Alfa me volteó a ver de reojo y pude ver en su mirada los pensamientos que seguramente le estaban pasando por la cabeza. Pude ver que se estaba debatiendo entre salir de la habitación y dejarme desprotegido o mantenerse ahí con el riesgo de llevar una batalla justo dónde yo me encontraba. No parecía muy inclinado por ninguna de las dos opciones, aunque mientras más tiempo dejaba pasar más significaba decantarse por la segunda opción. Se oyeron gruñidos provenientes del interior de la casa, así como objetos que caían. Probablemente Franco y Melissa ya se encontraban peleando contra los licántropos enemigos.
Pensé que Alfa terminaría por ir a ayudar a sus amigos. Probablemente él también lo pensó, pues comenzó a dar pasos en dirección a la puerta antes de que una mole de color gris entrara por la ventana.
La indecisión desapareció completamente de la actitud del licántropo que me acompañaba. Tomó una posición defensiva frente al otro hombre lobo que de repente se puso de pie. Fue obvio que Leopoldo no esperaba encontrarse a Alfa en aquel lugar. Quizás la pelea que estaban provocando los otros hubiera sido precisamente con el objetivo de atraer a todo el mundo dentro de la casa y que él se pudiera colar fácilmente por detrás.
Bien, pues el plan no le había funcionado. Mientras el hombre lobo enemigo solo abría grandemente sus ojos con sorpresa, Alfa aprovechó para soltarle un revés que lo hizo dar una vuelta, tras lo cual lo agarró del lomo y lo aventó con fuerza por el mismo lugar por el que había entrado.
—Ven conmigo —dijo Alfa, quien después de ello extendiendo su mano (¿o era pata?) hacia mí.
Tomé con confianza su extremidad, tras lo cual él me guió hacia la puerta del cuarto. Al abrirla el sonido de la batalla que debía mantener Franco con los otros licántropos sonaba más fuerte. Al parecer provenía de la sala de estar, por lo que comenzamos a recorrer el pasillo que nos separaba de ella. Cuando estábamos a punto de llegar, Alfa me jaló hacia él para poderme susurrar en el oído:
—Quédate a resguardo detrás de la pared. No les será fácil detectarte incluso si llegan a pasarme.
Tras esas palabras me soltó y salió de lleno a la sala de estar. Solo me tocó oír su gruñido cuando obviamente se lanzó en contra de los enemigos.
Si Melissa se encontraba ahí con la espada lunar, eso significaría que había una batalla de tres contra tres. Siendo así las cosas, probablemente Sam no tenía muchas oportunidades de imponerse. Confíaba en que mis amigos los reducirían rápidamente.
—¡Melissa! —escuché el grito enfadado de Franco.
Aunque quizás me equivocaba.
—Denme al chico y ella quedará libre —amenazó la profunda voz de Sam.
—¡Suéltala! —exclamó Franco a medio camino entre una amenaza y un gruñido.
—Acércate más y le destrozaré el cuello —expresó con decisión el licántropo de color negro. Supuse que debía tener a Melissa entre sus brazos con la mandíbula dirigida hacia su cuello—. No tendrás tiempo de salvarla.
—¿Para qué quieres a Giraud? —preguntó Alfa con voz sutil pero que sonaba incluso más amenazante que los gritos de Franco—. Él nunca se unirá a ti, Sam.
—Tal vez mi objetivo ya no sea volverlo un hombre lobo —contestó en un tono un tanto irónico el aludido.
Aquella expresión no hizo más que confundirme, y estaba bastante seguro que lo mismo sería para Alfa y Franco. No pude evitarlo, tuve que asomarme. Intenté hacerlo de forma furtiva, pero supongo que en realidad no había modo de esconderse cuando me asomé por la esquina del pasillo.
—¡Ahí está! —exclamó Tiziano señalándome con su garra cubierta de pelaje castaño.
Desde mi posición Franco y Marco estaban a medio camino entre los demás licántropos y yo. Sin embargo, en el momento en que me divisaron, los tres hombres lobo de la manada de Sam se echaron a correr hacia mí, no sin que el líder aventara antes a Melissa por la ventana de la sala.
—¡Melissa! —volvió a gritar Franco con desesperación.
Aquella fue una maniobra de distracción. Alfa también lo comprendió, pues en lugar de lanzarse para intentar interceptar a alguno de los licántropos que se lanzaban reculó hacia dónde yo me encontraba, de forma que él tuviera más cerradas y al alcance las vías que podían tomar los otros tres para llegar a mí. No obstante, mientras veía a Franco correr hacia la ventana donde habían arrojado a Melissa, comprendí que Alfa no tendría oportunidad de protegerme al cien. Así que cuando los licántropos chocaron finalmente y Alfa tomó a Sam y a Tiziano intentando empujarlos de regreso, aproveché para evitar a Paolo y lanzarme en medio de la sala.
Ninguno de ellos se esperaba aquello. Yo mismo no estaba seguro del por qué había realizado un movimiento tan arriesgado, pues de repente Alfa ya no podía protegerme tan fácilmente. No obstante, incluso en esas circunstancias aprovechó para tomar a Tiziano y aventarlo hacia Paolo, de forma que el golpe resultara contundente y al final ambos terminaran en el pasillo donde originalmente me había escondido. Ahora solo quedaba pendiente Sam, quien se volteó rápidamente con expresión triunfal hacia mí. Sin embargo, aquella expresión cambió cuando alguien lo atacó al cuello por la espalda.
El grito que dio el licántropo me dio más la impresión de ser un grito de guerra que uno de dolor. Se volteó nuevamente con presteza hacia Alfa, y en solo un segundo ya estaba sosteniéndolo con los brazos mientras parecía querer aplastarlo igual que una boa. El grito que soltó a continuación Alfa sí fue uno de dolor.
Comencé a ponerme de pie. Nuevamente, al igual que el mes anterior, no estaba pensando. Solo sentía la imperiosa necesidad en mi interior de hacer algo que ayudara al licántropo rojizo. Mientras me incorporaba, mi mano chocó contra un objeto cilíndrico. Se trataba del mango de una espada plateada. Quizás sería más difícil de manejar que un cuchillo, pero era lo que había a la mano.
Mientras me incorporaba algo tronó en medio de los dos licántropos parados frente a mí. El grito de Alfa se volvió ahogado, lo cual disparó mis alarmas. Ni siquiera me detuve a pensar cómo debía blandir la espada, solo decidí encajarla en la espalda de Sam en un ángulo que evitara llegar hasta Alfa, apoyándome en el sofá para poder alcanzar la espalda alta del licántropo negro. Justo cuando estaba descargando el golpe se me pasó por la cabeza la idea de que aquello aumentaba las posibilidades de que chocara contra algún hueso, pero ya era tarde. Si aquello sucedía esperaba al menos causarle el daño suficiente para que soltara a Alfa.
No obstante, de una forma extraña la espada entró sin problemas dentro del cuerpo de Sam. Fue como si estuviera cortando mantequilla, pues no tuve ninguna dificultad en introducir la espada en el interior del hombre lobo negro. Este no gritó, pero pude notar que su cuerpo perdía fuerza y soltaba a Alfa del otro lado. Sentí el impulso de correr hacia Alfa, pero primero necesitaba encargarme de Sam. Salté del sofá dónde me había subido, y para mi sorpresa la espada me siguió hacia abajo deslizándose como si lo estuviera haciendo a través de una fruta madura.
Esperaba que aquello hiciera reaccionar a Sam, que el licántropo intentara alejarse y huir de las heridas, pero nada de eso ocurría. Tardé un momento en darme cuenta de que lo único que mantenía el cuerpo del hombre lobo en pie era el hecho de que yo lo sostenía con la espada.
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Moon Revenge
WerewolfHace 10 años Giraud conoció a un hombre al que no puede olvidar. Ahora, en un intento por olvidarse de él y encontrar un sentido de vida del que ha carecido desde que tiene consciencia, él ha partido en un viaje hacia los bosques de la corona del su...