🌹CAPITULO 1🌹

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TODO EMPEZÓ AQUÍ.

Las cortinas amarillas se mueven con el aire fresco de la mañana, dejando entrar por el ventanal los hermosos rayos del sol, indicando el inicio de un nuevo día. Mi despertador estaba programado para sonar a las 6:00am pero me he pasado toda la noche sin poder pegar un ojo, así que lo he desprogramado antes.
    
Mi vuelo sale a las 7:30. Y se me ha hecho imposible dormir, sabiendo que talvez no me guste lo que vaya a encontrar en mi nuevo lugar para vivir, que ahora tendré que llamar; hogar.
      
Tengo que estar media hora antes en el Aeropuerto Central de Houston. Ya se había terminado el verano. Lo que significa que había llegado el momento que no quería que sucediese. La mudanza. Tengo que mudarme a una nueva ciudad, a un lugar desconocido para mí y dejar todo lo que se me es familiar. Mi vida. Este viaje en su momento era temporal solo para recibir mi nuevo tratamiento, pero se alargó y se hizo permanente ya que el año pasado mi abuela  me convenció para que aplicará a la universidad católica de Portland, El Thorner y Thomson, dónde mi madre había estudiado. Y para mí desgracia hace un mes había llegado mi carta de aceptación. Desde ese entonces me he estado reprochando a mi misma por no haberme esforzado en hacer la prueba mala.

     
Estoy aterrada, las manos me sudan a cada costado de mis piernas. Nunca he salido de la ciudad y mucho menos del estado. Como se supone que voy a sobrevivir sola en la universidad. Supongo que estás cosas son inevitables cuando creces. Se me hace un nudo en la garganta de sólo pensar todas las cosas desagradables que podría encontrar. Y ¿si no logro hacer amigos?. Nunca me ha ido bien con las personas. Soy pésima socialmente hablando. Bueno, tampoco era que tenía muchos amigos aquí, ni una vida maravillosa que dejar, solo están mis abuelos y con eso tengo suficiente razones para quedarme. Tampoco era que aquí me iba muy bien en el instituto. Y no me refería con esto a mis calificaciones (que eso era lo único en lo que me iba increíble y en lo que me concentraba desde mi adolescencia). Simplemente tengo miedo.
      
Ha veces las mudanzas suelen ser el sueño frustrado de muchas personas. Cómo las que odian donde viven y pasan toda su vida soñando o planeado con marcharse de ahí. Pero ese no era mi caso yo estaba muy bien aquí, tranquila y sola.

Lo único bueno que me espera en aquella ciudad es mi novio. Matt, es un par de años mayor que yo. Pronto cumplirá los 22. Estoy emocionada porque el también estudia en el Thorner y Thomson, tercer año de Derechos.

Matt iba al mismo instituto que yo, aquí en Houston. Hay fue donde nos conocimos. Cada verano viene a visitarme. Todos los días nos comunicábamos por WhatsApp, video llamada, mensajes. No estaba segura si funcionaria lo nuestro a distancia, pero funciono. Estoy tan nerviosa, tengo demasiado tiempo sin verlo y lo extraño.
Pero de todas las formas posibles, no me quiero mudar. No quiero dejar a mis abuelos atrás.
     
—Hella —escucho la voz de mi abuela desde el piso de abajo.
     
Me levanto de mi pequeña pero cómoda cama. Desperezo mi cuerpo tomando impulso hacía delante para levantarme. Cojo una toalla y me dirijo al baño. Veo mi cara levemente en el espejo del lavado y noto unas diminutas ojeras que refleja mi desvelé del día anterior. He pasado toda la noche repitiéndome mentalmente: sólo es una mudanza. Sólo es Portland. Solo es la universidad. No hay nada que temer. ¿Oh si?.
    
Abro la regadera y enciendo el calefactor de agua. Mientras espero que esté lista me cepillo los dientes. Cuando terminó de cepillarme, me quitó la ropa de pijama, metiéndome bajo la regadera. El agua caliente y ligera, salpica mojando mi largo cabello, se desliza por mi espalda pasando por mis piernas hasta caer al suelo. El agua relaja mis músculos tensos por la pérdida de sueño.
    
—¡Pamella!— escucho una voz masculina. Es mi abuelo ahora. Yo he vivido con mis abuelos desde siempre y me hice aún más apegada a ellos desde que mi madre se fue a vivir a Portland.

Escucho unos pasos y luego aporrean la puerta de mi habitación, se por la forma en cómo los pasos se arrastran que es mi abuela nuevamente.
    
—Hella cariño— me llama desde el otro lado de la puerta del baño. Escucho como sorbe por la nariz— date prisa tu vuelo sale dentro de cuarenta minutos. Tu madre acaba de llamar.
     
