Capítulo 25 | Jordan

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Estoy en la parte de atrás del bar, en el callejón al teléfono cuando Esther sale con dos bolsas de basura y me sonríe.

Pero no estoy de humor para poder regresarle la sonrisa con el mismo entusiasmo.

—No, Mollie. June no puede tomar jugo de piña. Te lo dije el primer día que llegaste a casa.

Mollie, la niñera de June, puede que hoy haya cometido la mayor atrocidad de no haberme llamado.

Ha transcurrido una semana desde que entré al bar y una semana que lleva cuidando de June, pero todavía parece no aprenderse lo importante. Yo he comprado un pizarrón y he escrito con pilot permanente la misma lista que mi padre me dejó el día que me pidió hacerme cargo de mi hermano, pero Mollie parece no poner reparo alguno en la pizarra que está justo en la puerta de la nevera. Sí, en la cocina, en el lugar donde probablemente ella pasa la mayor parte del tiempo.

—¡Oh! Dios, Jordan, es verdad —se lamenta—. Esto no volverá a pasar. Lo prometo.

Eso espero, Mollie. Eso espero.

—Claro. Tengo que colgar, Mollie. Estoy en turno ahora mismo.

No espero a que responda algo. Simplemente cuelgo y recuesto mi espalda al muro de la escalera.

Esta semana ha ido bien, para ser honesta. Puede que mi relación con mi padre haya mejorado al menos a un diez por ciento, y eso es decir verdaderamente mucho. Y June finalmente ha entrado al equipo de T- ball infantil. Su primer entrenamiento fue un desastre, pero June es igual a papá. Es terco como una mula, pero al menos es persistente como su hermana.

Para ahora ya estoy muy acostumbrada y familiarizada con el bar y mis compañeros de trabajo. Trevor es muy ocurrente y siempre tiene historias qué contar o chistes malos qué decir. Es imposible aburrirse si él está cerca, pero a veces tengo la ligera sospecha de que puede estar insinuando algo más.

¿Qué tanto sabe sobre lo que pasó conmigo y con Kurt? ¿Qué tanto le ha hablado Kurt de mí a Trevor? ¿Por qué Trevor siempre me mira con complicidad como si supiera mi más sucio y oscuro secreto?

—Oh. Aquí estás.

Kurt está bajando las escaleras ahora mismo. Trae el pañuelo blanco en el hombro y su típica camiseta blanca con vaqueros negros y botas.

—Ya estaba por entrar —levanto el móvil—. Era la niñera.

—¿June está bien?

Asiento con la cabeza. —Sí, lo está. Pero no sé por cuanto tiempo, sinceramente.

—¿A qué te refieres?

Me encojo de hombros. —A que Mollie es muy incompetente. Sólo tiene una tarea que hacer. Una. Y es incapaz de cumplirla —suspiro—. June es alérgico a la piña y me llamó para preguntar si podía darle jugo de piña. Compré una pizarra y la dejé junto a la nevera para que tenga presente todo lo que hay que saber sobre él —sacudo la cabeza, porque no sé de qué otra forma expresar mi exasperación—. Papá me mataría si algo le ocurriese a June, y Mollie en lugar de dejarme tranquila me preocupa.

Nunca, ni en un millón de años, pensaría que en algún momento de mi vida estaría tan preocupada por el cuidado de un bebé. Cuando Ian hablaba sobre ello, usualmente mi excusa era el que no sería una buena madre porque el tener bebés es para personas capaces, valientes y estables, y yo, antes de June, no era capaz de mantener con vida a una planta.

Creo que ahora esa idea se ha renovado.

—Necesito contratar una nueva niñera para June.

Le digo, pero Kurt ya no está prestándome atención. Está concentrado pensando. ¿Pensando en qué? Luego de al menos diez segundos me mira y dice:

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