Las malas experiencias
nos hacen más fuertes
----------Alastor, parado frente al sol, vio morir infinidad de atardeceres, esperando a una mujer que no regresaría.
Dentro de la casa, su padre, un monstruo de alcohol como cualquier otro, golpeaba el televisor para que funcionara. Había construido una madriguera con botellas vacías, y volcando su odio en Alastor, estampando la frase "Se largo por tu culpa", en los oídos del chico. Él se llevó los puñetazos y patadas que ya no le tocaban a ella, él soportó los episodios violentas de borrachera que aún quedaban. Agazapado en su habitación, Alastor se imaginaba a sí mismo convertido en roca, una que resistiera el impacto, una que pudiera devolver el ataque.
Recordando todo en color y forma: una noche de luna somnolienta, su madre salió cautelarmente de la casa, como si temiese molestar al silencio con el sonido de sus zapatos. No volteo a mirarlo, las sombras no lo permitieron. El chico quiso creer que ella regresa dios en un momento, pero los años avanzando sin gracia, y el rostro de su madre se convirtió en un recuerdo deshilachado.
La luna solía decirle: " Vive un poco más, chico. Deja que tus puños y brazos ganen fuerza. Deja que la furia encuentre una válvula de escape".
*
Odalia ayudaba a su madre a cubrir sus moretones. También la asistís en la cocina, el platillo debía ser espléndido para que él no se pusiera de malas. Odalia, sin tantos años en su espalda, veía a su madre como una niña encaprichada con un cretino. Escucho pasmada mil confrontaciones, discusiones y bofetadas. Algunas noches, desde su habitación, oía los gritos y rugidos, ya fuesen de pasión o de odio. Él no era su padre, y en cierto modo, lo agradecía. Paso desapercibida para él hasta el día que necesito un sujetador, cuando sus piernas y caderas despertaron, cuando su mirada ya no proyectaba una niña, sino a una mujer.
Su madre no quiso creerle. Su madre, más que de tristeza, lloro de celos. La abofeteo engañándose a sí misma. En realidad no le reprochaba su supuesta mentira, le reprochaba el hecho de haber crecido. Odalia lo entendió después de un tiempo: su madre no iba a reaccionar. Y aunque las manos y lujuria de aquel hombre aún no habían logrado su cometido, era solo cuestión de tiempo.
*
En el ten número cuatro, Odalia caminaba en busca de un asiento. Con cada paso hacia delante iba tirando recuerdos. El rostro de desesperación de su padrastro parecía dibujarse en las ventanas, y aunque la rabia bloqueaba la ruta de sus lágrimas, era difícil seguir avanzando. Su vida y su mundo colapsarían en cuanto el tren comenzará su marcha, en cuanto ella dejará atrás su pueblo natal.Encontró un asiento disponible, y ése resultó ser un momento de lo más abrumador. La inquietó reconocer su propia mirada en los ojos de aquel chico con moretones, sentado en la butaca contigua. El mismo fuego en las pupilas que revelaba tener una misión, esa expresión que proclamaba que algún día regresaría al lugar que estaba abandonando en esos momentos.
Durante el viaje, Odalia trató de abrir una ventana, pero Alastor se le adelantó. Fue así como se inició una conversación casual y algo ácida, la cual se fue intensificando conforme el tren avanzaba. Los secretos y penas de ambos se iban escapando por las diminutas rejillas que dejaban la apalabras.
Y ahí estaba ellos: dos balas perdidas, que se acababan de encontrara...
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El fin de un capítulo de tu vida
es el inicio de otro más próspero
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Pérdida |toh| |siblingau|
FanfictionAntología de historias relacionadas con la furia, la pérdida y la violencia compactada en el espíritu humano. Los personajes son ficticios, pero sus acciones tienen pinceladas de realidad que traen consigo terribles consecuencias. Diversas historias...