ᴘᴀʀᴛᴇ ᴄᴜᴀᴛʀᴏ

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Cuando los fluidos del ojiverde terminaron de salir en mi boca distinguí el suave sabor del semen y su consistencia, no me desagradaba. Subí la mirada hacia él, quién me miraba expectante.

Estiró su mano hasta mi barbilla, obligándome a alzar el rostro.

—Traga.

Lo hice.

Su rostro se curvó en una sonrisa ladina y a mí me gustó mucho aquel gesto, pues Neith realmente era un chico atractivo quien gozaba de rasgos finos con el toque de masculinidad imponente que necesitaba. El cabello le caía sutilmente sobre la frente, a pesar de que su rostro solo estaba parcialmente iluminado, el perfil que poseía era casi tan digno de ser retratado.

Su mano bajó desde mi barbilla hasta el cuello, en donde lo apretó causando una sensación casi de asfixia moderada, en donde pierdes el aire por unos minutos y sumada la adrenalina presente en el cuerpo se asemeja a estar al borde de un orgasmo. 

—¿Qué es lo que quieres, Reen? —susurró, haciendo subir mi cuerpo con su mano en el cuello.— Dime qué es lo que deseas.

Quedé frente a él, a la altura de su corazón. Mi pecho subía y bajaba repetidamente tratando de volver a su temperatura regular. Lentamente recorrió con sus dedos el camino hasta tomarme de la mandíbula, apretándola. 

—Ya lo sabes. —mi voz salió en un débil tono.

—Te he hecho esperar bastante, ¿no es así? 

—Mucho. 

De su arnés sacó una navaja portada sobre un mango de madera oscura, la figura que tenía grabada en ella era un lobo con el signo de alfa. Cuando el filo despampanante rozó con la piel de mi mejilla produciendo cosquilleos, un salto punzante se hizo presente en mi estómago.

Neith lo notó y soltó un dejo de risa burlona.

—Mira nada más, ¿eso te gusta?

Iba a responder, pero recordando mi posición totalmente sumisa ante él fue imposible hacerlo, ni siquiera me lo permitía con la forma en la que sostenía mi mandíbula. Entreabrió mis labios haciendo presión en las mejillas y con la boca húmeda, suave y flameante me dejó un beso apasionante. 

Mis manos se dirigieron a las muñecas de él por inercia, profundizando el beso. Su lengua se abrió paso con la mía jugueteando en mi cavidad, dejando una que otra mordida en mis labios. Entonces, sus manos aumentaron la presión existente en mis mejillas al mismo tiempo en que el filo de la navaja rozó con el pómulo de mi perfil derecho, fue un movimiento limpio y rápido. La cara me comenzó a arder, no era una herida profunda, era un rasguño que empezaba a emanar pequeñas gotas de sangre. 

Su lengua se deslizó sobre la herida, dejándose saborear las tres gotas de sangre que corrían. 

Cuando reaccioné, pude notar que aquel acto que me tomó completamente por sorpresa me había resultado erótico y agradable. Demonios, todo lo que hacía Neith me gustaba y jamás me había imaginado haciendo algo así. 

—¿Estás lista? —su voz me sacó del trance.

—Sí. —susurré.

La navaja desapareció de mi vista y él me atrajo hacia su cuerpo en un choque contra su pecho. Sus grandes manos me rodearon el rostro con la intención de acercarse a mí, no me opuse, lo disfruté. Se arrodilló y casi en cámara lenta acomodó mi pierna sobre su hombro para tener acceso a mi vagina, su rostro se ahondó dentro de mí y jugó con su lengua.

Hubiera deseado que se quedara más tiempo, pero parecía que Neith también comenzaba a desear desesperadamente pasar de los tonteos. 

Se limpió el rostro con el dorso de la mano, se colocó en pie y encontré completamente inesperado cuando en un movimiento fugaz me pegó contra la pared y elevó mis manos. Sus dedos hicieron especial fuerza de afinidad en la zona de mis muñecas para que las dejara quietas. Su vaho y su respiración rozaba demasiado cerca la zona de mi oreja produciendo escalofríos de placer, mi desesperación aumentaba cada vez más y más con cada palpitación presente en el clítoris. 

En este punto, Neith ingresó sus dedos dentro de mí para masturbarme. Inició despacio, con calma, posteriormente dejó ir el dedo con más fuerza, hasta el fondo. Abrí la boca suplicando que no parara.

—Dios mío Reen, estás tan mojada. —su voz sonó agitada.— Di que eres mía. 

Tomó unos segundos para que pudiera recuperar la voz.

—Lo soy.

—Dilo.

—Soy completamente tuya. —agudicé. 

Se detuvo, me volteó con su antebrazo y  a unos pasos me dejó caer sobre la cama colgante. El suave edredón golpeó mi rostro cuando mi cuerpo estuvo acomodado, había confirmado; él estaba malditamente desesperado por follarme en ese momento. 

—Ven acá. —ordenó.— Abre las piernas, quítate la ropa... Sí, buena chica. 

Mis piernas ya estaban sobre sus hombros, sus manos acariciándolas de arriba abajo, su rostro complaciente al tenerme desnuda frente a él, sin pudor alguno.

Sonrió. —Te voy a follar tan bien que no vas a querer que alguien más lo vuelva hacer. 

Y sin previo aviso hundió su pene en mí. No fue difícil penetrarme, después de todo estaba tan chorreada que la primer embestida resultó completamente placentera.

Neith soltó unas maldiciones cuando terminó de entrar.

—Hazme tuya, Neith. —dije.

Su cadera entró en acción, los movimientos ondeantes que producía me dejaban tan llena y su pelvis rozaba mi clítoris, poco a poco aumentó la velocidad  y con ella la fuerza de sus embestidas. 

Las respiraciones agitadas, los cuerpos sudando, las sensaciones... todo era... ¿maravilloso? ¿grotesco? no, todo era irreal.

—¿Kat?

—¿Ah? —salí de mi trance. A mi lado estaba Aliah, con su cabeza rapada parecía que sus facciones eran aún más finas.

—Te estaba diciendo que el chico que está allá nos está mirando raro. —señaló con la barbilla.

—Lo siento, estaba disociando de la realidad otra vez.

Mis ojos enfocaron la dirección en donde había apuntado. Aquel chico de ojos verdes nos miró y seguidamente me regaló una sonrisa lasciva.

¿O no?



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⏰ Última actualización: Dec 01, 2023 ⏰

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El quinto clímax del infierno +21Donde viven las historias. Descúbrelo ahora