Capítulo 20

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—Sí, mi señor, solo estaba ayudando a May. —Respondió Malcolm. <<May>> Kendrick frunció el ceño, ¿Por qué se tomaba tantas confianzas con su esposa? — Está un poco desorientada porque es nueva aquí, llegó ayer ¿Sabe? —Explicó con total tranquilidad. Kendrick sonrió burlón.

—¿Cómo no iba a saber cuándo llega mi esposa? Es más llegamos sobre el mismo caballo. —se jactó. Se acercó hasta quedar junto a May.

—¿Su esposa? —dijo incrédulo.

De nuevo su rostro empalideció como si las pecas de su piel se hubieran caído una a una. Había vuelto a meter la pata, ¡Y de qué manera¡ Puede que el señor hubiera sido compasivo ante la ofensa de profanar su alcoba, pero intentar seducir a su esposa eran palabras mayores. Estaba seguro de que el señor conocía sus intenciones, su abuela siempre le decía que le delataba el brillo en los ojos cada vez se fijaba en alguna moza. Las piernas comenzaron a temblarle.

—Sí, mi esposa. —dijo agarrando la cintura de May. Miró al joven alzando una ceja incriminatoria.

—Vaya, que terrible confusión. —contestó Malcolm con ojos suplicantes y un leve rubor cubriendo sus pecosas mejillas. —Tengo mucho trabajo que hacer. Un placer conocerla señora. —hizo una pequeña reverencia antes de ir por la carreta y salir del establo a toda prisa. A Kendrick se le escapó una risilla.

—Buenos días. —dijo en un tono cariñoso hacia su esposa justo antes de depositar un rápido beso en sus labios.

Había esperado tanto ese momento para gritarle lo cruel que era, para arrojarle todo lo que encontrara a su paso a la cabeza, para abofetearlo sin control. Y allí estaba, embelesada por su presencia y presa del desajuste que le producía en su cuerpo. Ya que no se sentía capaz de llevar a cabo sus amenazas, debería haberlo ignorado, darse media vuelta y salir del establo. Pero no, el magnetismo de Kendrick la paralizó, deseando incluso su cercanía. Al menos se sentía orgullosa de no haber respondido al beso con pura pasión como demandaban sus entrañas.

—Buenos días. —contestó estoica. Su frialdad no fue inadvertida para Kendrick, quien la observó con el entrecejo levemente fruncido.

—¿Estas bien? —<<Oh sí todo lo bien que se puede estar casada con un mentiroso>> Ella lo miró furiosa, ¿Cómo se atrevía? —¿Malcolm ha hecho algo indebido? —insistió ante el mutismo de May. Los ojos oscuros lo miraron con indignación, mientras que sus labios dibujaban una perfecta o.

—¡Por supuesto que no! —contestó indignada. ¿Ahora era él el indignado? ¿Ahora le molestaba que un chico coqueteara? ¿Cuándo él había sido capaz de encontrar una amante nada más llegar a su nuevo hogar? ¡Y en sus propias narices! — Malcolm es mucho más caballero que tú, Kendrick. —Le espetó pronunciando su nombre como un escupitajo.

Kendrick le ofreció un gesto de total confusión. ¿Pero qué demonios estaba pasando? ¿Por qué le hablaba de esa manera? No entendía nada en la reacción de May. Hace un momento estaba totalmente calmada, había pasado del mutismo absoluto al enfado en cuestión de segundos. ¿Tanto le había ofendido que dudase de Malcolm de aquella manera? Bueno, ella no lo conocía como él, quizás tuviera una imagen intachable del muchacho.

—No quería ofenderte. —contestó afectado. —Solo me preocupaba por ti. —aclaró. Intentó posar su mano sobre su brazo pero ella se alejó dando un paso atrás. Kendrick la observó descolocado.

—Pues ya ves que no tienes nada de lo que preocuparte. —contestó altiva. —Ahora que he comprobado que Dana está bien atendida, tengo que irme a atender mis labores como señora. —dijo con retintín antes de pasar por su lado en dirección a la salida. —Seguro que también tienes asuntos que atender. —<<oh amantes que atender>> pensó.

Tierra Salvaje | Saga Salvaje I Donde viven las historias. Descúbrelo ahora