Lo problemático de una confesión

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Kyojuro Rengoku es un hombre apasionado. Es atlético, tiene suficiente energía, su apetito voraz mantiene la llama de su corazón ardiendo. También es un hombre joven, bien parecido, demasiado inteligente y un buen partido a pesar de ser omega.

Aunque eso último no era una maldición, más bien un beneficio, pues en más de una ocasión a callado personas que quieren aprovecharse o burlarse de él. Aunque no pareciera, gustaba de aplastar a gente que se cree superior solo por tener un nudo en la base del pene; ya fuese académica o físicamente. Y siempre lo hacía con una fría sonrisa.

Pero, a pesar de todas sus virtudes, su gran defecto lo descubrió hace no mucho. Es torpe sentimentalmente.

Tal vez es porque su destinado le hace dudar, y tal vez es porque quiere ser egoísta, pues lo que más anhela es que Akaza sea quien confiese sus sentimientos, que tome su papel de alfa y le exprese su amor.

Porque, aunque demuestre que es un omega independiente, Kyojuro Rengoku desea ser tratado dulcemente. Sí, gusta de esa autonomía, pero también quiere que le lleven flores y chocolates.

Quiere ser cursi, ir a citas, caminar de la mano de su pareja, besarse a la luz del ocaso, casarse y tener tres cachorros; pero para eso, su destinado tiene que madurar.

Y verlo lleno de glitters no era precisamente maduro de su parte.

Había llegado al salón, y lo primero que vio fue la cabellera de Akaza más brillosa de lo normal. Atrás de él estaba Hakuji, con cara de pocos amigos; en el centro del salón Ume chillaba a su hermano, queriendo venganza contra los del CDLI, pues al parecer por su culpa habían estropeado un producto que aplicaba brillos a las uñas.

Kyojuro quería ahorrarse los detalles, pero en una rápida inspección tal parecía que los hermanos Soyama fueron los más afectados por la brillante explosión.

—Profesor, ¿podemos ir a limpiarnos?

Los ojos de Rengoku se abrieron de golpe, ¿había escuchado bien? Akaza, su Akaza le dijo profesor, eso le había dejado confundido. Por un lado, estaba feliz de que al fin lo respetara como docente, por otro, sentía que esa unión de destinados se perdía.

—Por supuesto joven Akaza. No tarden por favor. Daré un aviso importante.

Con una silenciosa reverencia ambos hermanos se alejaron.

De repente Kyojuro no sabía qué hacer, ¿debería de preocuparse por su destinado? Esperaba no estar exagerando las cosas.



Definitivamente algo pasaba.

Una semana, una maldita semana es lo que Akaza llevaba evitándolo. No hacía contacto visual, evitaba caminar por el mismo pasillo que él; incluso durante clases, cuando le preguntaba algo, su destinado se limitaba a responder lo más rápido posible para evitar mantener la conversación tanto tiempo.

Estaba comenzando a irritarse.

—¿Por qué tan molesto? —Uzui se encontraba revisando un par de trabajos de los chicos de segundo.

—¿Quién está molesto? ¡Estoy mejor que nunca! —Rengoku sonrió, en su mano el lápiz que sostenía fue partido a la mitad.

Uzui reventó la burbuja de chicle que estaba haciendo. Algo le molestaba a su amigo, y sabía que era culpa de un alfa. Siempre que eso sucedía ponía esa sonrisa forzada. Así que no tuvo opción, el albino sacó su celular y marcó rápidamente uno de sus contactos.

—¿Hola? ¿Senjuro? Está pasando de nuevo. Sí, sí. Tu hermano está enojado. ¿Las nichirin? No, mejor a la policía, la última vez casi se pelea con un yakuza.

Idiotas en la escuelaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora