DIECISIETE

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Me desperté sintiendo escozor en la espalda, tenía restos de arena en mi cabello, toque al lado y sentí el cuerpo de Leonard, me di la vuelta lentamente para no despertarlo, estaba tumbado al lado mío, completamente desnudo al igual que yo, habíamos hecho el amor casi toda la noche, pero no habíamos hablado de su propuesta. Tomé el móvil, eran las siete menos cuarto, en una hora llegaría el chófer para llevarme de regreso a casa, tenía que tomar una decisión, no podía marcharme sin darle una respuesta a Leonard, había sido detallista y me aceptaba tal como era, pero también tenía que arreglar las cosas con mi abuelo, hablar con él, contarle la propuesta de Leonard, su opinión era más importante que cualquier cosa.

Me levanté lentamente y me puse un vestido de algodón rosa, abrí lentamente un cajón y saqué unas bragas y me las puse, cogí mi bolso de mano, metí la billetera y caminé los dos kilómetros de distancia que había del chalet al hotel donde se hospedaba mi salvavidas. En la recepción pregunté por él, ni siquiera sabía su nombre, pero al pronunciar el mío ya todos sabían de quien se trataba.

—¿Necesita que baje?

—Dígale que tenemos que irnos.

En diez minutos, el hombre contratado por mi abuelo estaba en la recepción, mientras yo tomaba un café ofrecido por una de las recepcionistas.

—Señorita, ¿me necesita para algo?

—¿Cómo te llamas?

El escolta me quedó mirando sorprendido, quizá porque no acostumbraba a preguntar nombres cuando no eran personal de mi confianza.

—Me llamo Javier, señorita, Javier Cáliz.

—De acuerdo, Javier, necesito que me saques de aquí y me lleves a mi casa cuanto antes.

—Espere aquí, señorita, en diez minutos vengo por usted.

—Gracias —respondí. Me sentía insegura, pero cuanto antes hablara con mi abuelo, antes podría tenerle una respuesta a Leonard.

—Disculpe, ¿tiene un bolígrafo y papel?

La recepcionista me ofreció ambas cosas lo más rápido que pudo.

«Mi querido Leonard, me he ido a casa a hablar con mi abuelo, no puedo responderte algo tan serio, tu propuesta de anoche me ha dejado sin respuestas, no te enfades conmigo. He dado instrucciones para que te traigan de regreso. Cuando nos veamos, te tendré una respuesta.

Tuya,

Eva».

—¿Podría entregarle esta nota al señor Leonard cuando despierte?

—Claro señorita, estaremos pendientes.

Javier apareció y me llevo con él, y en pocos minutos estábamos en el aire de vuelta a mi hogar. Cada vez que regresaba a él me sentía libre, ahora sentía que iba a una cárcel a cumplir con una condena.

Angust me esperaba en el aeropuerto, y, como tantas veces, me metió en la limusina, me peinó, me proporcionó ropa y algo de comer.

—Esto tiene que parar, Angust, no puedo andar por la vida así.

—Estás enamorada, lo sé, no tienes esa alegría de picardía en tus ojos, esa mirada de niña mala, tienes la mirada de un alma en el purgatorio, cariño.

—No debí haber ido Angust —dije llorando. Él me abrazó de inmediato.

—Creo que has hecho bien, Eva, algo bueno sacarás de todo esto, ya verás.

Eva no mordió la manzanaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora