo a tus ratas, pregúntale eso! —exclamó Darío

—Eso es cierto? —le preguntó a la rata

Los chillidos de la rata mientras el chico se les quedaba mirando los ponía nerviosos.

—Se... seguro está loco... —susurró Karina— es... es imposible hablar con ratas... —ella voltea a ver a Darío— Da... Darío lo siento... pe... pero... No pienso quedarme aquí...

—Karina espera... —le susurró Darío—. Si existe una chica capaz de comer personas enteras... No me sorprendería ver a este sujeto hablar con ratas.

Karina suspiró y trató de calmarse.

—Carajo... No me gusta como nos mira. —dijo Karina

El señor de las ratas les clavaba una mirada profunda y amenazante. La rata dejó de hacer chillidos y el muchacho les da su respuesta.

—Ey... —dijo el señor de las ratas—Acá mi querida amiga me dice que fueron amables con ellas. Así que sólo por eso... los dejaré irse.


Karina agarra a Darío de la cabeza y lo obliga a postrarse ante el chico.


—Gracias! gracias! gracias! —repetía Karina—. No volveremos a pasar por aquí, ahora nos marcharemos.

Las ratas les abren paso. Karina carga a Darío en su espalda y pasa a través de los roedores.


—Si buscan una salida —dijo el chico—, cualquier escalera roja los llevará a la superficie.


Karina caminó sin decir nada, no volteó en ningún momento, ella seguía perturbada por lo acontecido.
Luego de caminar durante unos minutos, hallaron una escalera que los llevaba arriba.

—Ya suéltate imbécil! —dijo Karina— Para colmo que casi morimos por tu culpa y que me dispararan en el brazo, que por cierto necesitaré devorar a alguien para sanarme, ahora me haces que te cargue como mula!

—Pues tu fuiste la que paralizó mis piernas! Y segundo, de no ser por mí ya te habrían atrapado esos hombres de negro! —Darío se detuvo a pensar— Oye... ¿Quiénes eran ellos y por qué te buscaban?

—Eso no es de tu incumbencia. —respondió Karina


Karina subió las escaleras con Darío en su espalda, para ella no era tan complicado porque tenía bastante fuerza. Entonces remueve la tapa de alcantarilla y logran salir. Cuando salieron de allí se encontraban en medio de una calle, la gente que pasaba por ahí quedaron sorprendidos cuando los vieron salir de ahí. Rápidamente Karina se mete a un callejón para esconderse de la gente. Estando allí, Darío se suelta y cae al piso.

—Haaaah... Haaah... —suspiraba Karina exhausta— Ahora si me las vas a pagar imbécil...


Karina lo agarra a Darío de los hombros y lo pega contra la pared, entonces ella abre lentamente su gran mandíbula para tragarselo.

—¿¡Enserio piensas comerme luego de lo que acaba de pasar!? Karina...!


Ella parecía no escucharlo, su boca se acercaba más a él.


—Puede que esos hombres vuelvan a venir por ti, y si eso llegara a pasar ¡yo podría ayudarte así como lo hice hoy! Pero si me comes volverás a quedarte sola... Sin nadie que se preocupe por ti. En este miserable y pútrido mundo!...


Darío sentía el cálido aliento de Karina en su cara pero trataba de no respirarlo para que sus piernas no siguieran inmóviles. Ella cerró su boca, volvió a tener su lindo rostro, se le quedó viendo a Darío, con algo de tristeza en sus ojos, lo que le dijo Darío le hizo reflexionar sobre lo que estaba haciendo.


—Yo... —Karina se detuvo, iba a decir algo pero prefirió quedarse callada, ella desvió la mirada al piso y soltó a Darío, este cayó de rodillas al suelo—. ¿Por qué debería confiar en ti?

—Eh... bueno... Osea solo digo... parece que tenemos la misma edad, y yo solo soy un alumno de secundaria cualquiera... No es como que sea uno de esos hombres que te andan buscando, sabes?

—No me convences... Solo por ser de edades similares no significa que seas de fiar... 

—Hahhh... —suspiró Darío—, me la pones difícil.

Karina esperó a que Darío le diera un motivo mejor por el cual debería confiar en él.

—Está bien. —dijo Darío, hizo una breve pausa y luego levantó la cabeza para dar su respuesta definitiva—. Y si te dijera que...  la única razón por la que quiero ayudarte es... es por... —Darío estaba apunto de retractarse pero al final lo dice— porque me gusta mucho tu cuerpo.

—Ya me lo imaginaba... —respondió Karina con voz indiferente—. No habría otro motivo, los hombres son tan predecibles...

—Oye, al menos estoy siendo sincero.

—Sí... creo que me quedo con esa respuesta. Entonces, que te parece esto... —Karina se agacha en cuclillas para acercarse a Darío— Hagamos un trato.

—Un trato?... —preguntó Darío

—Te gusta muuucho mi cuerpo ¿verdad? Yo te dejaré que me toquetees por cada vez que me ayudes. Puede ser por 2 razones: —Karina alza una mano y saca el dedo índice— una, protegerme como lo hiciste hoy, o dos, por haberme conseguido alguien a quién devorar. En el caso de hoy, es cierto que te las ingeniaste para escapar de ese apestoso amigo de las ratas, pero también me hiciste perder a mi presa. Así que no recibirás ni premio ni castigo. ¿Te parece bien?

—Ah... eh... Claro. —respondió Darío un poco desconcertado, al parecer le gustaba el trato que le había propuesto Karina, pero cuando ella mencionó "castigo", él lo pensó de nuevo—. E...Espera, cómo que "castigo"?

—Muy simple, te obligaré a buscar alguien a quién me pueda comer, y si no lo haces, o te tardas mucho en conseguirlo... Puedes tener asegurado que acabarás en mi estómago.

—En tu... estómago...

—Sí, ¿Que acaso estás sordo o qué? —Karina se puso de pie otra vez y le extiende la mano—. Y entonces, ¿hacemos el trato? Darío.

Darío que seguía sin poder ponerse de pie, le extiende la mano, y con un formal apretón de manos hacen el trato.


—Será un placer hacer equipo contigo Karina! —dijo Darío en tono entusiasta

—Pues para mí no! —respondió Karina con una sonrisa burlona


FIN DEL CAPÍTULO 3

(VORE) La Mujer que Devora HumanosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora