CAPÍTULO 39

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"TENGO UNA BUENA EXPLICACIÓN"

Tendría que estar jugando con sus amigos... no aquí, con guantes de boxeo y apunto de enfrentarse a Roch...

Sus ojos grises se unen con lo míos en un momento, pero aparta la vista rápidamente con la cara un poco distraída.
Y no quiero imaginar mi cara.

Se me estruja el corazón al ver su mirada de culpa cruzarse con la mía en un momento.

Y luego las mentirosas somos nosotras.
Tendrá una buena razón.
Y la tiene que tener o se va a quedar sin descendencia.

—¿Zack?— murmura mi hermano junto a mi. No digo nada solo me contengo de no pegarle al primero que me encuentre.

Suena un tipo de timbre que indica el comienzo de la pelea. Por los movimientos que hace Zack, a comparación de los de su contrincante se que ganará Zack.

—No quiero verle, me voy al coche.— murmuro a mi hermano que mira a Jack junto a mi.

Me dispongo a pasar entre la multitud y siento la mirada de Zack quemarme el cuello.

—No hace falta que vinieras— respondo borde subiendo las escaleras.

—Tu hermano me pidió el favor.— contesta a mi lado.  Esquivo unos cuantos borrachos y voy al coche, pero no traje la llave por que soy idiota.

—¿Tienes tu camioneta?— preguntó y él asiente, me lleva hasta ella y entro en la parte trasera, Jack me imita y se sienta a mi lado, prende la calefacción y lo agradezco.

—Te quería pedir perdón por lo de la otra vez, solo que estaba un poco llevado y encima no había tenido un buen día— empieza con las excusas.

—Vale, no pasa nada. Todos tenemos días malos— miro por la ventana, las gotas que empiezan a caer, el cielo está en un tono rosa-anaranjado muy bonito

—Los atardeceres siempre me han recordado a ti— comenta acercándose un poco a mi.

—¿A mi?— preguntó entre confusa y fría.

—Por los colores rojos y rosas—

La ha cagado a lo grande.
A lo gigante

—Aj— digo y le miro de reojo, veo como se tuerce los dedos nerviosos sin saber que decir.

—La he cargado, ¿no es así?— pregunta y se me escapa una risita.

—A lo grande— asiento con la cabeza.— Para empezar, odio el rosa y todo lo que provenga de él— me cruzo de brazos.

—Creía que a ti te gustaba el rosa, como a Mia—

—Mia y yo somos distintas, yo soy todo lo contrario a ella. Así que no me vuelvas a comprar con esa arpia.—

—Vale, cada vez que intento arreglarlo la cago aún más— se  pasa la mano por el pelo un poco exasperado y nervioso.

—Mejor déjalo estar.— vuelvo mi vista a la ventana y veo como las gotas caen en el ventanal.

—¿Me podrías dar una segunda oportunidad? Te juro que ese chico que viste en el parque no soy yo... déjame mostrare quien soy realmente— me coge la mano.

—Te doy un recreo para estar conmigo. Odio las personas falsas.— digo y en sus ojos aparece un rayo de esperanza. Suelto la mano disimuladamente y unos golpes en el cristal me hacen mirar la ventana.

Y me encuentro con aquellos ojos grises y su pelo castaño claro pegándosela a la cara por la lluvia.

—Necesitamos hablar.— escucho entre la lluvia y el cristal que nos separa.

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