Declínio XIV

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Por la multitud de vuestras iniquidades, por la injusticia de vuestro cuerpo, habéis profanado vuestros santuarios. Por lo tanto, hice salir fuego de en medio de vosotros, y os consumió, y os puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que os ven.

Ezequiel 28:18

La cama la cual se encontraba bien tendida y sofisticada la noche anterior, amaneció con sus sábanas blancas y finas, envueltas en el cuerpo de Park. Los cabellos color fuego descansaban cómodamente sobre las suaves almohadas. Era como un mar de comodidades.

Jimin se estiró prejuiciosamente, disfrutando del viento frio proveniente del aire acondicionado. Sentía el cuerpo entero adolorido, aún estaba muy cansado y su entrada, un tanto violada, palpitaba y ardía moderadamente.
No pudo evitar el violento rubor en su cara, había tenido sexo por primera vez y no fue exactamente “convencional”.

—Mi Dios…

Apoyó las manos sobre el rostro, torturándose por la vergüenza, a pesar que hubiese una sonrisa en sus labios rosáceos.

No podía evitar esa felicidad que lo consumía tan atrozmente, había sido bueno, muy bueno y por eso el corazón del pelirrojito parecía mantequilla de botella, al mismo tiempo que latía brutalmente, casi saltando fuera de su pecho; sus manos estaban frías y los recuerdos recientes eran vívidos y calientes.

—Cielos esa ventana es enorme…—una pequeña preocupación creció, ¡¿y si alguien los había visto?!—¡Eso es una locura!—se volteó, rodando por la cama, riendo bajito. Por su sangre corría una adrenalina nunca antes sentida.

Mientras tanto su breve alegría se fue despedazando poco a poco, por la falta del Diablo, él no se encontraba en ningún lugar de la habitación. Luego se dio cuenta que su desanimo era innecesario y rápidamente dedujo que, tal vez, Jeon estuviese en la sala principal.

Se sentó lentamente, haciendo algunas muecas por los fuertes dolores de su cuerpo, suspiró profundamente, restregando su rostro angelical y un bostezo se le escapó.

Ágilmente se puso de pie, teniendo cierta dificultad. Quería encontrar a Jungkook, verlo nuevamente, tener la certeza que la noche fue tan maravillosa que el Diablo despertaría en los cielos, además de que necesitaba volver a casa, había perdido la noción del tiempo.

Juntó sus prendas de vestir que se encontraban en el suelo, se vistió, pero no encontró su pantalón. Respiró tenso, con calma la encontraría. Poco a poco la búsqueda de su pantalón se hizo inútil y cansadora, puesto que lo estaba buscando hace varios minutos. Como ese era un lugar particular pensó que no habría problema, aparte de su timidez, en salir así de bóxer.

En puntillas salió de la habitación, cerrando la puerta con cuidado, se volteó y un susto casi lo hace caer de espaldas, su corazón se aceleró.

Hoseok estaba sentado en uno de los sillones, sostenía una copa llena de coñac a medida que miraba al pelirrojo, mantenía un rostro serio, no existía un poco de alegría lo que estremecía a Jimin, solo la mínima posibilidad de estar solo con Hoseok lo hacía temblar, no era algo bueno.

—Buenas tardes, Park Jimin.—dijo, bebiendo un poco de su líquido oscuro.

—¿Buenas tardes?—preguntó sorprendido—¡Dios mío! ¿Qué hora es?

—Cuatro y media.—su tono era seco y serio, mientras su expresión era intimidante.

—Sí…gracias.—miró el suelo con timidez, a medida que estiraba la camisa para cubrir su cuerpo.—Mire, realmente necesito irme, ¿Sabe dónde está Jungkook?—preguntó inocentemente, dejando escapar una leve sonrisa al mencionar el nombre del contrario.

Caliente como el infiernoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora