Adam
"Con el paso del tiempo, es posible que necesites dosis mayores de la sustancia adictiva para sentir los efectos."
Abrí la bolsita con los dedos temblando, la boca se me hacía agua, pura necesidad me corrompía las venas y la puta cabeza.
"En poco tiempo, es posible que la necesites solo para sentirte bien."
Esparcí los polvitos blancos, que contrastaban con la piedra negra del lavabo.
"A medida que aumenta tu consumo de la sustancia adictiva, te darás cuenta de que es cada vez más difícil vivir sin ella."
Cada vez que me llevaba una raya a la nariz, me sentía peor conmigo mismo, defraudado.
Porque ya no era nada sin ella.
Y me estaba arruinando la vida lentamente.
Quizás mis amigos no lo sabían, pero lo que hacía en el baño me iba a matar un día. No me enorgullecía de tomar drogas, más ya no podía dejarlas.
Me había convertido en un maldito adicto.
En cambio, parecía que la gente me quería más, no sé. Una sensación extraña, ¿verdad?
Mis padres me apreciaban más cuando me hallaba bajo los efectos de la cocaína que cuando estaba sobrio.
Me sentía mucho más poderoso después de haber tomado mi ración, así que no lo dudé.
Salí del rincón en el que se encontraban los aseos, me dirigí a nuestra mesa, ocupada por Matthew, Charles y Eric, y anuncié:
— Rubiales, vámonos ya.
— Pero si todavía no es la hora. — Dejó la cerveza que sostenía con una mano en la mesa. —Has quedado con Chloe a las 5, no a las 4...— vaciló, utilizando la lógica.
— Eric, Eric, Eric, mmm, ¿no te apetece darle una sorpresa a tu querida Mimi?— Una sonrisa malvada se desplegó en mis labios.
Estaba perdiendo la paciencia, progresivamente. Nadie se imaginaba lo que pasaba por mi mente en esos segundos. La puñetera euforia me invadía, y aprovecharía dicha emoción para llevar a cabo mi majestuoso plan.
La competición entre la listilla y yo todavía no había terminado, y uno de nosotros tenía que ganar.
Es decir, yo.
Aunque me viera obligado a usar tácticas sucias para humillarla, lo haría.
Era la única manera de hacer que se quedara conmigo, al menos por un día.
Echaba tanto de menos a esa mocosa...
— Pues depende de la sorpresa, si es buena sí.— Frunció el ceño Eric, no entendiendo lo que quería decir.
— Vamos a visitar a tu pelirroja.— solté, su rostro iluminándose como consecuencia.
─ Son las 4 menos diez.─ intervino Dagger, echando un pequeño vistazo a su SmartWatch.
─ Perfecto, sale a las 4 en punto de ballet.─ sonreí aún más.
─ ¿Có-cómo demonios sabes eso?─ el chico nuevo tartamudeó, cerrando y abriendo la boca como un pez.
─ Morirás mejor sin saberlo.─ dijo Matt, masticando su hamburguesa Broadway con pasión y disfrute.
Charles y yo intercambiamos miradas, comprendiendo lo que iba a suceder a continuación.
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Dulce odio #1
Romance¿Puede el odio sobrevivir al deseo... o terminará destruyéndolos a ambos? A los catorce años, Chloe aprendió que la vida podía ser no de color de rosa, sino de un negro asfixiante. Cuando su mejor amigo se marchó a su país, se llevó con él su refug...
