17

24 1 0
                                    

Unas dos horas después del anochecer comencé a creer que la segunda noche sería igual que la primera. Seguramente nuevamente no podría pegar el ojo mientras que Sam no se acercaría a la cabaña aquel día. Después de todo, todavía le quedaba una oportunidad más para intentar convertirme.

Sí, eso pensé hasta que alguien tocó la puerta de la habitación donde solo daba vueltas en la cama.

—Adelante —dije mientras me incorporaba a medias sobre la cama.

Alguien traspasó el umbral de la puerta. Inmediatamente sentí que perdía la respiración. Tuve que obligar conscientemente a mis pulmones a seguir funcionando para no desvanecerme ni quedarme sin habla.

—Creí que ya estarías dormido —expresó Alfa conservando su mano (¿o era mejor decir su garra?) sobre la puerta.

—¡Qué más quisiera! —exclamé en voz baja—. Pero no se me da muy bien relajarme mientras un montón de licántropos están buscando la manera de atacarme.

Algo parecido a una sonrisa se insinuó en el rostro de Alfa.

—Sí, creo que puede ser algo que a cualquiera le quite el sueño —opinó él en tono bromista.

Sonreí ante su frase y durante un momento nos quedamos viendo uno al otro. Una parte de mi mente se preguntó si ver esos ojos oscuros cada noche se sentiría tan bien como se sentía verlos en ese momento.

El silencio entre ambos se alargó por un buen rato, aunque no fue de forma incómoda como cuando habíamos tenido nuestra entrevista en el prado.

—Bueno, creo que es mejor si te dejo dormir —expresó él de repente.

—Oye, espera —le dije rápidamente.

—¿Qué pasa? —me preguntó ladeando la cabeza.

Había hablado impulsivamente, pero de repente me detuve. Una idea me había surgido en la cabeza, pero no estaba seguro de que expresarla en voz alta fuera algo bueno. Sin embargo, el hecho de que Alfa se mantuviera a la expectativa me dio valor. Lo peor que podía recibir es un rechazo.

—La verdad es que dudo poder dormir dentro de poco —comenté sin poder mirarlo a los ojos—. Así que... ¿crees que sería muy infantil de mi parte si te pido que me acompañes un rato?

Sentí la temperatura de mi rostro alzarse mientras iba hablando, lo cual seguramente significaría que me estaba poniendo rojo. Estaba algo oscuro, de acuerdo, pero una parte de mí se preguntaba si no sería posible que los hombres lobo tuvieran la vista más aguzada que un ser humano normal.

—Para mí... sería un placer —contestó él pausadamente.

Aquellas palabras finalmente hicieron que alzara la mirada hacia él. También lucía apenado, lo cual me dio una pizca de confianza. No demasiada, solo la suficiente para no volver a evitar su mirada cuando él avanzó hasta la cabecera de la cama y se sentó al lado de ella. Yo volví a acostarme de manera que podía ver su perfil al estar yo de lado.

—Supongo que estás ansioso por volver a Firenze —comentó él de repente.

Mi impulso inicial fue contestar rápidamente que sí, pero no tardé en notar que aquello sería mentirle de cierta manera. Sí, añoraba mi hogar, pero también había una parte de mí que deseaba encontrar un pretexto para quedarme justamente dónde estaba.

Sin saber qué contestar, decidí salirme por la tangente.

—¿Tú extrañas Firenze? —le pregunté directamente.

Él pareció quedarse meditando la respuesta un poco.

—A veces —terminó por contestar mientras la nostalgia inundaba sus pupilas—. Viví en esa ciudad hasta los 24 años, por lo que tengo muchos recuerdos ligados a ella. Sin embargo, no tenía ninguna persona cercana a mí como lo son Melissa y Franco en este lugar.

Moon RevengeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora