Mi pie fue mejorando día con día, aunque no sucedía lo mismo con mi humor, el cual iba empeorando poco a poco. Suponía que Melissa y Franco creían que mi mal humor era resultado de mis dificultades de movimientos (aún no me acostumbraba a usar la muleta e incluso con la mejora mi pie se sentía bastante rígido), pero en realidad era producto de la culpa. Me sentía culpable por alejar a un hombre de su hogar y su familia. Franco y Melissa habían intentado negármelo al principio, inventándose excusas más o menos verosímiles sobre su ausencia en la casa. Sin embargo, con el tiempo el verdadero motivo se había hecho obvio: Alfa evitaba la casa por mí. Ya fuera porque temía que lo reconociera o por alguna otra razón, el hombre lobo de pelaje rojizo no deseaba verme a mí.
—¿No tiene que ver conmigo? —le pregunté incrédulamente a Melissa un día a finales del mes en que ella volvió a negarme que la ausencia de Alfa se debiera a mi presencia—. ¿Entonces por qué tienes que llevarle la comida fuera en lugar de que él coma con nosotros?
Mientras le decía eso le señalé los moldes en los que estaba poniendo raciones de comida para llevárselas fuera, donde Alfa se encontraba en algún punto indeterminado del bosque.
—Pues sencillamente porque él tiene muchas cosas que hacer afuera y para ahorrarle tiempo le llevo la comida donde se encuentra —me respondió Melissa sin voltearme a ver.
Aquella excusa me parecía estúpida. ¿Qué tanto podía estar haciendo un hombre que se alimentaba de la caza que conseguía con su compañero hombre lobo de noche y de los vegetales que una mujer cultivaba en la pequeña huerta detrás de la cabaña? No creía que hubiera muchos deberes que hacer en una situación como esa. Y aunque los hubiera, ¿por qué los hacía él solo sin ayuda de Franco o de Melissa?
—Si eso es cierto entonces quiero acompañarte a entregarle su comida —expresé firmemente.
Con aquella declaración logré que finalmente mi nueva amiga volteara a verme. Su rostro mostraba una estupefacción total. No obstante, no dejé que su expresión afectara mi resolución. Había hablado en serio sobre ir con ella a ver a Alfa.
—Si es cierto que su ausencia en casa no tiene que ver nada conmigo quiero oírselo decir a él mismo —exclamé con decisión—. Supongo que no habrá problema, ¿verdad?
—Pues... —comenzó a decir nerviosamente Melissa.
—Creo que deberías darle la oportunidad a Alfa de que se prepare —nos interrumpió Franco.
Volteé a ver al licántropo que nos acompañaba. Él también se veía nervioso, pero no tanto como Melissa. Quizás sí más decidido.
—¿Me estás diciendo que le dé una oportunidad para que se invente alguna mentira? —inquirí yo levantando una ceja.
—No —respondió Franco tranquilamente—. Solo digo que Alfa tiene derecho a la privacidad y a decidir cuándo quiere verte.
Aquella respuesta me parecía sensata, sobre todo si mi teoría sobre la personalidad de Firenze era cierta. Si era verdad que Alfa era alguien famoso en otro tiempo en la capital del reino resultaría obvio que no estaría muy dispuesto a dejarse ver por uno de sus conciudadanos sin más.
—Propongo que Melissa le diga a Alfa que quieres verlo cuando le lleve la comida el día de hoy y que él diga cuándo está dispuesto a que se vean —sugirió Franco con tiento—. Una fecha lo más próxima posible, ¿te parece?
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Moon Revenge
WerewolfHace 10 años Giraud conoció a un hombre al que no puede olvidar. Ahora, en un intento por olvidarse de él y encontrar un sentido de vida del que ha carecido desde que tiene consciencia, él ha partido en un viaje hacia los bosques de la corona del su...