El agua sigue cayendo sobre mi cuerpo, me quedo quieta bajo ella por un rato mas. Sinceramente no quiero salir ni hablar con mi abuela porque reventare en llanto, voy a extrañar mucho a mis abuelos sobre todo a mi abuela. Ella a sido mi única amiga y apoyo siempre. Se supone que tendría que ser mejor amiga de mi madre, pero desde pequeña ella a estado ausente. Mi madre se mudó a Oregón hace ya cinco años. Mi madre es psicóloga, trabaja en la clínica donde voy a recibir mi nuevo tratamiento en Oregón. Solía pensar a veces cuando era pequeña que no tenía madre, porque hablaba muy poco con ella, siembre decía que estaba ocupada o que la señal telefónica era pésima para hablar desde tan lejos.                                         
     
En ocasiones tenía la impresión de que mi madre se avergonzada de mi. Porque para ella siempre había sido importante la belleza y la aprobación de la sociedad. Y pues tener una hija como yo dejaba mucho que desear. No herede los dotes de belleza de mi madre, ya que ella era toda una reina de belleza. Mi madre había ganado la corona de Miss Houston 3 veces consecutivas pero desafortunadamente salió embarazada de mi. Yo siempre trataba de parecerme a ella, pero por más que lo intentase jamás lo lograría. Pues yo, tan sólo soy yo. No había heredado sus definidas curvas, su tés bronceada, o su pelo castaño lacio. No había nada que indicará que era mi madre, tan sólo nuestra sangre. Pero borraba todas mis pensamientos absurdos porque era mi madre. Una madre siempre quiere lo mejor para sus hijos. Y ella hacia lo mejor que podía, aunque no fuera suficiente.
     
Para cuando salgo del baño mi habitación está sola. Camino y busco entre mi clóset que ponerme. Saco mis pantis ortopédicas y me las coloco por encima de mi ropa interior naranja. Se preguntarán ¿Qué son pantis ortopédicas? Son medias pantis color piel con fibra dermis que uso en todo mi cuerpo para cubrir mis manchas. Estas me las regalo mi madre, echas especiales. Cada año el día de mi cumpleaños me regala un par nuevo, que se ajuste a mi cuerpo que cada año sufre modificaciones. Para parecer una chica normal. Son como un camuflaje de piel limpia, y a funcionado muy bien porque nunca nadie se a dado cuenta que las uso. Me hacen sentir seguras, protegida y menos expuesta al rechazo de las personas. Porque ya estoy harta de el.
     
Rebusco y tiró en la cama un jogging holgado de cuadros naranja y amarillo, un suéter blanco de gorro. Me los coloco y saco mi par de converse negros. Mi estilo no es tan convencional,  pero me gusta. Salgo de mi habitación hacía el pasillo y ya no están mis maletas donde las había dejado la noche anterior.
Regreso a mi cuarto con más calma a terminar de alistarme. Seco mi cabello con la toalla y me pasó el cepillo. Baño las partes que llevo descubierta de protector solar especial para pieles sensibles.
     
Cuando estoy lista camino hacia el centro de mi habitación para echar un último vistazo. La hermosa vista es lo que más voy a extrañar. Entro a mi pequeño cuarto oscuro, donde reveló mis fotografías. En las paredes hay muchas fotos pegadas de recuerdo, no las quiero quitar porque sueño con la posibilidad de poder regresar aquí si las cosas no salen bien en Oregón. Me acerco al mesón donde hay una foto remojando en químico, la saco con una pinza y la coloco a escurrir en la cuerda. Cuando la luz ultravioleta la enfoca comienza a tomar forma la hoja de cartulina blanca. La cara de mi abuela se comienza a distinguir seguida de la mía. Tomo la foto la sacudo todo lo que puedo y la enrollo en un pedazo de fieltro para que no maltrate justo cuando alguien llama a la puerta.
     
—Hella cariño, ya es hora de que te vayas— dice mi abuela entrando a la habitación. Salgo a mi habitación y tomo asiento en la punta de mi cama. La ansiedad terminara matándome.
     
La observó por un instante antes de responder:
     
—Ya voy abuela— ella se acerca hasta la cama y se sienta.— ¿crees que me irá bien?— me mira unos segundo. Suelta aire por la nariz antes de responder.
     
—Por supuesto cariño— acaricia mi mejilla con su ya arrugada mano— eres increíble y si no lo pueden ver, entonces están mal. No le ruegues a nadie por algo que tú mereces. Además por fin vas a poder cumplir tus sueños de estudiar fotografía profesional. Ya verás habrá muchas cosas buenas allá. También podrás pasar y recuperar todo el tiempo perdido con tu madre.
    
Sus palabras me tranquilizan un poco, pero todavía hay mucha inseguridad creciendo en mí y ella parece notarlo.
     
