Jamás desafíes la capacidad escrupulosa de Dios o del Diablo, pues hay una línea tenue y para ambos, cualquier castigo aún es pequeño.
El auto, un poco viejo, andaba con velocidad, dejando a Karen y Jimin aún más afligidos. Héctor mantenía una expresión nada agradable, se podía sentir el malestar volando en el ambiente, en un silencio angustiante,
El vehículo se detuvo, subiendo por la acera, hasta el inicio del garaje, que estaba cerrado. El reverendo salió del automóvil, cerrando la puerta violentamente, causando un estruendo.
Definitivamente Jimin estaba con miedo, asustado, su único deseo era evaporarse del lugar en el que se encontraba. Las ganas de llorar le causaban un nudo en la garganta, que le cortaba la respiración.
Por impulso corrió hacia el interior de la casa, pero fue interceptado con ímpetu.
El señor Park le lanzaba una mirada aterradora, ya conocida, le causaba una sensación horrible.Karen presenciaba todo en silencio, estaba dubitativa, pero no podía hacer nada contra su marido, por eso solo se mantenía cerca de Jimin, con la intención de pasarle alguna protección.
Entraron a la residencia, muy diferente para todos.
El pelirrojo aún era sujetado con fuerza, el reverendo agarraba su brazo con una presión absurda, era claro que quedaría una marca terrible en la piel sensible.Héctor continuó caminando, empezando a subir las escaleras, arrastrando a Jimin con brutalidad, no parecía importarle si lo lastimaba.
—¿A dónde vas con él?—Karen preguntó evidentemente desesperada.—¿Qué vas a hacer?—ella sudaba y temblaba, esforzándose para tomar la mano de Jimin.
—¡Cierra la puta boca!—soltó con rabia, fuerte y estresado.—¡La culpa de todo esto es tuya! Ni siquiera supiste educar a tu propio hijo. No sirves para nada.—gruñó rudamente cada palabra, mientras la miraba con una repulsión inigualable.—¿Para qué trajiste un hijo al mundo?
—¡Él también es tu hijo!—refutó.
—A diferencia de ti lo crié con amor, disciplina y moralidad. ¿Para él retribuirme con disgusto y vergüenza, siendo de esta forma, una aberración?—escupió las palabras sobre el rostro de su esposa.
Había odio desbordando de sus ojos, el sudor de su piel escurría y su respiración era cada vez más errática.
Karen se sentía frustrada, creía en su fracaso como persona, como mujer, como madre. Sus ojos estaban llenos de lágrimas. No era solo miedo, no era por ella, fue una forma de tristeza profunda, que golpeó violentamente su pecho y ninguna palabra podía ser emitida por sus labios, helados y pálidos.
Ella solo quería que él soltara a Jimin, que lo dejase en paz, temía de lo que podría ocurrir cuando esa puerta se cerrara y su presencia ya no fuese más una distracción, no fuese más un escudo, un segundo receptor de odio.
Ella amaba a Jimin y no le importaba como él fuera, era su hijo, y ella lo amaba.—Déjalo subir, por favor, querido. Permite que él reflexione sobre sus actos, por favor…—imploraba con voz quebrantada.
Su intención fue de pasar una sumisión retórica, una calma inexistente en sí misma, mientras se aproximaba lentamente.
Sin embargo, fue sorprendida por un brusco empujón de su marido, que la llevó directamente al suelo. El impacto fue tan fuerte que le causo un leve mareo.—¡MADRE!—Park gritó, a medida que lloraba más fuerte.
El pelirrojo intentaba soltarse, pero era en vano, el pastor continuó subiendo la vieja escalera.
Ambos pasaron por la entrada del cuarto de Jimin. Entrar a ese cuarto siempre había sido su refugio, pero no esta vez.
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Caliente como el infierno
Fanfiction¿Alguna vez te has sentido aburrido o simplemente harto de la rutina? Así exactamente se sintió Jeon Jungkook, el señor del infierno se volvió sumamente infeliz y a su vez, dejó el infierno para disfrutar de las noches en California. Teniendo como p...