VI. EL LADRON DEVOTO
Este era un ladronzuelo que prefería robar
antes que ir a la Iglesia y antes que trabajar.
Sólo así conseguía su casa gobernar.
pues la mala costumbre no lograba dejar.
Si tenía otros vicios, eso no lo sabemos.
y no estaría bien que lo vituperemos,
salvo por lo ya dicho. Nosotros pretendemos
que lo perdone Cristo, el Dios en que creemos.
Pero entre sus pecados tenía una bondad.
virtud que le valió salvación de verdad.
Creía en la Gloriosa de buena voluntad,
a la que saludaba como a la Majestad.
Rezaba la oración de la Virgen más pura
postrado ante la imagen de su santa figura.
Con el AVE, MARÍA de la Santa Escritura,
la salvación de su alma él creía segura.
Como quien mal camina en mal ha de caer,
la justicia lo tuvo al fin que sorprender.
No fue posible entonces poderlo defender
cuando fue sentenciado en horca perecer.
Lo llevó la justicia por una encrucijada
en donde mantenían aquella horca alzada.
Le vendaron los ojos de manera esmerada
y lo alzaron de tierra con soga bien trenzada.
Lo levantaron alto todo lo que quisieron
hasta que sus verdugos por muerto lo tuvieron,
que si hubieran sabido lo que después supieron
jamás le habrían hecho todo lo que le hicieron.
Nuestra Madre Gloriosa, experta en socorrer,
que sabe a sus devotos en sus cuitas valer,
quiso a este condenado mostrarle su poder
recordando el fervor que él solía tener.
Puso bajo los pies del hombre condenado
sus dos manos preciosas donde estaba colgado.
Así, en ningún momento el reo sentenciado
dejó de mantenerse cómodo y descansado.
Después del tercer día, vinieron los parientes
a descolgarlo junto con los demás dolientes,
mostrando en sus semblantes esas huellas patentes
del hondo sufrimiento que roía sus mentes.
Sin embargo, lo hallaron muy alegre y sin daño,
como si reposara en la sala de baño,
pues dijo que en sus pies él tenía un escaño
que le permitiría quedarse así hasta un año.
En cuanto sus verdugos aquello comprobaron,
que el lazo estaba suelto solamente pensaron.
No haberle degollado, mucho se lamentaron,
privándose de un gozo del que jamás gozaron.
stuvieron de acuerdo todos en su mesnada
en que hubo algún error al hacer la lazada,
pero ahora lo harían con la hoz o la espada
para que la ciudad no se viera afrentada.
Fueron a degollarlo los jóvenes aldeanos
más ágiles e idóneos, con sierras de artesanos;
pero Santa María puso sus santas manos
entre cuello y garganta, hasta dejarlos sanos.
Cuando vieron que nada lo conseguía herir
porque la propia Virgen porfiaba en impedir,
el pleito abandonaron resueltos a partir
hasta que Dios quisiese pcrmitirle vivir.
Lo dejaron en paz para seguir su vía
y no contradecir a la Virgen María.
El mejoró de vida; olvidó su insanía
y vivió sanamente hasta su último día.
Debemos bendecir de plena voluntad
a la piadosa Madre en su benignidad,
que entre buenos y malos derrama su bondad.
Los que la bendijeron tendrán prosperidad.
La conducta Materna y la del que parió
siempre son semejantes, como se comprendió.
Cristo, a salvar a todos por igual descendió.
Asimismo, la Virgen todo ruego atendió.
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