Fácilmente, aquel día podría ser el más común y ordinario que Harry Styles haya tenido alguna vez en su ocupada vida, puede que incluso se atreva a decir que es monótono y aburrido cuando el silencio de la soledad de su coche lo abraza como una manta.
Sería capaz de escuchar su propia respiración si no fuera por el golpeteo que provoca la lluvia al chocar con los cristales del vehículo, y ni siquiera está lo suficientemente sorprendido del clima al ser algo cotidiano en Londres, tan irrelevante que no logra que aparte la mirada de su teléfono ni un solo miserable segundo.
No debería de estar concentrado en la pantalla con el auto en movimiento, corre el riesgo de marearse en un vértigo, se lo han dicho en varias ocasiones a modo de un regaño que no necesita por la edad que tiene y que solo le causa esta gracia que logra que sus comisuras se extiendan hacia arriba en una muy rara y única ocasión.
Sin embargo, no puede evitarlo, está muy ocupado leyendo correos electrónicos relacionados a su imperio, respondiendo mensajes de texto que le llegan por segundo y viendo como su pareja le cuenta que no podrá reunirse con él a la hora del almuerzo porque se le ha presentado algo en el trabajo y no es capaz de escaparse ni un instante para verse con él.
Aquella noticia le ha llevado a arrugar las cejas con cierta incomodidad, porque solo su alma sabe lo mucho que ha estado deseando juntarse con aquel a quien quiere más que a cualquier persona en el mundo, y si bien conoce las responsabilidades que carga en los hombros, que son mucho mayores que las propias y que no pueden sencillamente ser evadidas, no puede evitar la incomodidad y ese pinchazo de decepción se atraviesen en su pecho como un intruso en medio de la noche.
Se llena los pulmones de aire con cierta resignación y extiende el brazo hacia la puerta que tiene al lado para presionar el botón que baja esa barrera de privacidad que existe entre la parte delantera del carro y la trasera.
—Miguel —llama con una lentitud casi aburrida una vez que el borde ha quedado despejado y tiene una buena vista de la nuca de su chofer.Su tono es tan grueso que sería casi insoportable de escuchar si tan solo no tuviera la característica de que, a pesar de su profundidad, también es melódica como el cielo, y más agradable de lo que cualquiera podría esperar.
—Si, señor —responde para que sepa que lo está escuchando, sin despegar la mirada del camino, cumpliendo con su trabajo de la manera más excepcional al siempre llevarlo a todos sus destinos sin falta ni retrasos.
Miguel es el hombre más decente que Harry ha tenido como conductor: no hace comentarios indebidos, no pide permisos excesivos que podrían llevarlo a la irritación, ni mucho menos lo deja esperando al estar siempre ahí para él. Es un buen empleado, sin duda alguna, y valora mucho el salario que su jefe le da, lo suficiente como para ser amigable todo el tiempo y saludarlo sin falta aun cuando en ocasiones Harry no tiene cabeza para mover la boca y articular las palabras de cortesía que permanecen dentro de su mente pero que no van a ninguna parte.
—Puedes tomar otra ruta, ya no iremos a recoger a Mark como acordamos —avisa, la amargura abriéndose paso en su cavidad bucal y obligándolo a plegar ligeramente la nariz con disgusto—. Llévame directo al restaurante, por favor.
—De acuerdo, señor —accede sin problema, asintiendo con obediencia exquisita antes de girar el volante y causar que el vehículo vaya hacia la izquierda para doblar en U y tomar una ruta diferente. El cuerpo de Harry se inclina en esa dirección y su conductor se aclara la garganta para volver a tomar la palabra—. ¿Señor Styles?
El hombre alza las cejas en un intento fallido por despegar los ojos de la pantalla, soltando un tarareo que vibra en su garganta para hacerle saber que lo está escuchando a pesar de que no tiene la oportunidad de mirarlo. No puede evitarlo, el mensaje que ha recibido le parece un poco más importante que cualquier otra cosa, y como él siempre se caracteriza por querer dividir su atención en la mayor cantidad de asuntos posibles, hace todo lo que puede por abrir sus oídos hacia él.
Es una suerte que Miguel haya aprendido a tratar con él.
—No suelo pedir este tipo de cosas, pero me gustaría saber si me da la oportunidad de ausentarme esta noche —informa, con cierta sumisión de por medio, siendo todo lo apacible que puede para persuadir a su jefe. El rizado se da cuenta de ello y casi podría sonreír por su astucia, pero lejos de eso, solamente se dedica a escucharlo—. Mi esposa y yo estamos de aniversario y quiero llevarla a cenar para celebrar, así que si me concede su permiso estaría muy agradecido.
Harry tuerce ligeramente la boca, toca la pantalla táctil para enviar la respuesta al texto que ha estado acaparando su atención hasta ahora y se llena los pulmones de aire antes de alzar la mirada hacia el hombre mayor que alterna la vista entre el camino y el retrovisor.
—Tienes mi permiso —concede sin alargar más el momento, sabiendo que el suspenso sería innecesario y que no puede perder tanto tiempo. Miguel parece respirar con demasiado alivio, incluso está sonriendo ahora—. Felicitaciones para tu esposa y para ti.
—Muchísimas gracias, señor— dice con emoción contenida, y es casi adorable como se le forman todas estas arrugas y marcas que delatan su absoluta contentura. Harry regresa la vista hacia su dispositivo, creyendo innecesario el compartir su alegría cuando no le corresponde y la empatía no le da lo suficiente como para hacer más que felicitarlo—. Que el cielo le pague por ello, sé que es un hombre ocupado y que tiene que desplazarse constantemente, así que gracias.
De pronto, Harry siente unas ganas cínicas de reírse y decirle que más fácil le paga él al cielo antes de que suceda cualquier otra cosa, pero se abstiene de ello tan solo para no blasfemar por voluntad propia ni mucho menos poner a prueba fuerzas superiores que estén por encima de él, especialmente sabiendo que el único poder que se encuentra en las palmas de sus manos es el del dinero y nada más.
Lo cierto es que, es rico, asquerosamente en realidad, con tantos ceros en su cuenta bancaria que sería imposible el ponerse a contarlos en cualquier día del año cuando solo saben ir en aumento a cada segundo. Tiene motivos para que sea de ese modo, después de todo ha estado construyendo su imperio desde que tiene memoria, desde que salió de la universidad y tuvo esta ridícula idea a la que no renunció a pesar de haber fallado tantas veces, que el hecho de que al final haya funcionado parece casi un milagro.
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Baby there's blue in your eyes ✦ daddykink! [ls]
Fanfiction"¡Rápido, sé mi papi!" *・゜゚・*:. En donde Louis necesita un nuevo papi para alejar al anterior y Harry cree que ha sido hechizado por un par de ojos azules de bebé. O en donde Harry pone de cabeza toda su vida para mantener a salvo a un universitari...