Las cuatro de la tarde y mi habitación era un ir y venir de personas, Angust estaba gritando y ordenando, ya había amenazado a una joven que se había sentado sobre mi cama, y a otro lo había hecho entrar en mi gigantesco closet para que buscará ganchos andinos para mi peinado.
—¡No puedo creer que no traigan lo necesario! —había exclamado.
—Angust, ¿por qué no vas a tu chalet y traes de los tuyos —sugerí.
—¿Y dejarte sola con estos neandertales? —contestó sin importarle que le escucharan.
—¡Llego Sarah! —exclamé. Sarah era toda una profesional y trabajaba para las grandes élites, mantenía la armonía y organizaba a las personas para que trabajaran lo mejor posible, así que, de inmediato, despidió a tres personas y se quedó solo con tres y Angust, claro.
—¿Qué pasa aquí, Angust? Solo es una despedida de soltera y, que yo sepa, Eva no es la novia, trata de controlarte.
—¡No quiero imaginar cómo te pondrías si yo fuese la novia algún día! —dije divertida.
—¡Que Dios nos asista si llega ese día! —exclamó
—Mejor ve y dile a María que traiga infusiones y galletas para todos.
—Ahora que está Sarah puedo irme tranquilo, pero regreso enseguida.
Salió dando un portazo sin querer, Angust era demasiado intenso cuando se trataba de vestirme para eventos de élite, sabía que era muy probable que mi foto saliera en las revistas o fueran portadas de periódicos digitales, ya en alguna ocasión salió un reportaje con mi nombre. «¡Pero quien la viste!» Yo llevaba un traje cualquiera y, sin avisarle a nadie, había tomado un cóctel con amigas en el club. Angust casi se había desmayado del susto al leer el titular y, desde ese día, se esmeraba al borde del colapso, en mi imagen.
—No ha cambiado nada —dijo Sarah suspirando de alivio cuando Angust se marchó.
—El caos y la moda es lo que define su personalidad.
Ambas nos reímos con complicidad.
—Vamos a ver cómo está todo, un recogido alto. ¿Te gustaría que fuera estilo relajado, un poco despeinado o muy formal?
—Angust lo sugirió alto y relajado, el de la boda sí tendrá que ser formal.
—A seguir las órdenes de Angust entonces —dijo Sarah, mientras una de las silenciosas chicas que se habían quedado conectaba la secadora y preparaba todo.
Sarah era estilista, especialista en maquillaje y coach profesional para equipo de estilo e imagen. Siempre tenía excelentes ideas y la fórmula perfecta para que todo encajara a la perfección.
Terminamos con el tiempo justo, lo que aumento la desesperación de Angust, pero era justo lo que necesitaba, alguien que se tomará en serio mi imagen, así que mi limusina estuvo enfrente del salón donde se realizaría la despedida de soltera. Por supuesto, las mejores revistas de cotilleos estaban ya reunidas, y en cuanto vieron la lujosa limusina sospecharon quién venía dentro, me detuve e hice tres poses en diferentes ángulos, sonreí haciendo apenas una curva con mis caderas y entré.
Mi tía, a lo lejos, me observó, estaba pendiente de quien entraba, y, al verme, vi ojos de satisfacción. Caminé lentamente hacia ella, mi prima no había llegado, ella al ser la agasajada llegaba la última para la sorpresa que le tenían preparada.
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Eva no mordió la manzana
RomanceUna propuesta que va entre la ironía la Eva de los pasajes bíblicos y la protagonista con el mismo nombre que pretende vivir sin ataduras y sin pensar dos veces en las consecuencias es lo que marca la nueva historia de Elia Santos: Eva no mordió la...