Lo que me acabó despertando fue el dolor en la pierna. Ya no era tan fuerte como lo había sido, pero aún estaba presente. Abrí los ojos en una habitación diferente a donde había despertado las dos ocasiones anteriores, aunque también había una ventana que permitía la entrada de luz exterior. La luz de afuera parecía la luz propia del amanecer que comienza.
—Ay —me quejé al moverme un poco.
No se trataba solamente de la pierna, la cual ahora estaba entablillada. Mis brazos estaban cubiertos de cardenales y, a juzgar por cómo sentía la espalda, seguramente ahí también tenía algunos moretones.
—¡Ya despertó! —exclamó Melissa mientras se asomaba a la habitación.
—¿En serio? —preguntó la voz de Franco. Sin embargo, no se trataba de ninguna de las dos que le había oído, sino que se trataba de una rara mezcla de las dos, la lupina y la humana.
Melissa entró totalmente en la habitación, seguida de un Franco que lucía extraño. Era evidente que ya no se trataba de un licántropo, pero todavía no era un ser humano por completo. El rostro y el cuerpo seguían cubiertos de pelo, pero ya no tenía las dimensiones de su forma lupina, además de que ya no había hocico. Por otro lado, su pelaje lucía más oscuro que por la noche, más parecido a su color de cabello humano.
—¡Eh, Alfa! Ven a verlo —le llamó Franco.
—Me conformo con saber que está bien —contestó una voz que me recordaba al licántropo rojizo, sin embargo, también me daba la impresión de haberla escuchado con anterioridad en otro lado, aunque no podía precisar dónde.
—No seas tímido —dijo Franco—. Eh, espera, no te vayas.
Escuché una puerta abrirse y posteriormente cerrarse. Evidentemente Alfa pasaría nuevamente el día fuera.
—¡Ese hombre! —exclamó Franco.
—¿De verdad creíste que lo convencerías? —le preguntó escépticamente Melissa.
—Creí que después de haberlo salvado de Sam, Tiziano y Paolo le gustaría verlo recuperado —respondió Franco encogiéndose de hombros—. Y también considerando que él le quitó a Sam de encima.
—¡Ay! —grité cuando Melissa me tomó de un brazo. Tenía los moretones muy sensibles.
—Yo no diría que está ya recuperado —comentó Melissa en tono de preocupación—. Estos golpes van a tardar varios días en sanar. En cuanto a la pierna es difícil saberlo. Solo esperemos que la hayamos acomodado bien y suelde de manera correcta.
—No tengo ninguna duda de ti, querida —comentó Franco con una sonrisa.
El pelaje de Franco cada vez lucía más corto. Sobre su rostro se trataba ya solo de una leve capa de pelo, a excepción de la parte de arriba de la cabeza, donde conservaba el largo de su cabello humano.
—Gracias, cielo —respondió Melissa con una sonrisa—. Creo que ya puedes ir a cambiarte.
—Tienes razón —comentó el hombre mientras se pasaba una mano por su torso peludo. El color de sus cabellos ya era su castaño natural—. Regreso en un momento.
Dicho aquello Franco se retiró de la habitación donde nos encontrábamos.
—¿Así es la transformación por las mañanas? —inquirí yo a Melissa.
—Exacto —contestó la mujer—. Mucho menos dramática que por las noches. En cuanto el sol comienza a salir vuelven gradualmente a su forma humana.
—¿Me rompí la pierna? —pregunté mientras miraba el entablillado que tenía alrededor.
—Eso creemos —comentó Melissa aprensivamente—. Se veía bastante mal, pero Alfa se encargó de recolocarla en su sitio y yo de entablillarla.
—¿Qué fue lo que pasó después de que caí inconsciente? —pregunté.
—Nada emocionante —contestó Melissa—. La manada de Sam reculó en cuanto vio que traía la espada lunar. Fue una suerte que no te encontraras en la habitación, o de lo contrario Leopoldo te hubiera podido morder antes de que llegáramos Franco o yo.
—Bueno, supongo que tengo que agradecer mejor estar en cama durante unos días a cada noche tener que convertirme en un hombre lobo, ¿verdad? —inquirí yo intentando sonreír.
—Sí, creo que tienes que agradecerlo —opinó Melissa sin compartir mi sonrisa—. Lo que me preocupa es si estarás recuperado antes de la próxima luna llena. Si no es así... Bueno, supongo que podemos seguir protegiéndote.
—¿Alfa nunca pasa el día en casa? —pregunté yo intentando cambiar de tema.
Ante mi pregunta Melissa solo apretó los labios y desvió la mirada, como si no estuviera muy segura de si debía contestarme o no.
—¿Le hice algo malo? —pregunté yo repentinamente preocupado—. ¿Tal vez le molestó que haya atacado a Sam cuando supuestamente ellos estaban protegiéndome?
—No, no es eso. Aunque ahora que lo mencionas, ¿por qué lo hiciste? —inquirió la mujer frunciendo el ceño.
Miré hacia el techo mientras reflexionaba en esa pregunta. La verdad era que ni yo mismo tenía la respuesta. ¿Cómo se me había ocurrido creer que tenía oportunidad contra tres hombres lobo cuando Alfa, siendo un hombre lobo, no podía contra ellos? ¿Por qué me había lanzado contra Sam armado solo con un cuchillo?
Recordé la escena de la noche anterior, el hombre lobo de color rojizo siendo atacado por otros tres. El corazón se me estrujó solo al recordar eso.
—No podía dejar que siguieran atacando a Alfa —contesté con sinceridad—. Tenía que hacer algo, aunque fuera poco, para ayudarlo.
—Pues lo lograste —contestó Melissa finalmente sonriendo—. Es decir, para Sam debió de haber sido más una molestia que una herida real lo que le hiciste con el cuchillo, pero lograste que se quitara de encima de Alfa. Y luego cuando Alfa te vio contra el árbol se enfureció tanto que aventó a los otros dos lejos de él.
—¿Y ahora? —inquirí yo.
—Ahora lo que necesitas es descanso —contestó Melissa apaciblemente—. Puedes quedarte el día entero en la cama, o tal vez podríamos hacerte una muleta para que puedas moverte por la casa y el prado que la rodea.
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Moon Revenge
WerewolfHace 10 años Giraud conoció a un hombre al que no puede olvidar. Ahora, en un intento por olvidarse de él y encontrar un sentido de vida del que ha carecido desde que tiene consciencia, él ha partido en un viaje hacia los bosques de la corona del su...