Tártaro V

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Existen exactamente ciento diecinueve sinónimos para la palabra "Diablo" en el diccionario Aurélio y ciento dieciséis en Houaiss.

A pesar de que Lucifer siempre ha sido visto como un ángel malo, en realidad es lo contrario.

Ni siquiera Dios lo veía de esa manera.

Fue el arcángel más lleno de belleza y sabiduría en el reino de los cielos. Entonces, se rebeló contra Dios, en un acto de traición.

El pecó contra el Señor y fue condenado, así como tú lo serás.

Entiende algo, sea Dios o el Diablo, la misma cara que te hace reír, también te hará llorar.

La moneda pentecostal era lanzada para arriba, haciendo movimientos giratorios y repetitivos, entre la barra de la discoteca y las manos de Jungkook, no corría riesgo alguno de caer.

El Diablo no estaba aburrido, o solamente molesto por cualquier otro motivo, esta vez era diferente.

Había algo extraño, ni el mismo Demonio conseguía entenderse.

Dio un sorbo a su whisky Johnnie Walker, sintiendo un leve ardor pasar por toda su garganta, una sensación placentera.

—¿Qué te sucede, Jeon?—la voz de Hoseok sonó, despertando a Jungkook de sus pensamientos.

—No pasa nada.—respondió en un tono levemente grosero, haciendo que J-hope se alejara discretamente.

La música retumbante parecía no existir para Jungkook y el humo causado por el hielo seco, lo molestaba.

—No me mientas, es claro que existe algo que te está incomodando.—el brazo derecho del Diablo pasó a sentarse a su lado.—Dime qué es lo que te aflige, Demonio.—dijo con seriedad.

—No sé describirlo, Hobe. Hay algo malo conmigo hace tiempo, haciéndome sentir confundido.—confesó, sosteniendo su copa, al mismo tiempo que la balanceaba, mezclando la bebida con el hielo.

—Muchas cosas están mal, Jungkook. Comenzando por nosotros dos fuera del infierno.—a pesar de ser un tema serio el tono de voz de Hoseok fue divertido.

Jeon le sonrió, intentando esconder el desánimo que lo afligía.

—Jungkook, yo jamás te vi así.—su expresión perpleja, con voz recelosa.

Gesto que hizo que Lucifer arquease la ceja.

—¿Pero qué? ¿Nunca me viste aburrido?—preguntó con cinismo.

—Preocupado. Nunca te vi preocupado.—respondió.

Hobe atinó con sus palabras, exactamente era eso, el Diablo estaba preocupado, por eso lucía tan intranquilo, y el motivo era claro.

—No digas estupideces, Hoseok.—dijo rodando los ojos y bufando bajo.

Tomó la copa, bebiendo todo el líquido que restaba de una sola vez.

—Voy a dormir.—dijo levantándose, aunque el sueño fuera inexistente.

—¿Para qué? El Diablo no duerme, ni siquiera sientes sueño.—ahora quien estaba harto era el ayudante.

Volteó los ojos, cruzando los brazos, encarándolo con cansancio.

—Puedo hacer lo que yo quiera.—le sonrió amargamente.

De respuesta, no hubo más que silencio.

El Corvette negro era casi el mejor amigo de Jungkook, tenerlo de vuelta era fantástico.

Las manos estaban fijas en el volante y en su cara una sonrisa volátil y traicionera, creando una mezcla perfecta.

Conducía en dirección a la iglesia, la ruta de siempre.

Caliente como el infiernoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora