Llevábamos diez días de sexo desenfrenado, no podía dejar de hacerlo, era una droga, y no imaginaba mi mundo sin ella. Leonard se metía constantemente en terrenos peligroso, me hacía preguntas personales, y yo, aunque intentaba no contestarlas, no podía todo el tiempo, tenía miedo de enamorarme, tenía miedo de caer en sus redes, Lisa y Pablo me lo advirtieron; Leonard no era de fiar.
Estaba fuera de control, Angust me lo había advertido también y comprendí que todos tenían razón. Aproveché que Leonard fue a nadar al mar y yo desde mi móvil investigué todo sobre Leonard, su familia, su vida, sus conquistas y su mundo. Cuando vi la foto de sus padres el miedo me paralizó, su madre era regia, con una mirada dura, y su padre autoritario, su madre y hermanas vestían igual que Lisa y mi tía Leticia, un escalofrío me recorrió por completo. Era una vida tan aburrida y demandante, tenía que terminar el juego cuanto antes, estaba segura de que jamás la familia de Leonard me aceptaría, así que estaba fuera de peligro en cuanto a eso, pero me dolía de igual forma el rechazo.
Había comenzado a arder en el fuego y no me gustaba el ardor que provocaba.
«Leonard Philippe Ranulph Worsley», leí en voz alta el nombre completo de Leonard, hijo del conde de Fife.
Leonard era un lord, pero al morir su padre sería un conde, el título no lo heredaban las mujeres, eran las razones por las que no me gustaba ese mundo, igual que a mi abuelo, pero no estaba seguro, porque lo odiaba él.
Había llegado el momento de hacer una llamada, tenía la respuesta, pero tenía que salir de dudas.
—Lisa, espero no molestarte en tu luna de miel —dije confundida, me había arrepentido de llamarla.
—¡Eva! Que gusto que me llames, quería hacerlo yo, pero no quería molestarte.
—¿Querías hablar conmigo? —pregunté extrañada.
—Sí, verás, Eva, mi madre me ha estado llamando, como siempre, y me ha informado que estás de vacaciones con un amigo muy especial.
—¡Vaya! Y yo que pensé que me estaba tomando todo con precaución.
—Eva, no quiero entrometerme en tu vida, tú sabes que nunca te he juzgado, pero...
Un silencio interminable prosiguió a ese pero.
—Habla de una vez, Lisa, yo te he llamado para pedirte información, verás he estado con Leonard y creo que lo que siento que él es diferente, ¿me entiendes? No es amor, pero tenemos una gran atracción física y tengo miedo.
—Eva, su madre ha hablado con la mía, creo que de alguna manera quieren que tú te cases con Leonard.
—¿Qué? — grité sorprendida.
—Bueno, creo que se ha barajado la idea de que compres un título nobiliario, por medio del matrimonio, la familia de Leonard no anda bien económicamente, tienen dos castillos en Escocia en estado deplorable y necesitan que Leonard tenga una buena esposa.
—¿Leonard sabe todo esto?
—No lo sé, Eva, si quieres se lo pregunto a Pablo, sabes que no me dice mucho de sus amigos, pero te tiene cariño y podría ayudarte.
—Te lo agradecería, Lisa —dije con voz temblorosa.
—Te quiero, Eva.
Había imaginado todo tipo de escenario lamentable; un corazón roto, repudio por parte de su familia, ser un juguete más para Leonard, tal como quería que él lo fuera para mí, pero nunca me había imaginado esa situación.
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Eva no mordió la manzana
RomantikUna propuesta que va entre la ironía la Eva de los pasajes bíblicos y la protagonista con el mismo nombre que pretende vivir sin ataduras y sin pensar dos veces en las consecuencias es lo que marca la nueva historia de Elia Santos: Eva no mordió la...