—La fortaleza está en ti, nunca lo olvides— posa su arrugado dedo en mi corazón y me da un beso en la mejilla antes de levantarse y dirigirse a la puerta.
     
Me hace una seña con la cabeza para que la siga, antes de bajar tomo de un cajón el gorro de panda que me hizo a mano y me lo coloco.
    
Bajo las escaleras después de tomar mi bolsa. Me coloco los lentes de sol y el gorro del suéter antes de salir para entrar al taxis que me espera afuera cargado con mis maletas.
    
Junto al taxis amarillo están mis abuelos. Me despido de ellos echando lágrimas. Odio las despedidas. Le doy un beso a cada uno y me subo al taxis para terminar con esta penosa despedía.
     
—Adiós mi niña. Regresa pronto.—Aunque tenga 18 años para mi abuela siempre voy a ser su niña. Y tiene suficientes razones, soy su única nieta.
     
—Lo haré abuela. Volveré en vacaciones. Te quiero.
     
El taxis comienza a moverse.
     
—¡No me extrañes demasiado. Y llámame todos los días!
    
Puedo ver a mi abuela por el retrovisor del auto. Su rostro arrugado, su piel blanca, y su cabello en un amarillo canoso, como desaparece en la lejanía. Se podría decir que yo soy lo más parecido a mi abuela que a otro miembro de mi familia.
     
Tal vez tenga razón después de todo; La fortaleza esta en mi.
Por el retrovisor ya no hay rastros de mi pequeña casa materna, mi hogar de la infancia. Empiezo a sentir la inseguridad que carcome por todo mi cuerpo.

Observó por la ventanilla, como se traspasan los rayos del sol, la grama y el percibiente aroma fresco y cálido de la mañana. Saco mi cabeza por la ventanilla y el aire impacta mi cara de una manera muy agradable subiendo por mis fosas nasales. Los colores del hermoso paisaje son tan crudos, Tan vivos. Voy a extrañar este hermoso paisaje. Sólo verlo ya que nunca puedo tocarlo. Ni sentirlo. Saco mi cámara profesional del interior de mi bolso y aprovecho todo mi recorrido para sacar unas buenas fotografías.

***

No se exactamente cuando tiempo pasó así, pero al cabo de un rato el taxi se detiene.
     
—Ya hemos llegado— el chofer me avisa. Se da la vuelta para mirarme.
     
Me inclino hacia delante, para comprobar por que hemos llegado demasiado rápido. Y de pronto empiezan a escucharse los sonidos de los motores de las aviones aterrizando. Estamos frente el Aeropuerto. Había estado distraída todo el camino que no me he fijado de lo rápido que hemos llegado.
     
El chofer me ayuda a bajar las maletas del taxi. Mientras estoy buscando su dinero. Le pago y echo anda hacia dentro con mis dos maletas. Doy un vistazo al listado de vuelos y el mío está abordando. Me dirijo abarcar el equipaje para abordar el avión. Dejó a Atena mi perrita en el área de animales. Y abordo.
     
En el trascurso de mi viaje, me dio tiempo de hacer una lista mental sobre las ventajas y desventajas de mi repentino cambio de ciudad. 1) Talvez tenga más posibilidades de estudio, con suerte y esfuerzo obtener un literal elevado del promedio para conseguir una beca en una academia de Bellas Artes, donde pueda obtener una licenciatura en pintura y fotografía. 2) Tengo tiempo de sobra para compartir más con Matt. 3) Voy a conocer una nueva ciudad, nuevas personas, un nuevo entorno. Por fin voy a conocer los amigos de los que tanto me habla Matt. Voy a conocer los amigos de mi novio.

***

—¡Pasajeros abordo ya estamos entrando a aires de Oregón!— suena por los altavoces— ¡apaguen todos los equipos electrónicos para aterrizar!
   
Miro la hora en mi iPhone,  tengo unas cuantas llamadas perdidas, lo apago. Son casi las nueve de la mañana. Y el clima afuera se ve nublado.
     
Abro la ventanilla del compartimento. Y por bajo de las nubes se comienza a notar las diminutas luces que iluminan la encapotada ciudad. Desde arriba la cuidad se ve hermosa, tan indefensa. Supongo que no será tan malo después de todo. Además viendo el lado positivo, el clima aquí es húmedo, casi siempre nublado. Eso es lo que caracteriza a Oregón como una de las ciudades más frías de los estados unidos, su inmenso cielo encapotado de nubes blancas y un clima frío y húmedo, casi todo el año. No tendré problemas por el sol, y tal vez pueda tener una vida social más estable, más normal.

¡ESO ESPERO!...

LOST - Todo por ti..Donde viven las historias. Descúbrelo ahora