Capítulo 33. En la boda de George.

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Aquello era una locura. Cientos de periodistas se agolpaban en la puerta del juzgado esa fría tarde de enero. Los invitados llegaban en sus coches y tenían que ser protegidos por policías y personal contratado para impedir que los fans y la prensa los empujaran o tiraran al suelo.

Paul y Sara llegaron de los últimos. Un hombre abrió la puerta del coche y Paul salió el primero entre un enorme griterío. Se cuidó mucho de no sonreír para no mostrar su diente partido.

Los flashes de las cámaras comenzaron a brillar por doquier, Sara no podía ver apenas. Los periodistas gritaban:

-¿Es cierto que estáis viviendo juntos? ¿Vais a casaros pronto?

Cuando estaban a mitad de las escaleras, uno de ellos gritó:

-Bonito vestido, Sara.

Ella se acercó a él y habló al micro:

-Gracias, lo compré en Italy, en Harrods.

Antes de entrar posaron unos segundos para los fotógrafos. Paul le susurró al oído:

-¿Por qué dices eso?

Sara sonrió:

-Un trato es un trato.

Después de la boda George y Pattie se quedaron atendiendo a los periodistas, que deseaban filmar a la pareja de recién casados. Eso nos dio un respiro a los demás para poder salir con calma y desplazarnos a la finca donde se iba a celebrar el banquete.

 

No habían escatimado en detalles. La ceremonia civil había sido muy sencilla, pero para la cena habían montado una carpa rodeada de jardines. Una orquesta tocaba música clásica sobre un escenario. Había cientos de invitados aunque, conociendo a George, imaginé que él se habría conformado con diez o quince.

Lo pasamos muy bien, nos sentamos en la misma mesa que Cynthia, John, Ringo, Maureen, Neil, Mal y Lily, su esposa. John no paraba de hacer bromas y nos reímos mucho durante toda la cena.

 

George estaba radiante, y Pattie preciosa. Me alegraba mucho por ellos, aunque recordé el final de aquel matrimonio y me entristecí. Saber ciertas cosas resultaba muy duro a veces. 

Después de la cena, un hombre de unos cuarenta años se acercó a nuestra mesa. En ese momento sólo estábamos Paul y yo.

 

-¿Señorita Font? –dijo el hombre tendiéndome la mano –Soy Howard Mann. Agente de publicidad de Vogue aquí en Londres.

 

Le devolví el saludo. Él se sentó y tendió la mano también a Paul, que le saludó a su vez, distraído.

-Está usted preciosa, Sara. Es el centro de atención de toda la fiesta –dijo. Noté cómo Paul le miraba con una expresión de extrañeza.

Operación "Línea de Tiempo"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora