Capítulo uno

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RAMSOM

Joder puta basura moderna. Mira que ya había utilizado más veces este cacharro...pero es que seguía pensando que era una mierda.

Después de dos horas en conseguir que la piedra que robé a Albert funcionase, había conseguido conectarla a una red llamada: Internet. ¿Qué coño es intarne?

En resumen, después de haber conectado el intarnet me empezaron a salir varios anuncios a cerca de un tal Hotel Trivago, por lo que se ve es una empresa que se dedica al alojamiento y metabúsqueda de hoteles. Ni idea. Solo sabía que tenía que salir de aquí como fuese. Quizás irme por un tiempo no me vendría mal, ¿no? Total mientras que Barislav tuviese algo con lo cual entretenerse...

Tuve que parar a un niño que se estaba sacando un moco-qué asco-para que me ayudase a ver como funcionaba eso del Hotel Transilvania.

El niño se desenvolvia mejor que yo-menos mal que la dichosa piedra podía adoptar la forma que yo quisiese, si no creo que el niño hubiese flipado- en en cuestión de... y yo que coño sé, ya me había hecho una reserva.

-¿Oye tú dónde es esto?

-Eh..eh... le he hecho una reserva en un hotel costero en Ibiza.

-¿Qué es Ibiza?

-Una isla donde la gente suele ir de vacaciones.

-Basura moderna.

***

Me cago en todo. Me cago en Albert y su dichosa piedra. ¡NO FUNCIONA! ¿Qué le pasa al chisme?

Después de ver de que manera podía llegar a Ibiza, en un principio mi idea era llegar con el trasto de Albert pero al parecer la suerte no estaba de mi lado y la maldita había dejado de funcionar, por ende mi única forma era utilizar de esos transportes que volaban por el cielo, cómo se llamaban...sí eso un avión. No veas tú para montarse en el avioncito, tenía que pasar por no se cuantos sitios por temas de seguridad, donde había uno en el que veían que llevaba en la maleta, basura moderna.

El avión no era nada cómodo, el asiento estaba más duro que una piedra y el ambiente que lo acompañaba no era el ideal, me había tocado un niño baboso que no paraba de lloriquear y un mozo que se reía como una foca, ya ves la monda. ¡Encima los baños estaban cerrados!

No pude pegar ojo en todo el viaje debido al brillo que desprendía la piedra, lo que significaba que alguien reclamaba mi presencia, ni que fuese el alcalde... bueno técnicamente lo sigo siendo pero no creo que volviese a ser recibido. Ya me entendéis.

El aeropuerto estaba muy lleno, ¿qué pasa la gente no puede quedarse en casa? Las masas de gente me dificultaban coger mi maleta, había empujones por todos lados, incluso vi a un niño llorar después de que un anciano le diese con el bastón.

Luego el raro soy yo

El brillo que desprendía la piedra no había disminuido es más creo que había aumentado.

Tras llevarme un par de empujones de más y haber tenido la tentación de morder a unos cuantos babosos, había por fin podido alcanzar mi maleta. En ella llevaba todo tipo de libros, ruinas, amuletos... todo lo necesario para que nadie pudiese romper la maldición.
Los señores de seguridad me miraron de forma extraña al volver a pasar la puñetera maleta, ¿de verdad era tan raro llevar estas cosas? No le di más vueltas al asunto.

Al salir por la puerta del edificio, el aire cálido me dio en toda la cara despeinandome el pelo que había dejado crecerme estos últimos meses. Intenté arreglarme el pelo mientras caminaba en rumbo al hotel, un momento, ¿dónde estaba el hotel? Un ruido agudo y el tacto de algo duro me sacó de mis pensamientos, genial alguien había intentado atropecharme.

-ES QUE NO VE QUE VOY POR EL PASO DE PEATONES.

-YO NO VEO POR NINGÚN LADO EL PASO DE PEATONES-contestó la señora que conducía la máquina algo cabreada.

-SEÑORA PONAGASE... ¿CÓMO SE DICE LAS COSA ESA CON CRISTALES QUE LLEVAIS?

-¿Gafas?

-Si... exactamente... basura moderna.-SEÑORA AHORA SÍ PONGASE GAFAS.

-ME LAS PONDRÉ CUANDO LAS NECESITE, GILIPOLLAS.

Tras aquella conversación la señora condujo pasando por delante mía, perdiendose por la carretera.

Madre mía que mal genio tienen algunas.

Todavía no sabía cómo llegar hasta el hotel, me estaba muriendo de calor y me parecía que era complicado que lograse quitarme la gabardina con una sola mano, mientras con la otra sujetaba la piedra, no podía fiarme de que al dejarla en el banco de madera no me la robasen.

El sonido de mis zapatos de charol resonaba entre las aceras. Las palmeras se movían al son del viento y yo todavía no había encontrado el lugar donde pasaría la noche. A este paso me sale más rentable pasarla en la calle...

Ramty is real Donde viven las historias. Descúbrelo ahora