53. JUSTICIA

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HUERTA

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HUERTA

Si Mendívil piensa que por entregarme su cartita voy a desistir de encerrarlo, está muy equivocado.
Ya llegó Joel. Veamos que noticias trae del médico.

—¿Y bien?

Con un gesto indescriptible, Trejo me entrega un folder.

—Es cierto, está desahuciado. Cáncer de páncreas etapa cuatro. Me sorprende  que siga caminando. Qué poco le duró el gusto a mi Lady, ¿no? Eso sí, se va a quedar libre y forrado en billetes para vivir su vida loca.

—¿Y tú cómo lo sabes? —cuestiono sin apartar la vista de los documentos.

—¿Y tú crees que no? Claro, menos toda la feria que gastó en ese timorato mientras estuvo en el bote. Ah, y en los sobornos para los jueces. Debió invertirlo mejor en un tratamiento, ¿no crees?

—Tal vez cuando lo descubrió, ya era demasiado tarde.

—Ah, pero le dio tiempo de mandar a la Davina pal barrio de los acostados.

—¿El qué...?

—¡Uy, la fina! Olvidaba que tú eres de la high y no sabes de ese tipo de léxico.

—No seas payaso.

—Sí que debe querer mucho a su lady. Lo saco de la pobreza, lo mantiene y todavía lo exonera del delito por el que estaba siendo investigado. Le debe haber dado agua de calzón, porque eso no es normal.

—Se llama amor, compañero. A veces uno cree qué no existe, porque son cosas que no nos pasan, ni nos pasarán nunca a algunos, pero entonces un día, conoces a gente así.

—¿Y te puede? La neta, Huertita, ¿te puede que tú escritorcillo prefiriera a un vato qué a ti?

—Joél...

—Acá, cómo compas.

—Yo nunca he estado en la terna, Joél.

—¿Y lo vas a meter a la cárcel? Digo, ya tienes una declaración firmada y hasta en video.

—No me gustaría, pero es algo que se debe hacer. Es lo correcto.

—Sánchez no te lo perdonará. Meter a la cárcel a su amors, mientras que los desgraciados que asesinaron a la doñita, siguen libres...

—¿Y qué quieres que haga? ¿Qué hay de Davina Gascón? Ella fue la víctima, Joél y a nadie parece interesar su muerte. ¿Por qué? ¿Porque no era millonaria? ¿O famosa?  A riesgo de sonar como esa insoportable mujer con la que estabas saliendo, debo reconocer qué en eso tenía razón.

—Supongo que te refieres a la licenciada Peters. Es cierto. Pero, ¿por qué nadie reclamo el cuerpo? ¿No tenía familia?

—Están todos fuera de México y al parecer, son migrantes ilegales. No podían venir.

ELE (Versión Extendida)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora