Capítulo 1 - Llegada (parte 1)

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Miro por la pequeña ventana que tengo a mi derecha y dejo escapar un pesado suspiro. Al principio, pensé que la nube blanca que rodea y engulle el gran avión en una niebla blanca era fascinante, pero los pensamientos ya han desaparecido. Al menos fue interesante los primeros dos minutos, después de los cinco, ya no lo veo así.

—No es muy emocionante, ¿eh? —dice de repente una voz suave como la seda desde mi lado y doy un ligero respingo en mi asiento antes de dirigir mi atención hacia la fuente del sonido.

Me sorprendo al encontrarme con una chica, que me sonríe mostrando sus dientes blancos y adorable sonrisa.

—No, la verdad es que no. —respondo, quedándome perdida en su mirada unos segundos —Pensaba que un asiento de ventanilla haría soportable este largo vuelo, pero supongo que me equivoqué jaja.

—Bueno...si quieres cambiar de asiento, no dudes en llamar a mi hombro. —me sonríe y me guiña un ojo.

Una ligera carcajada sube por mi garganta y una leve sonrisa se dibuja en mi rostro. 

—Jaja no te hagas ilusiones. —me burlo y ella niega con la cabeza para luego peinar con los dedos su cabello castaño.

—Sabía que me tocaría el peor asiento. —bromea resignada —Pero al menos parece que tengo una buena compañía. Mi último vuelo no fue muy agradable...me tocó entre dos niños con demasiada energía y muy poco respeto por los extraños.

—Suena encantador. —respondo en tono de broma mientras intento no mirar fijamente sus ojos.

Debo admitir que lo primero que llama mi atención físicamente de una persona son sus ojos, y puede decir que esta chica tiene el par de ojos más hermosos que he visto en mi vida.

—Por cierto... —su voz me saca de mis pensamientos —Soy Jennie.

—Roseanne...

—Encantada de conocerte, Roseanne.

—Encantada de conocerte, Jennie.

Pensé que me pasaría todo el vuelo escuchando música, durmiendo y poniéndome al día con algunas series que dejé a medias, pero parece que me equivocaba. Jennie y yo entablamos una conversación y me resulta sorprendentemente fácil hablar con ella. Me entero de que tiene diecinueve años, uno más que yo. También que vive y estudia en Los Ángeles, y que la razón por la que estaba en Melbourne es su amigo de la infancia, que se mudó allí con su familia hace años.

Ambas compartimos una pasión ardiente por los batidos y las papas fritas, incluso ambas pensamos que la mostaza en un hot dog lo arruina por completo. Básicamente hablamos de todo lo que hay entre el cielo y la tierra y, en algún momento de la conversación, las mariposas que tenía en el estómago desaparecen o, al menos, se duermen. Sin embargo, gracias a Dios me siento más tranquila que antes.

Jennie y yo seguimos hablando hasta que llega una azafata con lo que se supone que es la cena. Después de cenar, comienzo a sentirme cansada y decido tomar una siesta. Utilizo mi jersey como almohada en la ventanilla, antes de volver a colocarme los auriculares. He decidido tomarme con calma la escucha de música porque no quiero que mi celular muera antes de llegar al campus en el que me voy a alojar...


[...]

Despierto después de lo que parece una eternidad, pero que probablemente solo sean un par de horas, mientras murmuro algo incoherente sin estar aún completamente despierta. 

Me froto los ojos con cansancio, luego fijo mi mirada al piso. Después de unos segundos, frunzo el ceño al darme cuenta de que mi jersey está tirada ahí, sin entender cómo puede estar en el piso cuando todavía estoy apoyando la cabeza en algo.

WICKED GAME (ROSÉ)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora