Como seres humanos arriesgamos y fallamos, intermitentemente.Con nuestros padres
Con quien amamos
Con Dios
Con el Diablo
Con nosotros.
Como un ser, ingenuamente perverso, apostamos todo, sin temor a naufragar.La noche oscura cobijaba estrellas brillantes en sus cielos, así como el techo de la habitación del pequeño Jimin.
Mirarlas siempre había sido una especie de vicio, un pasatiempo, observar el falso brillo que salía de ellas, desear que fueran reales. Contar una a una, hasta que pudiera cerrar los párpados y quedarse dormido.Los ojitos, mojados por espesas lágrimas, que recorrían todo el rostro, hermoso y delicado, mostraban angustia.
Jimin odiaba sentirse así.
Su padre no le habló en toda la noche y le prohibió asistir a la iglesia, al menos esa noche. Y ahí estaba Park, solo, tirado ahí, culpándose a sí mismo.—Dios, desearía ser diferente.—la expresión extremadamente llorosa mostraba lo mal que estaba el pelirrojo.
—Yo no quería ser así…—dijo suavemente, sintiendo su garganta rasparse y las lágrimas intensificarse, era una cascada de sentimientos.
El soliloquio nunca había sido tan doloroso.
Se suponía que hablar con Dios era un momento de paz y bendición, pero se convirtió en una verdadera agonía.
Un sentimiento de remordimiento apretó su pecho.—Pero yo soy así, soy un error.—concluyó, cerrando con fuerza los ojos, redoblando el sincero llanto.
Su interior imploraba por perdón.
—Dios, yo sé que soy una abominación.—cubrió su rostro con sus manos pequeñas y gorditas, apretándolas.
No paraba de llorar y balbucear por perdón.
Si pudiese elegir jamás sería así, haría todo diferente. Le daría a su padre lo que siempre deseó, pero definitivamente no era capaz, no era el hijo de sus sueños.
Se volteó, enterrando el rostro en la blanca almohada, continuando con todo aquel llanto. El llanto fue amortiguado por el alifafe, por eso el pesado silencio estaba instalado por todo el cuarto.
Todo dentro de él gritaba, esta vez había ido lejos, demasiado lejos.
Imploraba por el perdón, pero por encima de todo, su corazón clamaba por el Diablo.Jimin estaba sufriendo, sufriendo porque su cura era el motivo de su enfermedad.
La limosina de color negro roll Royce, estaba llena de luces de colores, que destellaban simultáneamente, música excesivamente alta y bebidas de diferentes colores, sabores, marcas.
Las mujeres bailaban y disfrutaban de tal lujo, siempre sensuales, en un ambiente agudamente indecente.Jungkook parecía estar divirtiéndose, tenía una sonrisa ladina para la mujer que bailaba y se mostraba ante él. Completamente erotizada, se sentó en su regazo y se balanceó lentamente.
El Diablo vivía de la lujuria, no había nadie que pudiera resistirse a sus encantos.
Sostuvo la copa, etiquetada, llevándosela a sus finos labios, saboreando la bebida amarga.
La mujer de cabello largo y rubio estaba acariciando, nada inocentemente, la mandíbula de Jungkook. Ella lo miraba encantada, se estiró con la intención de saborear la boca ajena, tan atractiva.Jeon era un hombre deslumbrante y seductor, no solo por su bella apariencia o por todo su dinero, sino por la sensualidad que derrochaba en todo lo que hacía, despertando sucios e intensos deseos.
En una especie de impulso Lucifer desvió la cara, alejándose del beso que vendría, apartó a la rubia, sin fuerza.
Hoseok frunció el ceño, lo miró con disgusto y sorpresa.

ESTÁS LEYENDO
Caliente como el infierno
Fanfiction¿Alguna vez te has sentido aburrido o simplemente harto de la rutina? Así exactamente se sintió Jeon Jungkook, el señor del infierno se volvió sumamente infeliz y a su vez, dejó el infierno para disfrutar de las noches en California. Teniendo como p...