Los penitentes y los perdonados

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Varnias Constantine viajaba a bordo del "processio pecatum", una nave penitenciaria del imperio de la humanidad. Días antes, Varnias, era un soldado, uno de los millones de guardias imperiales que el munitorum lanzaba sin miramientos a la picadora de carne que era la guerra.

Llevaba días combatiendo en Prius IV contra otros humanos, aunque estos habían renegado de la luz del emperador, y se habían unido a un movimiento político de origen alienígena llamado el bien común. El bien común prometía a los humanos que lo abrazaran un hueco en un sistema de gobierno libre de la tiranía del imperio, y los denominados gue'vesa estaban ganando. Su equipamiento superior les estaba dando la batalla, y llevábamos días protegiendo la misma trinchera. Si algo sabia, es que cuando me alisté (o me alistaron) esperaba llevar algo de honor a mi familia, y si, eliminar a los enemigos del emperador y llevar su luz a los mundos que nunca habían tenido la oportunidad de contemplarla, pero nunca quise matar a otros humanos. Si, eran herejes pero ¿acaso no podía ser el enemigo, tu vecino o tu hermano? ¿Alguien que tomó un camino equivocado en la vida? Podéis llamarme cobarde, adelante. Tras tres días combatiendo en una trinchera, hacinados, y con las botas llenas de barro, llegó nuestro relevo. La 784 combatiría por nosotros, mientras podíamos hacer nuestro merecido descanso.

Llegue a mi habitación y espere a que mi compañero, una desconocida a la que todos llamábamos "pescadora" se durmiera. Robe su cantimplora de agua, y llene la mía de extracto de cafeína, luego cogí mi rifle láser, mi bayoneta y deserté. Sobra decir que me capturaron o no estaría aquí. Mi comisario casi me pega un tiro en el acto, pero se lo pensó. Estaba orgulloso de no haber matado a un solo desertor durante todos sus años de servicio, y ahora sé porque. Me átaron a un poste y me dieron de latigazos, luego el comisario se dirigió a mí.

-eres una deshonra para este regimiento, pero el dios emperador sabe que no te pegare un tiro, un buen siervo del emperador no desperdicia los recursos de la humanidad, una nave penitenciaria se te llevara en unos días para tu conversión , los servidores no desertan ni piensan, solo obedecen, y de un gusano como tú , solo se requiere obediencia- creo que el cabrón lo disfrutaba.

Varnias estaba sentado en la esquina de su celda cuando termino su historia, sus compañeros de celda, también eran criminales de guerra con crímenes varios a sus espaldas. Robos de raciones del munitorum, confraternizar con el enemigo, negarse a obedecer una orden directa, o incluso intento de asesinato de un comisario. Llevaban días en esas celdas y ya no les quedaba mucho tiempo de vida, o al menos, no una vida como la habían conocido. Varnias opinaba incluso, que la vida como un servidor lobotomizado, era un destino peor que la muerte.

Horas mas tarde, una sacudida enorme lo despertó, luces rojas iluminaban ahora los pasillos y las celdas, mientras una estridente alarma sonaba, y la voz mecánica de un servidor sonaba por los altavoces "personal de guardia. Acudan a los bloques A, B,D F,"

La cabeza le iba a mil por hora "¿bloque d? es nuestro bloque. Un intento de fuga en una nave penitenciaria es sencillamente estúpido"

Los gritos de uno de los guardias, acompañados por disparos ensordecedores de su escopeta se acercaban a su celda. El guardia se detuvo. en sus ojos solo había el mas absoluto terror, y lo que hizo después , solo pudo aterrorizar más a Varnias.

-tomad, yo no os he ayudado, pero salvaos mientras podáis- sus gritos eran histéricos, y por la rendija que servía para pasar la bandeja de la comida una vez cada día terrestre estándar, introdujo una placa de datos. Un guardia les estaba ayudando a escapar , y por sus ojos, Varnias supo que ese no era el escenario de una fuga, si no de un ataque.

