*El que está en multimedia es Andrew, sólo quería aclarar. Ahora sí, sigan leyendo*
Y al final, terminé entrando a la maldita casa, con Jesse siguiendo mis pasos.
-¿Por qué siempre termino cediendo?- murmuré para mí misma.
-Porque me amas- respondió burlón.
Reí.
-¿Cuándo llegaste, Darrel?- pregunté sarcástica.
Me miró con el ceño fruncido.
Entonces, cuando él iba arrastrándome hasta las escaleras, se escuchó un crujido y luego el sonido de algo rompiéndose.
Retrocedí, usando a Jesse como escudo.
-¿Q-Qué fu-fue eso?- pregunté.
-¿U-Un animal?- se encogió de hombros.
Lo fuminé con la mirada.
-¿Qué?- preguntó.
Hice un ademán, dándole a entender que mejor lo dejara de lado.
Él caminó hacia donde se escuchó el ruido y yo lo seguí, guardando distancia por si se trataba de un asesino y tuviera que huir.
-Espera aquí- Jesse siguió avanzando hasta la otra habitación y yo me quedé en el pasillo, pero era más terrorífico de lo que creía.
-¡J-Jesse!- lo llamé miedosa. Sí, le tengo miedo a muchas cosas, en especial a estar sola en pasillos terroríficos en casas que dan miedo con asesinos incluidos.
No hubo respuesta.
Me acerqué un poco más a la habitación a la que mi estúpido amigo había ingresado.
-J-Jes......¡¡¡AAHH!!!- grité al sentir algo en mi hombro y cómo algo me rozaba la espalda.
Salí corriendo.
¡TÚ SÓLO CORRE, NO VOLTEES A ATRÁS! ¡¡TÚ SÓLO CORRE, NO VOLTEES A ATRÁS!!
Llegué a la puerta principal y estaba a punto de abrirla cuando un cuerpo apoyó todo su peso sobre mi espalda y una mano impidió mi huida.
Unos cabellos inundaron mi campo de visión. Eran morados.
-¿Jesse?- pregunté.
-¿Quién sino?- preguntó burlón.
Un momento. ¿Eso fue un Déjà Vu?
Me libré de esa embarazosa posición en la que estábamos y lo miré al rostro.
-¿Qué pasó aquí?.- pregunté confundida -¿Y el asesino?-
Se atragantó con la risa.
-¿Asesino?- me miraba como si estuviera loca.
Asentí con el ceño fruncido.
-Sólo era yo. Mira, encontré esto- sacó algo de su espalda.
-¿Qué es?- pregunté.
Sacó una cosa peluda, grisácea y...¿con hocico?
-Una zarigüeya-
Pegué un ligero gritito.
Él rió.
-¡Deja a la pobre zarigüeya!- le pedí.
-Pero es que está lastimada- me indicó una de las patas traseras del animalito.
Miré a esa cosita con lástima, esa cosita que se estaba "haciendo el muerto"
Acerqué mi rostro más para observar si realmente estaba herido.
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Mi ángel pelirrojo
RomanceElizabeth ha estado enamorada de Adam desde casi toda su vida, pero por cuestiones personales tuvo que abandonar su ciudad y a Adam, dando por sentado que jamás lo vería de nuevo. Ahora Elizabeth ha vuelto a su ciudad. ¿Se reencontrarán o sólo son...