Capitulo 7: El hermoso reencuentro y un primo furioso

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*El que está en multimedia es Andrew, sólo quería aclarar. Ahora sí, sigan leyendo*

Y al final, terminé entrando a la maldita casa, con Jesse siguiendo mis pasos.

-¿Por qué siempre termino cediendo?- murmuré para mí misma.

-Porque me amas- respondió burlón.

Reí.

-¿Cuándo llegaste, Darrel?- pregunté sarcástica.

Me miró con el ceño fruncido.

Entonces, cuando él iba arrastrándome hasta las escaleras, se escuchó un crujido y luego el sonido de algo rompiéndose.

Retrocedí, usando a Jesse como escudo.

-¿Q-Qué fu-fue eso?- pregunté.

-¿U-Un animal?- se encogió de hombros.

Lo fuminé con la mirada.

-¿Qué?- preguntó.

Hice un ademán, dándole a entender que mejor lo dejara de lado.

Él caminó hacia donde se escuchó el ruido y yo lo seguí, guardando distancia por si se trataba de un asesino y tuviera que huir.

-Espera aquí- Jesse siguió avanzando hasta la otra habitación y yo me quedé en el pasillo, pero era más terrorífico de lo que creía.

-¡J-Jesse!- lo llamé miedosa. Sí, le tengo miedo a muchas cosas, en especial a estar sola en pasillos terroríficos en casas que dan miedo con asesinos incluidos.

No hubo respuesta.

Me acerqué un poco más a la habitación a la que mi estúpido amigo había ingresado.

-J-Jes......¡¡¡AAHH!!!- grité al sentir algo en mi hombro y cómo algo me rozaba la espalda.

Salí corriendo.

¡TÚ SÓLO CORRE, NO VOLTEES A ATRÁS! ¡¡TÚ SÓLO CORRE, NO VOLTEES A ATRÁS!!

Llegué a la puerta principal y estaba a punto de abrirla cuando un cuerpo apoyó todo su peso sobre mi espalda y una mano impidió mi huida.

Unos cabellos inundaron mi campo de visión. Eran morados.

-¿Jesse?- pregunté.

-¿Quién sino?- preguntó burlón.

Un momento. ¿Eso fue un Déjà Vu?

Me libré de esa embarazosa posición en la que estábamos y lo miré al rostro.

-¿Qué pasó aquí?.- pregunté confundida -¿Y el asesino?-

Se atragantó con la risa.

-¿Asesino?- me miraba como si estuviera loca.

Asentí con el ceño fruncido.

-Sólo era yo. Mira, encontré esto- sacó algo de su espalda.

-¿Qué es?- pregunté.

Sacó una cosa peluda, grisácea y...¿con hocico?

-Una zarigüeya-

Pegué un ligero gritito.

Él rió.

-¡Deja a la pobre zarigüeya!- le pedí.

-Pero es que está lastimada- me indicó una de las patas traseras del animalito.

Miré a esa cosita con lástima, esa cosita que se estaba "haciendo el muerto"

Acerqué mi rostro más para observar si realmente estaba herido.

Mi ángel pelirrojoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora