—¡Frost, las esposas!— Fairy frunce el ceño mientras forcejea con el detenido en el suelo.
Jack, con habilidad, e ignorando lo mejor que puede el hedor a humedad que ensalza las estrechas callejuelas del mercado de Burgess, desengancha las esposas de su vaina y las cede abiertas a su compañera y amiga.
—Eres una perra con suerte, en otra ocasión no habrían podido atraparme—. Gruñe con rencor el hombre y Jack se permite a lanzar una carcajada en medio de su amargura. Su turno ya había acabado hace varias horas, y sin embargo, seguía ahí, lejos de su cómodo apartamento, cansado y enfundado en ese ajustado uniforme negro digno de una película de espías, se le pega como una sofocante segunda piel.
—Amigo, mi hermana menor es más hábil que tú, te habríamos podido atrapar incluso con sueño, no te creas la gran cosa.
—Frost—. Lo regaña Hada. Él se encoge de hombros.
—¿Qué? Podría estar en mi apartamento, terminando la octava temporada de keeping up with the Kardashians si no fuera por este tipo con complejo de hombre araña, tengo derecho a desquitarme con él—. Murmura, procurando que nadie más que Hada a su lado lo escuche.
Saliendo del callejón, Meme y Aster los esperan en la camioneta negra que tiene las siglas G.U.A.R.D.I.A.N.S inscritas en el costado.
—Ya era hora—. Con su usual mal humor, Aster abre la parte de atrás y utiliza su credencial para abrir la celda provisional en la camioneta.
—Dio más trabajo del que se esperaba— dijo Hada.
—¡Ja!— se jacta el hombre. Jack lo empuja bruscamente a la celda.
—Estimamos que tardaríamos diez minutos capturándote,y sólo nos pasamos por dos minutos, no te hagas ilusiones.
La puerta arrojada a la cara furiosa del hombre, y los tres jóvenes agentes se miran entre sí.
—¿Te acercamos a casa? Nos queda de camino a la base—. Ofrece Aster.
Jack está a punto de acceder, no ha dejado de pensar en su cama desde que salió de ella por la mañana. Pero el letrero fluorescente de la tienda al otro lado de la calle lo detiene.
Predicciones, encantos, tarot y más.
No tenía idea de que estaba tan cerca, cuando llegaron a la escena, bajó de la camioneta queriendo tardarse lo menos posible. No reparó en que literalmente estaba frente a esa tienda que frecuentaba tan religiosamente desde su último caso grande.
Había entrado ahí porque los dueños fueron testigos de una matanza por parte de una organización que llevaban tiempo queriendo desmantelar. Quien lo recibió y le facilitó el interrogatorio fue Elsa, la vidente por excelencia del local.
Oh, Elsa...
Preciosa, de un metro sesenta sin tacones, ese día que la conoció, tenía la melena rubia ceniza atrapada en la amplia capucha de su túnica plateada, bajo ella, portaba una sutil corona de cristales tan azules como sus ojos hipnóticos. Acababa de terminar con Hiccup, así que no se sentía del todo preparado para fijarse en alguien nuevo. Pero se vio a sí mismo siendo un inútil para sacar de su cabeza a Elsa, cuya sonrisa siempre se colaba en sus sueños y tras sus párpados cada que los cerraba. Así que se propuso visitar aquella tienda más seguido.
Con su cuarta visita, ya Elsa lo esperaba y le leía brevemente las cartas antes de empezar a charlar como viejos amigos durante el resto de su turno. Incluso fastidiaba a los otros clientes porque sabían que cada que ese apuesto peliblanco entraba en el cuarto, era probable que no saldría hasta dentro de un buen rato, robándose valioso tiempo de los turnos del resto.
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Stolen kisses [Drabbles and One Shots Jelsa]
FanfictionPorque amo las historias de amor, sobretodo si son cortas y porque Jack y Elsa son mi OTP. -Historia totalmente mía. -Para adaptaciones primero contactarse conmigo . -Es inadmisible cualquier copia parcial o total. -Los personajes no me pertenecen. ...