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—¡Giraud ha desaparecido!

Aquella expresión me trajo de golpe al mundo de la vigilia. Durante un instante me sentí sumamente confuso. Era la confusión propia de cuando te acabas de despertar sumada a la que me produjo escuchar esa frase. Porque yo era Giraud, y si estaba ahí no podía haber desaparecido.

Sin embargo, pronto esa confusión quedó hecha a un lado cuando el lugar donde reposaba mi cabeza se movió y algo parecido a un gruñido provino de la cobija sobre la que tenía la cabeza reposada. Al menos yo creía que debía ser una cobija, pues era suave, calientita y bastante cómoda.

Al final terminé por levantar la cabeza confundido para encontrarme con un par de ojos oscuros clavados directamente en mí. El rostro que los acompañaba era un rostro lupino que me hizo quedarme congelado en mi sitio. No de miedo, no, sino simplemente como cada vez que me topaba con Alfa.

—¡Oh, bueno, creo que debería irle a decir a Melissa que no se preocupe más! —comentó la voz de Franco desde unos metros por detrás de mí.

Oí los pasos del hombre lobo alejándose, aunque apenas les puse atención.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Alfa con una voz que me produjo escalofríos, si bien su tono era calmado y con un deje de preocupación por mí.

—Creo que caminé dormido —confesé con la voz temblando.

Sí, eso me había pasado. Hasta donde yo sabía, no me solía ocurrir muy seguido, y según las pocas personas que me habían visto hacerlo solo caminaba un poco para después regresar a la cama y recostarme nuevamente. ¿Por qué en aquella ocasión había terminado encima de Alfa? Sí, porque lo que había tomado al principio como una cobija en realidad era el pelaje del licántropo. Yo me había acomodado con toda confianza sobre el cuerpo del hombre lobo de pelaje rojizo.

Algo parecido a una sonrisa lobuna se insinuó en los labios de Alfa. Yo no pude hacer más que regresarle el gesto, aunque no estuve muy seguro de hacerlo bien.

—Creo que es mejor si vuelves a la habitación dentro de la cabaña —apuntó Alfa con calma—. Quizás todavía puedas dormir otro poco antes de que amanezca.

—Claro —contesté comenzando a ponerme en pie—. Me dijiste que este es el cobertizo de al lado, ¿verdad?

—Exacto —respondió Alfa entre sorprendido y complacido.

—Bueno, entonces supongo que... hasta luego —apunté. Había querido decir hasta mañana, pero en realidad no tenía idea de cuándo volvería a ver a Alfa.

—Ten cuidado —me pidió él con su grave voz.

Al salir al claro me costó un momento orientarme. Todo se veía tan mágico iluminado con la luz de la luna y las estrellas que por un momento creí que seguía soñando. Después de todo, había logrado hablar con Alfa sin sentirme desvanecer, ¿no? Quizás sí había sido un sueño, pero si eso era pensaba guardarlo en mi interior. De repente, me parecía mucho más lindo haber despertado recargado en el hombre lobo que el haber soñado anteriormente con que Marco me protegía.

Moon RevengeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora