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Desperté con el sol cayendo sobre mi rostro. Me encontraba muy cómodo, por lo que no abrí los ojos de inmediato. Además, había tenido un sueño tan bonito que quería seguir recostado el mayor tiempo posible. En él había visto nuevamente a Marco, me había estrechado entre sus brazos y me había besado suavemente la cabeza. No podía evitar disfrutar de aquellos sueños donde él me demostraba cariño, sobre todo sí al final me decía que ya estaba a salvo.

Sin embargo, recordar aquella frase trajo a mi cabeza otra cosa. De repente recordé que no debería estar cómodamente recostado en ningún lugar, puesto que me había desmayado a mitad del bosque. Así que abrí los ojos para quedarme intrigado al ver que me encontraba en una agradable habitación. Me incorporé para poder contemplarla por completo. Las paredes eran de madera, al igual que el suelo y del otro lado de la habitación en que me hallaba había una ventana por donde entraba la luz del sol en un ángulo muy inclinado, lo cual me indicó que debía ser temprano o muy tarde. La decoración del cuarto era simple, solo un cuadro colgado en la pared donde se encontraba la cabecera de la cama y un librero con algunos libros encuadernados en piel en la pared opuesta. Había una puerta en uno de los rincones, igualmente hecha de madera.

¿Dónde me encontraba? Me paré de la cama (afortunadamente conservaba mi ropa) y me asomé por la ventana. A juzgar por lo que se alcanzaba a ver más allá, aún estaba en medio del bosque. Parecía ser que la cabaña en la que me encontraba se encontraba en un claro, enclavada en alguna pendiente no muy pronunciada.

Agucé el oído intentando detectar cualquier ruido, y me pareció detectar un sonido como si alguien estuviera haciendo chocar metales. Barajeé la idea de quedarme en aquella habitación esperando que alguien viniera a buscarme (quizás la misma persona que me había llevado hasta ahí), pero no sabía si realmente alguien vendría. Me dirigí hacia la puerta. Al tomar la manija por un segundo pensé que quizás estaría cerrada (después de todo tal vez me hubieran encerrado), pero esta cedió fácilmente. Asomé primero mi cabeza, mas solo había un pasillo vacío con un par de puertas a los lados. Los ruidos metálicos sonaban más claramente cuando hube abierto la puerta. Decidí seguirlos. Recorrí el pasillo hasta llegar a lo que parecía una sala, ya que tenía un par de sillones, un taburete y una mesa de centro con un jarrón lleno de flores encima. También había un par de cuadros en el lugar, y otro gran ventanal que dejaba a la vista la ladera de una montaña cubierta de bosque. Los ruidos provenían de una estancia situada a la derecha tras un umbral, así que me dirigí hacia allá. Me encontré con una cocina bastante amplia que evidentemente también servía de comedor, ya que una mesa con cuatro sillas alrededor se encontraba ahí. En ella, una mujer revolvía ollas y sartenes en un gabinete para luego elegir una y ponerla sobre el fuego. Solo podía ver la espalda de la mujer, con su suave cabello ondulado de color castaño cayéndole hasta media espalda.

—Disculpe —dije quedamente.

Ella volteó el rostro de inmediato, mostrando un hermoso rostro de facciones delicadas y ojos de un color verde oscuro que debía tener alrededor de 30 años. Una sonrisa cruzó su rostro al verme.

—¡Vaya, ya te despertaste! —comentó la mujer mientras se daba la vuelta completamente—. Soy Melissa —añadió mientras extendía su mano.

—Yo me llamo Giraud —contesté mientras estrechaba levemente su mano—. Este... ¿dónde estamos?

—En el bosque de la corona —contestó ella—. No muy lejos de donde te desmayaste. Franco y Malfa te trajeron aquí.

—¿Malfa? —dije con extrañeza. Jamás había oído un nombre como aquel.

—Solo Alfa —contestó la mujer mientras se volteaba nuevamente hacia la estufa—. Él y Franco te trajeron ayer por la noche.

—¿Quiénes son? —inquirí yo—. ¿Cómo se las arreglaron para enfrentarse a los licántropos?

Moon RevengeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora