Gaeul y Hyunjin tienen muy claro que lo suyo no va más allá de una amistad. Pero son los únicos que no se dan cuenta de que se miran de todo, menos como amigos.
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Hay algo que Gaeul tiene siempre en mente: no confiar del todo en nadie.
Por esa ra...
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2024, marzo
—¿Estás segura de que esta no es una de tus decisiones apresuradas, sin premeditar? —preguntó Jiwoo, enarcando una ceja mientras miraba fijamente a Gaeul, que en vez de responder se limitó a asentir y a continuar rellenando el formulario que tenía enfrente.
—Creo que esta es una de las pocas veces en las que se la ve segura de lo que está haciendo —chinchó Seohyun mientras se pasaba una mano por el pelo, ahora negro. Después de años rubia, y de recibir numerosas bromas de que se iba a quedar calva de tanta decoloración, había decidido volver a su color natural.
—¿Sabéis que os estoy escuchando? —protestó la aludida, frunciendo el ceño. Toda la página estaba en inglés, y aunque controlaba el idioma lo suficiente como para no perderse, los cuchicheos de sus amigas hacián que le costase estar centrada—. Que esté concentrada no significa que no os esté haciendo caso.
Jiwoo y Seohyun eran, junto a su padre, las únicas que sabían las preocupaciones que ocupaban esos días su mente, nublándosela hasta tal punto en el que le costaba dormir bien por las noches. Ni siquiera se lo había dicho a las perdidas, que era como habían bautizado de forma cariñosa al grupo compuesto por todas las novias de Stray Kids, con quienes hablaba a todas horas.
Si no lo había hecho no era porque no confiase en ellas, porque claro que lo hacía, sino por miedo. Quería asegurarse de que lo que estaba haciendo era lo correcto, que no se trataba de ninguno de esos impulsos que la empujaban a ser temeraria, sin pensárselo bien antes. Porque no, por una vez quería darle vueltas al tema, estar segura.
Y al fin, después de barajar tanto los pros como los contras, lo estaba.
En los últimos meses se había dado cuenta de que, a pesar de que estaba feliz con su puesto como bailarina de respaldo, no le era suficiente. Sí, había tenido más contratos de lo normal, porque sus aptitudes habían llamado la atención de otras empresas de alto renombre, que le habían dado la oportunidad de expandirse y trabajar así con grupos y solistas en pleno apogeo con los cuales poder vivir otras experiencias, pero... Quería más.
Al fin y al cabo, siempre había sentido esa necesidad imperiosa de explorar más, de continuar en esa industria y no conformarse con lo que tenía.
Todo había cambiado cuando la coreógrafa de Eclipse, con la cual mantenía contacto estrecho no solo por ser la líder de los bailarines sino también porque tenían mucho en común, le había informado de que una de las academias de baile más importantes del mundo había abierto un formulario con el cual poder postular para una cuantiosa beca.
Una que podía suponer un antes y un después en su carrera, si todo salía bien.
Había estado sopesando las posibilidades junto con sus amigas, que le dieron sus puntos de vista, mucho más objetivos que el suyo, y había llegado a una conclusión: quería intentarlo, no quedarse con la pequeña espina de y si lo hubiese hecho, dar todo de sí misma y ver qué le tenía deparado el futuro.