Los Madrigal son una familia dentro de Encanto, pero no una más, no una cualquiera. Son una familia de gran corazón, con un servicio ferviente para con su comunidad, dispuestos y atentos a todos, pero hay algo más que los caracteriza y no sólo por ello.
Hace algunos años atrás, precisamente cincuenta, Alma y Pedro eran dos almas gemelas que vivían en las comodidades de la naturaleza colombiana, se prometían vida eterna estando juntos y sus pequeños trillizos, de tez morena. Los bebés resplandecían en sus vidas, parecía que recién estaban comenzando una etapa parental plena. Había proyectos y se veía un futuro prometedor entre los cinco.
Sin embargo, una noche calurosa de verano, el pueblo se vio atacado por unos invasores, que venían a robarlo todo. Casas, pertenencias, paz, calma, y todos los sueños aldeanos...
Alma y Pedro corrieron a más no poder, atravesando arroyos y sujetando firmemente a sus niños, hasta que... Una sombra. La sombra de un caballero, con una espada, un sombrero poderoso, y una capa color rojo sangre. Pedro, sin titubear, se deslizó de entre las piedras para defender a su familia. Fue un ataque feroz, pero en dos golpes, el hombre tiro al caballero e hirió a otro, que venía de un costado escondido. Éste último yació inconsciente entre las piedras y el agua que arrastraba su sangre.
- ¡Cornelio! – gritó el caballero ya sin espada y apresado por Pedro. Cornelio no respondía, todo hacía pensar que simplemente dormitaba herido.
Parecía que Pedro tenía la batalla ganada, hasta que un soldado de forma inminente, por detrás, lo atacó y atravesó su espada por el cuerpo del pobre hombre. Alma no alcanzó a advertir. No alcanzó a gritar. Lo que presenciaron sus ojos la dejó muda y llena de angustia. No podía modular una palabra, solo se hallaban sollozos y lágrimas en un arroyo que iba creciendo más y más en cantidad de agua. No se pudo advertir quién fue, pero de tanta angustia presente no se oyó más...
Valentina, una joven aldeana que vio a Alma en el piso con sus niños, la alcanzó para ayudarla, hasta que... una luz amarilla resplandeció en medio de ellas, levantando plantas, montañas, hierbas y aguas. Los soldados que aún venían en camino para atacar a los demás, desaparecieron, como polvo al aire. Valentina cubrió sus ojos en la espalda de Alma, y ésta cubría su rostro con los niños. Se escuchaba un estruendo, rocas moviéndose, plantas creciendo, hasta que se escuchó la nada misma. Aves volando, el agua correr pacíficamente... Todo se convirtió en un lugar aún más bello y, a su vez, natural y seguro. La joven miró a Alma, preguntó.
-¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?- Alma seguía sin responder, pero ahora asombrada por lo ocurrido. Donde estaba el cuerpo de Pedro, se hallaba una vela, perfectamente tallada, con flores y mariposas.
-Pedro... - dejó salir aire de su boca pronunciando su nombre. Miró a sus niños, los besó. Miró atrás, estaba toda la aldea, los sobrevivientes, mirándola. Pensó que fue un milagro haberse salvado de tan salvaje y atroz ataque. Pedro fue ese milagro. Alma emprendió camino con los aldeanos, para reconstruir sus hogares. Valentina, que había quedado huérfana, se ofreció a ayudarla. Ambas fueron grandes amigas, como hermanas, fueron la cabeza para ayudar a organizar sus casas y que todos renacieran en ese pueblo.
Un hombre muy malherido apareció entre las hierbas, se quitó todo el uniforme, y veía la sangre pasar en las aguas. Sin camisa ni botas, se acercó donde estaban los demás. "¡Ayuda!" gritó vagamente. Valentina y un jovencito lo ayudaron.
- ¿Cómo te llamas? – preguntó el joven.
- Co... - pensó el hombre – Cristóbal. – cambió su nombre, pensando que lo podían apresar.
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Hasta Nuestro Último Día
RomanceLucas, el hijo de Dolores, está a punto de escribir una novela romántica. Antonio, su tío, lo ayuda contando una historia que él conoció y vio en vida propia y cómo sufrió hace diez años...Un amor imposible pero poderoso nació entre dos personas de...