Gaeul y Hyunjin tienen muy claro que lo suyo no va más allá de una amistad. Pero son los únicos que no se dan cuenta de que se miran de todo, menos como amigos.
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Hay algo que Gaeul tiene siempre en mente: no confiar del todo en nadie.
Por esa ra...
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Junio, 2026
Faltaba menos de un día para el viaje que simbolizaría un antes y un después en la vida de Gaeul.
Aunque solo le quedaban veinticuatro horas en Seúl, seguía sin creerse lo que le estaba pasando, como si estuviese en un sueño profundo del que no quería despertar nunca. Daba igual que hubiese hecho ya las maletas, o que tuviese los billetes del vuelo a mano, como un recordatorio de lo que estaba a punto de pasar, aún estaba en shock, y sabía que así sería hasta que estuviese en el avión.
En los últimos meses, su vida había dado un giro de ciento ochenta grados.
Justo cuando ya se había dado por vencida en lo referente a la academia de baile, porque habían pasado dos años y no había recibido ni siquiera una respuesta negativa, encontró en su correo electrónico un mensaje que indicaba que, si aún lo deseaba, tenía derecho a una vacante. No solo eso, sino que su perfil había llamado lo suficientemente la atención como para recibir la máxima beca, una que cubría sus gastos y necesidades.
No era que le hiciese tanta falta, no cuando había pasado gran parte de su vida ahorrando para cumplir sus sueños y contaba con la ayuda de su padre y su prometida, que había asegurado que daría lo máximo de sí misma para verla feliz, pero saber que los seleccionadores habían visto algo en ella como para ofrecerle esa oportunidad tan valiosa... Se sentía irreal.
Aún recordaba lo mucho que había llorado al leer el comunicado y las reacciones de los demás; Hyunjin, aunque tenía algo de tristeza en los ojos por lo que eso simbolizaba, fue el que más se alegró, repitiendo una y otra vez que sabía que pasaría, que se lo merecía después de tanto esfuerzo. Por supuesto, también se lo contó a las perdidas, que organizaron una pequeña fiesta entre todas para celebrarlo.
Quizás era por lo emocionada que estaba, pero los meses habían transcurrido rápidos, tanto que sentía que se le habían escapado de los dedos. Era como si hubiese parpadeado y en un segundo hubiese pasado de ser febrero a ser junio.
Y no le gustaba esa sensación, porque aún tenía muchas cosas que planear, muchas cosas que hacer, muchas cosas de las que disfrutar.
—Aún no me creo que vayas a cumplir tu mayor sueño —sonrió con nostalgia su padre, apoyado en el marco de la puerta y observando cómo estaba todo el cuarto casi vacío—. Estoy muy orgulloso de ti, hija, lo sabes, ¿verdad?