No me rompas el corazón.

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Me desperté. Tenía hambre, pero no cualquier hambre, más bien, antojo.

Me enderecé con dificultad y bajé mis pies al suelo. Estaba frío y yo estaba descalza. Genial.

Ya había pasado mes y medio desde mi operación, mi brazo iba mejorando, ahora ya lo podía mover. Me empujé hacía delante y sostuve el equilibrio. Me desconecté el suero y caminé a la salida. Con suma lentitud llegué a una maquina expendedora de golosinas.

-Mierda.- murmuré.- Que idiota eres. Quieres una golosina, pero no traes dinero. Ha, serás retrasada ____.- azoté mí cabeza en el cristal de la máquina, haciendo que me doliera la frente.- ¡Ahhhh!- un pequeño gruñido se escapó de mi boca.

-Parece que necesitas ayuda.- alguien me decía por detrás

-Ha, más que eso.- dije aún sin voltear.

-¿Ah si? ¿Y qué necesitas? Si se puede saber, claro.- con tono de escepticismo. Enfurecí. Más conmigo misma que con aquel sujeto.

-¡Dinero! Necesito dinero. Pero es que soy subnormal y me he olvidado que no tengo ni un pavo en ningún lado.- respiré.- Lo que es una ironía, porque hace unos días me dieron la noticia de que soy asquerosamente rica. Jajaja, ¡Rica!- grité, y dándome la vuelta para verlo añadí.- ¡Y no me puedo comprar una puta golosina!- cuando me di la vuelta, él chico estaba conteniendo una risa. Era bastante alto, así que tuve que alzar la cabeza un poco para confrontar su mirada, sus ojos verde miel me veían divertidos.- ¿Y a ti que te pasa, retrasado? ¿Por qué te ríes? ¿Ehh?- ahora si soltó una carcajada. Su sonrisa era bastante grande, acto reflejo sonreí y comencé a reír con él. Me reía de mi comportamiento y de la risa de él. Se detuvo unos segundos después y ahora derecho y con una gran sonrisa me dijo

- Eso. Eso es lo que necesitabas.- Otra sonrisa enorme.- Una risa, así.- puso ambos dedos indices en cada hoyuelo que se le hacía mientras sonreía y agregó.- Una sonrisa así de linda no debe negársele a nadie.- sonreí. Era genial. Baje la cabeza, me había sonrojado. No recordaba ai alguien me hubiera hecho un cumplido como aquél, así que fue como experiencia nueva.

-Me llamo Rubén.- me extendió su mano. La tomé y dije mi nombre

-Pues es un gusto, _____.- volvió a sonreír.

- Ahora, veamos...- buscó en sus bolsillos.- aquí tengo... 5 euros. Estas de suerte.- me guiñó un ojo y se acercó a mi. Me escandalicé. Nadie había estado así de cerca mio, o por lo menos, no que yo recuerde. Me le quedé mirando a los ojos, él hizo lo mismo. Entonces sus labios comenzaron a moverse...

-Necesito que te muevas solo un poco para que pueda meter el billete.- me sonrojé. Que tonta soy.

-Claro.- sonreí y me hice a un lado. Ruben, metió el billete y sacó un paquete de Gansito Marínela y me lo entregó.

-Toma.

-Gracias.- dije bajando de nuevo la cabeza y jugueteando el gansito.

-Bueno, me tengo que ir. Mi doctor se debe de esta preguntando que en dónde estoy.- puse una sonrisa tonta y comencé a caminar a mi habitación.

-Hey, espera.- era Ruben.- Mañana, aquí. A la misma hora, ¿De acuerdo?- voltee a verlo y asentí con la cabeza una vez. Movió sus labios en un "bien" y sonrió. Volví a avanzar viendo al frente cuando dijo, como si se le hubiese olvidado.

-No me rompas el corazón.

Me detuve por un segundo, pero volví a caminar en seguida. Me ruboricé. Aquello era nuevo para mi. Y me gustaba.

Llegué a mi cuarto y volví a recostarme y colocarme el suero. Solo pensaba en mañana y en conocer a aquel chico tan majo.

Desperté.

Destinados. (Ruben y tu).Donde viven las historias. Descúbrelo ahora