Hyeonsu/ Yeon/ Munseong x OC‼️
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De todos los lugares en el mundo, Aiko nunca pensó encontrar a su primer crush en la comisaría esperando junto a ella a por que tomen su caso. Ciertamente ninguno de los dos eran una buena influencia para el...
—Mi entrenador dijo que no puedo comer ese tipo de cosas...— Aiko pareció enrojecer de la furia. —Puedes comertelas tu.—
—¡Munseong maldito bastardo! ¿¡Y se te ocurre decírmelo después de comprarlas!?— sostuvo en una mano la bandeja con papas fritas cubiertas en salsa de cheddar y con la otra golpeó "suavemente" el pecho del pelirrojo frente a ella, ciertamente no fue suave, la chica no sabía controlar muy bien su fuerza. —¡Te las vas a comer aún si tengo que metertelas por el culo!— Se lo topó por ahí paseando, ninguno de los dos tenía planes realmente, a Munseong le gustaban las cosas dulces y estaba allí buscando un nuevo sabor de helado que lanzó una heladería cerca de allí, Aiko solo quería estar fuera de su casa.
—No maldigas tanto.— murmuró suspirando y tomando una de las papas fritas para calmar la ira de la chica a su lado, ella pareció contenta con eso. Comenzaron a caminar por alrededor del parque sin entablar una conversación. —Vi que te tatuaste.— dijo el despues de un incómodo silencio.
—Y tu te teñiste el pelo.— respondió ella mientras masticaba una papa, le resultó curioso como parecía que el quería iniciar la conversación. —¿Cómo han estado las cosas?— preguntó mirándolo de reojo sin querer incomodar, no era un tema delicado, el no lo hacía ver cómo uno pero Aiko sabía que no era normal que un adolescente pierda a toda su familia y tenga que salir adelante por si solo, lo sabe porque ella pasó por lo mismo. Ella tubo el apoyo económico de su tio más no consiguió ninguna clase de apoyo emocional de parte de el, munseong logró obtener dinero trabajando en construcción y aunque no lo pida, tendrá apoyo emocional de parte de Aiko. —Se que ya estás bien, o eso me has dicho, pero si necesitas un lugar donde descanzar... Ya sabes, cuentas conmigo... Ugh, me escuché asquerosamente cursi.— agitó su mano libre como tratando de quitarse lo "cursi" y después rió mirando al pelirrojo. Una pequeña sonrisa surcó por milisegundos la cara del alto chico a su lado.
Aiko se sorprendió dramáticamente, alzó sus cejas y abrió su boca en forma de o. —¡¿Sonreiste?!— El pelirrojo pareció asustarse por un momento, rodó los ojos y hizo su mejor esfuerzo por no volver a sonreír solo para llevarle la contraria a la pelinegra. —¡Estás evitando mis ojos porque sabes que si lo hiciste! ¡Jaja, te hice reír!— lo tomó del brazo y lo agitó frenéticamente mientras continuaba riendo. Finalmente Aiko lo logró, el soltó una suave y contenida risa que llegó a los oídos de Aiko, en las mejillas de Munseong floreció una muy ligera tonalidad carmín, finalmente terminó su carcajada con una sonrisa avergonzada, aún evitaba la mirada de la chica la cual mantenía sus ojos clavados en el. —Woah... Eres lindo.— dijo descaradamente antes de volver su vista a las papas en su mano y sacar un par para comerlas. —¿Dónde estás viviendo? Pienso que quizás debajo de un puente.—
Continuó caminando dejando atrás a un paralizado y confundido pelirrojo, lo había llamado lindo ¿Era eso verdad? Mientras Munseong tenía un revoltijo de pensamientos Aiko tenía un nuevo objetivo, ciertamente estaba en la lista de espera hacer rabiar a su amigo pero esta vez le daría prioridad a su nuevo objetivo, hacerlo reír más seguido.
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—¡Fue divertido! Ojalá volver a toparnos otro día.— se despidió Aiko caminando a la entrada de su casa, Munseong insistió en llevarla hasta allá y Aiko no se quejó.
—El me agrada mas que el criminal con el que te vi la otra vez.— dijo papá cuando ella ya estuvo dentro de la casa. —Invitalo a cenar.—
—¿De verdad puedo?—
—Acabo de decir que lo hagas, no preguntes una estupidez como esa. Ahora corre antes de que se aleje demaciado.— habló secamente el mientras se quitaba el delantal de cocina y lo colgaba en el perchero.
—¡V-voy!— salió de la gran casa dejando la puerta abierta detrás de ella y saltó ágilmente la reja, sin perder el tiempo corrió detrás del pelirrojo del cual aún podía ver su espalda a punto de doblar en la esquina y perderlo de vista.
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