[006] ᴇꜱᴄᴀᴘᴀᴅᴀ

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05/09/2021

ALEXA

El ajetreo de Milán estaba comenzando a pesarnos. Entre compromisos laborales, eventos y las interminables cámaras siguiéndonos a cada paso, Agustina y yo sentimos que necesitábamos un descanso. No era solo un capricho; era una necesidad. No solo por nosotras, sino también por Nina, que, aunque era apenas una bebé, también sentía el ritmo agitado de nuestras vidas.

—Che, Agus, ¿y si nos escapamos unos días? —le dije mientras nos tomábamos un café en su departamento y mirábamos fotos antiguas de nuestras vacaciones familiares en Capri.

Agustina, con Nina en brazos, me miró con entusiasmo.

—No me digas dos veces, Ale. ¿Adónde? ¿Volvemos a Capri?

—¿Y si probamos Cerdeña? Tiene playas hermosas y, además, el Mediterráneo nunca decepciona. Podríamos darnos unos lujitos, como en los viejos tiempos.

—¡Sí, re! Además, Joaquín y Lautaro están full con los entrenamientos, y Nina ama el agua.

Fue así como en cuestión de horas organizamos todo. A la mañana siguiente, el 6 de septiembre, abordamos un jet privado rumbo a Cerdeña, llevando todo lo que Nina pudiera necesitar y algo más, porque no podíamos evitar ser excesivas. Nina estaba emocionada con todo, desde el avión hasta la llegada al resort, y Agustina y yo disfrutamos de un nivel de privacidad que solo podíamos soñar en Milán.

La llegada fue todo lo que imaginábamos y más. Desde el yate que nos trasladó hasta la villa privada, hasta los detalles del lugar: piscinas infinitas, vistas al mar y servicio exclusivo. Todo hablaba de lujo y comodidad.

—Che, ¿esto es demasiado, no? —bromeó Agus mientras Nina jugaba en una piscina infantil con juguetes que el resort había preparado especialmente para ella.

—Nada es demasiado para nosotras —respondí riendo, recostándome en una tumbona con un cóctel en mano.

Entre risas y comentarios sobre lo hermoso del lugar, decidimos hacer una pequeña lista de actividades. Entre ellas, un paseo por el pueblo cercano, que decían tenía boutiques exclusivas y una gastronomía imperdible.

—Esto es vida, Ale —dijo Agus, acomodándose en una tumbona junto a la piscina mientras Nina chapoteaba feliz en una piscina para niños—. ¿Por qué no hacemos esto más seguido?

Reí, estirándome bajo el sol.

—Porque nuestros novios nos extrañarían demasiado. Además, no podríamos manejarnos sin todo ese caos que nos encanta.

Al caer la tarde, mientras Nina dormía su siesta, Lautaro y Joaquín llamaron por videollamada. Nos acomodamos en la terraza con una copa de vino y el celular entre nosotras.

—¿Cómo está mi princesa? —preguntó Lautaro, mirando a Nina a través de la pantalla.

—Durmiendo como un angelito, Lau —respondió Agus con una sonrisa, apoyando su cabeza en mi hombro—. ¿Vos cómo andás?

Joaquín apareció en la pantalla con su sonrisa característica.

—¿Y ustedes? ¿Ya extrañan Milán o todavía están en modo lujo total?

—Estamos disfrutando, Joaco. Pero obvio que te extraño —respondí, sabiendo que Joaquín captaría mi tono juguetón.

—Yo también, Ale. Igual, no te olvides de volver, ¿eh? Milán no es lo mismo sin vos.

Pasamos el segundo día explorando las pequeñas calles del pueblo cercano al resort. Nina iba en su cochecito, feliz con un helado de limón, mientras Agus y yo nos dejábamos llevar por las tiendas exclusivas.

—¿Te das cuenta de que no podemos evitar gastar? —bromeé, mirando las bolsas que ya cargábamos.

Agus se encogió de hombros.

—Es parte del trabajo, Ale. Igual, lo estoy viendo como una inversión para mis ideas de negocio. ¿Vos qué onda? ¿Tenés todo listo para tu colección de maquillaje?

—Sí, pero siento que quiero expandirme más. No sé, meterme en moda también, quizás.

Nos detuvimos frente a una boutique y nos miramos.

—Ale, ¿y si lanzamos algo relacionado con deporte? Tipo ropa deportiva o rutinas de entrenamiento. Digo, estamos re metidas en eso, nuestras parejas son futbolistas… ¿por qué no?

—Me encanta la idea, Agus. Podríamos hacer una línea deportiva súper exclusiva y complementarla con entrenamientos virtuales. Algo que sea nuestro sello.

Con esa idea en mente, seguimos recorriendo las tiendas, comprando algunos regalos para Joaquín y Lautaro. Una camiseta edición limitada para Joaquín y unas zapatillas deportivas exclusivas para Lautaro fueron las elecciones ganadoras.

Los días pasaron entre relax y conversaciones profundas. En la playa, mientras Nina jugaba con la arena, Agus y yo nos dejamos llevar por recuerdos y sueños.

—¿Extrañás a mamá y papá? —le pregunté, mirando el horizonte.

—Obvio, Ale. Aunque estamos acostumbradas a estar lejos, hay días que me gustaría que estuvieran más cerca, ¿vos?

—Sí, un montón. Y pensar que ellos pudieron con siete hijos… Yo no sé si quiero una familia tan grande.

Agustina rió.

—Mirá que yo decía lo mismo, y ahora con Nina siento que podría tener dos o tres más.

—Yo quiero hijos, pero siento que Joaquín y yo estamos disfrutando tanto este momento que no sé si sería ahora el mejor momento, como para pensar en bebés.

—Yo decía lo mismo y mirá —respondió Agus, señalando a Nina—. Te cambia la vida, pero de una forma hermosa

Antes de volver a Milán, pasamos la mañana en la playa, despidiéndonos del paraíso. Joaquín me había dejado un mensaje la noche anterior, y lo leí mientras tomaba sol.

Mi amor❤️: "Espero que te la estés pasando lindo, reina. Pero no te olvides que en Milán hay alguien que te extraña muchísimo. No puedo esperar para verte. Te amo."

Mi respuesta fue rápida y sincera:

Yo: "Te extraño, gordito. Nos vemos mañana, prometo no soltarme de vos en días."

Y con esa promesa, supe que cualquier descanso siempre sería mejor si terminaba volviendo a él.

PAPÁ | JOAQUÍN CORREADonde viven las historias. Descúbrelo ahora