El resto del día fue menos abrumador, Angust y yo nos divertimos, siempre lo hacíamos al salir de compras, quizá piensen que soy una chica solitaria y que mi mundo solo son las fiestas, las compras y Angust, si lo han pensado así han hecho un juicio equivocado. Está claro que me encantan las compras, las fiestas, disfruto plenamente de mi sexualidad, intento ser feliz, buscar mi identidad y no vivir como mi tía o mi propio padre. Sé que cuando muera mi abuelo tendré una gran responsabilidad en mis manos, por eso trato de disfrutar al máximo, aun así, intento estar preparada tanto profesionalmente como psicológicamente, no tengo amigas verdaderas, sí muchas compañeras de juerga o de estudios, las mujeres por algún motivo me ven como amenaza, excepto mi prima Lisa, un ángel, ingenua, amorosa y tierna, capaz de amar sin pensar si es correspondida.
A Angust lo conocí hace muchos años, tenía dieciséis años y él diecisiete, era becario en una firma de diseño, y cuando me vio dijo que yo era todo lo que ella deseaba ser; me sorprendió, a mis dieciséis años sabía que muchas chicas de mi edad deseaban ser como yo, pero no lo admitían sino que lo transmitían con envidia o falsa hipocresía, mientras que Angust lo dijo con admiración, desde ese día le pedí a los diseñadores que fuera él quien me tomara las medidas y, poco a poco, surgió nuestra amistad.
Al cumplir los dieciocho, pude contratarlo formalmente, mi abuelo cedió una parte de las acciones de la empresa para que empezara a independizarme, ambos fuimos a la universidad europea de Madrid, yo estudié Empresa y tecnologías y Angust diseño y marketing.
Nos íbamos a enfrentar juntas de nuevo en un campus de estudio, pero esta vez fuera de España, el máster era lo último que deseaba sacar, pero sabía que si algún día manejaba las empresas del abuelo necesitaba de un máster.
Habíamos elegido la universidad de Oxford. Angust soñaba con volver a su país y yo a cambiar de ambiente, empezar en un lugar donde nadie me conociera.
Los últimos días habían sido de trabajo y emoción para ambos, a un mes de mudarnos, teníamos donde vivir, chófer, coches, y Angust tendría siempre su trabajo, ganaba lo suficiente para pagarse él su universidad, había insistido en pagarla yo, pero no quería abusar de la amistad que teníamos.
—Así que tendrás un hermano —dijo Angust cuando hacíamos el trayecto de regreso a casa.
—O hermana.
—La herencia de tu padre ahora no es todo tuya, ¿es eso lo que te molesta?
—No, sabes que no, el dinero para mí es lo de menos, es el hecho de que tendrá un hijo de verdad, una familia de verdad, lo a mí no quiso darme.
—Eva, entiendo que sientas eso, pero tu padre merece ser feliz, ya ha sufrido suficiente, te ha demostrado que te ama.
—Lo sé, ni tan siquiera es mi padre legalmente, es mi hermano, en el libro familiar soy hija de mi abuelo.
—Estoy segura de que tu padre está sufriendo al saber que te lastiman sus acciones.
—Seguro que sí, pero Alicia es una mujer astuta, sabrá qué decir para que su sufrimiento se aminore.
—¿Cuándo vas a llamarlos?
—Cuando regrese de mi viaje, ambos tendremos las ideas claras y sabremos qué decirnos, solo espero que Alicia sea la persona adecuada para él.
Nos bajamos frente a la puerta principal, le di indicaciones por tercera vez para que mandara el itinerario a Leonard, ambos nos veríamos en jet privado de la empresa de mi abuelo, volaríamos juntos sin que nadie nos viera.
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Eva no mordió la manzana
RomanceUna propuesta que va entre la ironía la Eva de los pasajes bíblicos y la protagonista con el mismo nombre que pretende vivir sin ataduras y sin pensar dos veces en las consecuencias es lo que marca la nueva historia de Elia Santos: Eva no mordió la...