Abismo IV

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Jeon, levemente disgustado, detuvo el auto al borde de esa acera, una vez más.

Ambos descendieron del vehículo, reingresando a la iglesia.

Que por todos los demonios del infierno, estaba vacía, suspiró y agradeció profundamente.

—Vamos a sentarnos ahí.—el pelirrojo apuntó el lugar de antes, siempre hablando calmadamente, de forma natural.

Agarró la mano de Lucifer, entrelazando los dedos, con cierta prisa.

Lo que causó un sentimiento de victoria en el interior del Escarnecedor.

Jungkook corrompería a ese niño con una facilidad de otro planeta.

Se sentaron uno al lado del otro, sobre los bancos de madera.

Jimin simplemente tomó su libro, poniendo su atención en ello.

—Solo voy a leer un poquito, estoy casi terminando.—sonrió dulce.

—Entonces, déjame leer junto a ti.—Lucifer jamás se perdonaría por auto convencerse a leer esa maldita obra.

Ya estaba arrepentido.

El libro era pequeño, del tamaño adecuado para su bolsillo, lo que complicaba la lectura para ambos, pero Jimin temía ser maleducado y decir "no" a la propuesta de Jungkook.

Así que, le surgió una brillante idea, como si una lámpara se hubiese encendido sobre su cabeza.

—Jungkook, si quiere puedo sentarme en su regazo, así podemos leer mejor.—la expresión de Jimin fue retraída y tímida, se mostraba más inocente a cada momento.

Lucifer se mostró incrédulo, juraba que Park estaba bromeando. Pues aquello fue una idea de Jericó, sin pies ni cabeza, pero no dudaría en aceptarla.

El Diablo asintió, intentando disfrazar la maldad presente por los ojos negros y pecaminosos, escondiendo su lenguaje corporal, que evidenciaba completa perversidad.

El pelirrojito se acomodó en el regazo del Demonio, dejando su trasero exactamente sobre el miembro ajeno.

Jungkook nunca se imaginó rezando, sin embargo, en ese momento le pidió a Dios que su pene no despertara.

Rápidamente cambió su enfoque, ahora observando a Jimin, quien comenzó a leer, tan concentrado.

Lucifer pasó su vista por los labios hinchados, que eran apretados por los dientes, demostrando completa concentración en la lectura; el aroma de aquel puritano era dulce, pero suave, exactamente como al Demonio le gustaba.

—Deje de mirarme así.—dijo ruborizándose.

Fue exquisita la manera en que Jeon lo miraba, cada mísero segundo parecía que iba a devorarlo, haciéndolo sentir avergonzado.

—Eres tan bonito.—el cumplido repitente, ya no sonaba tan extraño.

Jimin se volteó, mirando la cara del Demonio, sonrió angelical.

Sus ojos fueron hacia la cicatriz presente en la parte superior de su mejilla, haciéndolo fruncir el ceño, la tocó con delicadeza, acariciándola.

—¿Qué sucedió?—le preguntó manteniendo su atención en la cicatriz

Por su lado Jungkook no retiraba la vista de esos labios gruesos, sentía tanta sed, tanto deseo de tenerlos.

El anaranjado, sin respuesta, volvió sus luceros hacia los del contrario, viéndolos cambiar de color, en una mezcla constante, como un pequeño caleidoscopio, castaño y escarlata.

Caliente como el infiernoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora