Dixon se ha llevado a June. Hace unos dos días que regresó a Durham y fue a casa de Jordan para recogerlo. Jordan estuvo dispersa en el trabajo esa misma noche, pero se negó a que le diera libre. Supongo que no quería estar sola en ese momento.
Su padre, al menos, ha dicho que comenzaría a buscar una casa para mudarse a la ciudad y que June siga con la rutina que Jordan y él construyeron juntos. Eso la ha mantenido animada e incluso ella ha estado ayudando a conseguir esa casa para ellos.
Han pasado dos semanas desde que Ian fue a buscar a Jordan a su casa y exactamente trece días desde que puso la orden de alejamiento contra él. Ha sido liberador para ella, y de alguna forma alguna clase de perdón hacia ella misma. Lo puedo entender.
Cuando lo vi frente a su puerta y escuché su nombre, no pude evitar asustarme. Y cuando cerró la puerta cuando le dejó pasar sentí mucho miedo por Jordan. Pero Jordan es fuerte. Rose era fuerte, pero era más noble y sensible que otra cosa. Era una mujer suave y dulce. Jordan es todo lo contrario. Quizás fuera eso lo que me gustó de ella. El enamorarme de algo completamente diferente de lo que alguna vez lo estuve en el pasado.
Las cosas en su vida y en la mía no andan muy diferentes. Ambos echamos de menos a June, ambos andamos dispersos en el trabajo y ambos hemos ido al cementerio hace unos días. Tenía varios días de no ir. La llevé a la tumba de Rose y ella me llevó a la tumba de su madre que reconoció hace mucho que no visitaba.
Parecía un poco nerviosa de estar ahí, pero finalmente fue capaz de conversar y dejar el ramo de girasoles a su madre. Dijo que eran sus favoritas, y eso me hizo recordar el decorado de la panadería cuando Glenn todavía estaba viva. Habían enormes jarrones con girasoles y los cupcakes rellenos venían con un decorado de girasoles por encima.
Me hubiera gustado mucho saber que era la madre de Jordan y que su hija, posteriormente, estaría enamorada de mí del mismo modo que lo estoy de ella.
Glenn, voy a cuidar muy bien de tu hija. Lo prometo.
—Ya no quiero patatas. Estoy muy llena.
Estamos en el McDonald’s. Hoy el equipo de T- ball ha tenido un partido. Uno al que June no ha podido asistir porque Dixon no ha podido traerlo a tiempo, y como ya es tradición, hemos venido a comer los tres aquí. Jordan no ha dicho nada, pero sé lo mucho que desearía que su hermano esté aquí con nosotros, porque definitivamente sin él esto no es lo mismo.
Sin importar que su padre se está esforzando buscando una casa, ella lo echa mucho de menos.
—¿No quieres pollo, B? —le pregunta Jordan tomando un trozo de su plato, pero Bailey sacude la cabeza.
Con cada día que pasa, mi hija y Jordan se hacen más unidas. El lazo que hay entre ellas es tan natural que me siento agradecido de que sea Jordan quien vaya a tomar un puesto tan importante a como lo es este. Y ella lo entiende, porque sé que adora a Bailey del mismo modo que me adora a mí.
Bailey, luego de un rato de estar en mi regazo, se desliza fuera de manera que cae sobre las piernas de Jordan se acurruca sobre su pecho. Jordan sigue comiendo las patatas que Bailey ha dejado como si nada y el gesto es tan natural no puedo evitar mirarlas y sonreír.
Sería capaz de reflejar lo que siento a través de mis ojos, pero no creo que llorar en un McDonald’s sea algo que Jordan quiera presenciar.
—¿Pasa algo?
Jordan está masticando con el ceño fruncido mientras tiene todavía a Bailey en su regazo.
Pasa todo.
Sacudo la cabeza. —Nada —pero tan pronto como lo niego, sé que no puedo aguantar más—. Sólo pensaba en lo mucho que las amo a las dos.
Extiendo mi mano a través de la mesa y aprieto la suya.
—Espero que pronto volvamos a ser los cuatro, Jordan.
Por su expresión, sé que mis palabras le sientan bien. De seguro creía que no lo había notado, pero yo también quisiera que June estuviera jugando en la sala de juegos con mi hija en este momento.
Jordan aprieta mi mano para sacarme de mis cavilaciones y gesticula un:
—Te amo.
Yo no puedo evitar sonreír mientras miro como se mece para que mi hija se quede dormida sobre sus piernas. Desearía tomarles una foto ahora mismo. Y lo hago. De ahora en adelante este es mi recuerdo favorito.
Para siempre.
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Mitades del corazón
RomanceJordan, divorciada a sus veintisiete, siente el peso de no haber hecho funcionar su matrimonio aún sabiendo que no fue su culpa. Y para rematar, en menos de seis meses lo pierde todo y su vida da un giro de 180 cuando aparece un niño frente a su pue...