Invitacion arriesgada

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-Bueno, esto es maravilloso. Por los encuentros felices - Nana alzó su copa y Souichi la imitó, además de la copa habían decidido comer algo - No creí que fueras tu cuando te vi en aquella esquina. Te llamé, pero parecías estar en otro mundo.

-Lo siento. Tenía la mente ida en ese momento.

- Aún estás un poco pálido.

-No es cierto - dijo Souichi desviando la mirada

-¿Seguro que te encuentras bien?

-Seguro - respondió, sin ninguna convicción

-He pensado en ti, ¿sabes? Me preguntaba cómo te iba.

-Yo también he pensado en ti -bajó los párpados para ocultar que era una mentira.

-¿Sí? -pareció tan auténticamente complacida que Souichi sintió un remordimiento de conciencia -¿Y cómo está tu esposa? -pregunto tras otra pausa.

-Ah... se fue -bajó la vista a la mesa.

-¿De verdad? ¿Significa eso que esta noche no tienes que irte enseguida.

-Tal vez ya tienes algo que hacer -hizo un gesto con las manos.

-Todo lo contrario.

-Me disculpas un momento- dijo el, mientras se levantaba de la mesa para dirigirse al sanitario.

-¿Qué estoy haciendo?- se preguntó mirándose en el espejo- ¿En qué estoy pensando?- Pero ya conocía la respuesta a eso. Lo habían engañado y pensaba pagar con la misma moneda. Era así de simple. Alzó la barbilla en gesto desafiante.

Tenía que empezar a levantar una nueva vida de las ruinas de la antigua.

-Pero a mí me gustaba mi antigua vida- pensó con desolación- Quiero que me la devuelvan.

Pero tenía que convencerse de que la pérdida del amor de Tetsuhiro, no era una especie de agujero negro por el que estaba destinado a caer durante toda la eternidad. Tenía su orgullo. Quizá era lo único que le quedaba. Respiro hondo y regresó junto a Nana.

Ella tenía una charla amena. Sabía de ciencia y era muy inteligente, sin llegar a resultar pretenciosa. También le gustaban los libros y la música.

En un momento pensó que a Morinaga le caería bien y tuvo que fingir que se le había caído la servilleta para recuperar la serenidad.

-¿Sucede algo? -preguntó ella.

-No. Pensaba en lo bueno que es este lugar. Debo decírselo a... -calló de pronto.

-¿Decírselo a quien? -instó ella- ¿A tu esposa?

-No, a... Mi... Kohai

-¿Qué te ha parado?

-Creo que no va a volver al trabajo -bajó la vista.

-Qué pena -frunció el ceño- ¿No te sentirás perdido sin él?

-Ya no.

-Me sorprendes -dijo con tono ligero- Pensé que lo tenías todo y que sin esfuerzo dividías tu tiempo entre el matrimonio y ser el mejor investigador.

-El matrimonio requiere mucho esfuerzo, créeme -Dijo con amargura.

-Pero debe tener su lado bueno, o la gente lo dejaría como un mal trabajo- observó su ultima copa vacía- podemos pedir otro trago, yo estoy invitando.

-Claro que no- sacudió la cabeza- Pagare yo y la verdad, creo que deberíamos irnos ya.

-Bien, Mi departamento está cerca. Puedo invitarte a un café.

Otra personaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora