Capítulo 26: Nunca lo esperé de ti (2)

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En cuanto el timbre anunció la salida me fui corriendo de la escuela

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En cuanto el timbre anunció la salida me fui corriendo de la escuela.

La lluvia dejó la acera y el pavimento (en general todo lo que fuera suelo) muy resbaloso, por lo que me caí en la salida lastimando mi rodilla, escuché como varias personas que iban pasando se burlaron, pero poco me importó. Puse mi patineta en el suelo y tomé bastante impulso para ir más rápido y así llegar pronto al departamento de Alex.

Al llegar a su edificio subí con cuidado las escaleras metálicas que daban al segundo piso, se mantenían mojadas y si me caía hasta ahí llegaba. Cuando estuve frente a la puerta toqué de forma desesperada con mis dos puños.

—¡Alex, ábreme la puerta!, ¡sé que estás ahí!

En realidad no lo sabía, el que su auto estuviera ahí estacionado no me daba seguridad de nada, pero debía sonar seguro si es que él se encontraba ahí dentro. También tenía que ser insistente, porqué si bien conocía a Alex y no quería abrirme, esperaría que me cansara y me fuera.

Y así fue, tuve que estar pegado a la puerta, de insistente unos diez minutos. Hasta que vi la manija girar.

Encontré a Alex ahí parado con su estatura intimidante, observándome desde arriba con una ceja arqueada. Tenía la pupila a reventar, quién sabe que se había metido esta vez.

Se recargó en el marco de la puerta de forma que cubría la entrada casi en su totalidad —su lenguaje corporal me decía que no me dejaría pasar—, y una sonrisa sospechosa se le formó cuando me vió a los ojos.

—¿Por qué la urgencia? —preguntó tranquilo—. ¿Tanto me extrañaste, Kyle?

—Entrégamelo —le pedí extendiendo mi mano.

—¿El qué...? —hizo una mueca desentendido.

—Entrégame el diario.

—¿Cuál diario?. No me digas, el de tu amigo el mojigato —se rió—. ¿Acaso lo volvió a perder?

—No lo perdió, alguien se lo robó.

—Te diría que me ofende que pienses que fui yo, pero yo sé lo mártir que ese puede llegar a ser. ¿No pensaste en que con lo descuidado que es lo pudo haber cambiado de su casillero a su mochila y lo volvió a dejar tirado por ahí?

¿Y él como sabía que Greg lo puso en su casillero?, se supone que no había visto ni escuchado nada el día que yo entregué el diario, según él no estuvo haciendo otra cosa más que escuchar música con sus audífonos puestos.

También era una posibilidad que me hubiera gustado creer más lo que Alex decía, Greg sí era muy despistado y siempre andaba a las prisas, no por nada perdió su diario antes. Pero, había algo que no cuadraba, y su actitud era más que sospechosa.

Tenía que asegurarme.

—Tienes razón —le dije, siguiéndole la corriente—. Debió haberlo dejado por ahí.

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