8 ~ yang jeongin ~

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— ¡Leah! ¡¿Qué se supone que haga?! —el mayor caminaba de una punta de mi habitación a la otra; comenzaba a creer que iba a desgastar el suelo a este paso— No vuelvo a beber nunca más en mi vida— era probablemente la quinta vez que aquel murmullo salía de su boca, aunque ambos supieramos que no hablaba enserio lo decía con seriedad.

— Primero, estate quieto que me mareas —enumeré con un dedo aún sentada en la cama. Rodé mis ojos cuando el castaño bufó— Segundo, ya te dije todas las ideas que se me ocurrieron, ¡Decidete por una y ya! —exclamé con cansacio, reclinandome en la pared detrás mía.

— No estas siendo de ayuda —Minho me señaló con su dedo y una expresión enfurruñada. Volví a rodar mis ojos desviando la mirada cuando volvió a quejarse, lanzandose al suelo— Bien, ya decidí que voy a hacer —asintió convencido mirando el techo.

— ¡Iluminame! —pedí recostandome de espaldas en la cama, igualando la posición del castaño pero sobre el colchón.

— Voy a mudarme a tu habitación y voy a salir solamente por las noches —una queja en forma de gemido abandonó mi boca cuando Minho empezó a desvariar nuevamente— Y por si acaso voy a hacerme cirugía estética así si me lo cruzo, no me reconoce —terminó asintiendo, completamente de acuerdo consigo mismo. Giró su cabeza y me miró; ahora estaba asomada por el colchón con el único objetivo de poder volver a rodarle los ojos a Minho— ¡Tus ideas no eran mucho mejores que las mías! Te quejas por quejar.

— Me quejo porque estas haciendo un drama por una estupidez —me senté nuevamente y lo miré frunciendo el ceño— Le enviaste un mensaje ebrio a Hannie, ¡Lo hecho, hecho está! —abrí mis brazos acompañando el gesto de hartazgo de mi rostro— Ya sabe que estás enamorado de el, ¿Qué sentido tiene que lo sigas negando?

— No lo digas así, me haces sonar estupido —murmuró esto último, irguiendose y cruzando sus piernas frente a el— ¿Tu crees que me odie? —su pregunta, con tono casi roto, me partió el alma.

Si, estaba siendo un dolor en el trasero desde el minuto en que se había despertado y descubierto lo que habia hecho la noche anterior, pero seguía siendo mi mejor amigo. Diablos, comenzaba a arrepentirme de haberme comportado como una perra dos minutos atrás.

Maldito Minho y sus ojos de gatito mojado.

— Agh, Lee... —rapidamente me bajé de la cama y me senté en el suelo junto al castaño, que había bajado la mirada a su regazo y jugaba con sus dedos de forma nerviosa— Hannie no te odia, jamás podría hacerlo —murmuré acariciando el cabello de su nuca. Cuando suspiró de forma estrangulada, terminé de pasar mi brazo por sus hombros y tiré de él para poder abrazarlo correctamente— ¿Minho?

— Vió el mensaje y ni siquiera contestó, ¿Qué se supone que piense? —sorbió apoyando su cabeza en mi hombro. Acaricié su cabello en silencio mientras lo dejaba desahogarse sobre mí, esperando a que continuara— ¿Que voy a hacer? —murmuró al final, tan bajo que apenas fui capaz de oirlo sobre el sonido de su respiración agitada.

— Minnie, la única solución a esto es hablarlo con él —suspiré, porque sabía que no le iba a gustar la idea pero era lo correcto. Efectivamente, recibí un sonido de queja de vuelta mientras se apretaba más a mi cuerpo, escondiendo su cabeza en mi cuello como si quisiera desaparecer— Sabes que Han no sería capaz de odiarte jamás Lee; y tampoco está mal lo que sientes por él. ¿Lo sabes, cierto?

— ¿Tu no me dejarías, Leah, cierto? —su pregunta murmurada rompió un poco más mi corazón. Dejé de acariciar su cabello para poder ahora abrazarlo como él hacía conmigo.

— Jamás, Minho —negué en su pecho, con los ojos cristalizados cuando me dí cuenta de lo mucho que en realidad lo afectaba todo esto— Moriría antes de tenerte lejos mío —murmuré con una pequeña risa, que fue contagiada al castaño.

stray kids one shot's ✧︎ִֶָ ̽ Where stories live. Discover now