Intentaba seguirle el paso a Sam pero la verdad me era casi imposible, apenas le conté dónde había conseguido tintes de color me obligó a acompañarla. Tenía una pequeña obsesión por cambiar su color de cabello cada semana y lo descubrí al día siguiente de conocerla.
- ¡Espera, joder! Sabes que no me va bien en gimnasia. - Corrí tras ella al verla a entrar al pequeño local de tintes. Era muy lindo, a decir verdad.
- ¿Puedo ayudaros en algo? - preguntó la dependienta del lugar. Una mujer con múltiples tatuajes y perforaciones se hizo presente detrás del mostrador.
La observé detenidamente mientras mi amiga preguntaba por los próximos colores que habitarían su cabeza por una semana. El cabello de la mujer era lo más genial que había visto en mucho tiempo. Tenía el flequillo en "v" y eso hacía que sus cejas se vieran perfectamente enmarcadas, era largo, por lo que se alcanzaba a ver supongo que le llegaría a las caderas y era de un tono negro con pequeños reflejos azules.
- ¿Vais a comprar algún tinte, Ana?- preguntó Sam.
- ¿Eh? ¿Yo? Sabes que mi padre no me dejarían usas esos colores.
- Tú padre no te deja hacer nada - me corrigió. Me encogí de hombros para restarle importancia.
- Siempre podéis usar otros colores - habló la mujer tras el mostrador - Yo tenía el cabello como tú, no me gustaba y muchas chicas lo tenían igual, quería un cambio no tan drástico como un color fantasía. Así que lo pinté de negro y me hice un corte distinto. Es una buena opción, piénsalo.
- No se me ocurre nada que pueda hacer con éste cabello. - Suspiro - No sé si mi padre me regañe por hacerlo sin su permiso.
- ¡Por Dios! ¡No seas estúpida, Ana! Cumplirás diecisiete en unos días, no eres un bebé.
- Tengo turno libre, puedo hacerte un cambio ahora, si lo deseas. - La mujer me mostró una sonrisa cariñosa. Miré a Sam quien tenía los pulgares arriba viéndome. Asentí.
[...]
Mi padre me iba a matar, era seguro. No sé en qué pensé cuando dejé que Sam me tapara los ojos para hacer las cosas más interesantes. El resultado no me disgustaba, pero no sabía qué pasaría en casa al llegar.
La mujer tardó dos horas tiñendo mi cabello de negro y a decir verdad quedó bastante bien.
- ¡Eh, Sam! ¿Has visto a Ana? - Nathan la llamaba desde la zona de comidas del centro comercial. Habíamos quedado para que me recogiera allí.
- ¿Aparte de estúpido, eres ciego? - Sam me señaló mientras le hablaba. Casi tengo un ataque de risa al ver la cara de Nathan.
- Ya está bien de mirarme, ¿podemos irnos? - Caminé pasando de ellos para llegar al estacionamiento. Nathan tenía auto y yo no. ¡YO NO!. Esperaba uno para mi cumpleaños.
- Christian se va a volver loco cuando te vea ¿lo sabes? - Preguntó mientras me abría la puerta del copiloto. Si dejaba que se fuera adelante Sam, éstos dos se matarían.
- ¿Parezco alguien a quien le importa lo que los otros piensen de mi? - Pregunté devuelta mientras el subía al auto.
- ¡¿Qué haces ahí afuera Sam?! - preguntó Nathan mientras veíamos como Sam subía roja de la ira al auto.
- ¿Estabas esperando que te abriera la puerta? -espeta sonriendo. Las mejillas de Sam se tiñen de rojo mientras se enfurruña cual niña pequeña.
Se gustaban, era obvio. Pero el orgullo de Sam era tan enorme que se negaba a admitirlo.
- ¿Hay algún problema si me quedo en tu casa esta noche? - preguntó Sam.
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Enamorada de mi amigo
Fiksi RemajaAna es una joven de dieciséis años, que nunca ha entablado una amistad con un hombre, ni ha tenido ningún tipo de relación amorosa, al encontrar un amigo como Tomás encuentra muchos sentimientos nuevos.