Rápidamente cogió la placa de datos, y saco el brazo todo lo que pudo para acercarla al lector de la puerta, el hombro le dolía, pero tras un rato un chasquido electrónico recorrió la puerta y esta se desbloqueó. Salió a trompicones de la celda y echo a correr hacia un pasillo que se bifurcaba en ambas direcciones cuando vio al monstruo del que huía el guardia.

Media dos metros y medio, estaba brutalmente acorazado, en lo que era la mayor perversión que jamás hubiera visto de una armadura astartes. Tentáculos y zarcillos de carne salían de sus juntas, y extrañas ramificaciones perforaban de adentro a afuera al monstruo. Varnias deseó haber echado a correr, o tal vez enfrentar al monstruo en un heroico pero fútil intento de redimirse a los ojos del emperador, pero lo cierto es que su cuerpo quedo inmóvil ante una abominación como aquella. El marine le dio un revés en la cabeza y todo el mundo de Varnias, fue negro.

                                                                           CAPITULO II

Desde uno de los atriles, Koronor y su contable , Putrix Putrigor observaban a través de un enorme panel transparente redondo, la habitación que se encontraba bajo ellos. Redonda, grande y con un árbol lleno de campanas. Los presos que habían capturado del "Proccesio Pecatum" despertaban. Estaban asustados, y muchos de ellos famélicos, aunque no podía oírlos, Koronor sabía que muchos de ellos gritaban.

-bien. Teniendo en cuenta el índice de masa corporal, estado de salud medio, y fortaleza física, calculo que tenemos unos 27639 sujetos viables, lord koronor- el contable de plaga movía de arriba a abajo su ábaco, mientras escribía en un libro-

-sabes que no me gusta que hagas eso,Putrigor-

-no entiendo mi señor-

-tratarlos como si fueran números-

-con el debido respeto, lord Koronor, ¿acaso no son maleantes y escoria? ¿Individuos, tan bajos que hasta el imperio del dios cadáver los ha rechazado y solo les queda la muerte?-

Koronox suspiró.

-si, son miserables, pero ellos no eligieron esa vida, el imperio les hizo elegir. La servidumbre o la muerte, y ellos eligieron la muerte, pero hasta eso les negaron, los llevaban a convertir en seres que seguirían obedeciendo, sin voluntad, sin que cuestionaran nada. No son tan diferentes de nosotros, y por eso no me gusta que los miremos como meras herramientas. El imperio necesita sus voluntades intactas, yo no. Ellos eligieron la muerte, y yo respetare su decisión.

El contable observaba la habitación bajo sus pies.

-llevan viviendo años de sufrimiento, y desde luego sufrirán cuando se transformen. Pero solo serán unos instantes.-

-¿y luego?-preguntó Koronor

-nada. Sus cuerpos serán nuestros soldados, pero no sentirán ni pensaran nada. No serán conscientes de su propia existencia.-

- que Bulgox empiece el proceso, avísame cuando todo termine-

-si, Lord Koronor-

El señor del contagio se retiro hacia el puente de mando, mientras oía que el contable, se comunicaba con la sala inferior.

La habitación en la que se encontraba Varnias era oscura y maloliente, en el centro de la misma, se alzaba un árbol enorme adornado con campanas, amenazante y monstruoso, parecía diferenciarse una boca en el centro del mismo. No estaba solo. Cientos, o tal vez miles de personas, con el uniforme de guardias o presos se levantaban conmocionados. Gritaban, arañaban las paredes y se volvían los unos contra los otros.

Un crujido de madera doblándose recorrió la habitación y todo el mundo miró al árbol. La boca estaba abriéndose y de su interior, uno de los corrompidos astartes salió , este era diferente al que había visto antes. Portaba una enorme campana, colgando de una de las ramas que perforaba su voluminoso cuerpo.

Una campanada.

La gente gritaba, se tapaba los oídos, se arañaba la cara con agonía. Varnias sintió que le estallaba la cabeza.

Dos campanadas.

Algunos se desmallaban, otros se abrieron la cabeza contra una pared , pero todos sin excepción suplicaban.

Tres campanadas.

Varios cuerpos sufrían mutaciones horrendas y muchos desmayados morían

A la cuarta campanada, el alma de Varnias, se rompió, y el, dejó de existir.

las semillas supurantesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora